Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 6 de noviembre de 2012

Marcos Ana





El martes 30 de octubre asistí en la biblioteca Marqués de Valdecilla de Madrid a un homenaje al poeta comunista Marcos Ana en el que se proyectó el documental “Marcos con M de Memoria”, de Javi Larrauri.

Marcos (el nombre de su padre) Ana (el nombre de su madre) tiene 92 años y “parece un niño”. Parece un niño, por su enorme y constante curiosidad (“me pasé muchos días, entusiasmado y aprendiendo, hasta las dos de la mañana con los jóvenes del 15M en la Puerta del Sol), por la trasparencia y bondad de su mirada (Ni tan siquiera cuando habla de los peores momentos pasados en las celdas de tortura se le nota el más mínimo odio o rencor), parece un niño porque “lo pregunta todo”, según relató el Rector de la UCM, el hijo de Carrillo, presente en el acto y que lo conoce desde hace cincuenta años. Parece un niño porque dice exactamente lo que piensa y punto.

Dice Marcos Ana que le incomodan los homenajes, que por supuesto los agradece, pero que no le gusta que le rindan honores a él, a Marcos Ana, porque al fin y al cabo, dice, yo solo soy uno más de los que lucharon por la libertad contra los que atacaron la libertad; uno más de los que sufrieron la cárcel, la tortura y el exilio, y además, dice, uno de los pocos  privilegiados que me libré de “la Pepa”, la pena de muerte, que salí de la prisión, y que pude contarlo fuera de la España franquista.

El “privilegiado” Marcos Ana, pasó en las cárceles franquistas 23 años, fue torturado 42 días seguidos, tuvo dos condenas a muerte y pasó dos años “en capilla” esperando que el guardia pronunciara su nombre y despidiendo, cada noche, menos los sábados que debido a la misa del domingo no se fusilaba, a cientos de compañeros que caían acribillados a balazos en el paredón. Ni relatando estas atrocidades es posible escucharle a Marcos Ana una palabra inadecuada o más alta que otra. Si acaso se le humedecen los ojos y deja traslucir cierta  crispación, casi imperceptible, en los labios. Pero él sabe que su labor consiste en “contar” lo que ocurrió, en narrarlo todo, en no hurtar dato o detalle, en nombrarlo todo y en no abusar de los adjetivos, en mostrar los acontecimientos tal y como sus ojos los vieron, su piel los sintió y su memoria los guarda. Y una vez “todo” sobre la mesa, dejar que cada uno, indiferentes incluidos, se “retrate”.
Cuenta Marcos Ana que, en la celda especial desde la que los presos eran llevados  hacia el paredón de fusilamiento, se habían hecho algunas discretas incisiones en la pared, para que los que en las siguientes horas iban a ser fusilados pudiesen introducir en ellas sus pequeñas notas de despedida  dirigidas a sus familiares y amigos. Él se presentaba voluntario para limpiar la celda y hacía de correo.


Al salir de la cárcel la policía franquista le seguía los pasos. El “Partido” le comunicó que sería sacado clandestinamente de España y que, mientras tanto, no cometiese ninguna imprudencia.  “Durante un tiempo hice vida de tonto, pasear, mirar escaparates, ir al cine…” Había entrado en prisión con diecinueve años y salía con cuarenta y dos. Casi no recordaba cómo era un árbol y no conocía mujer… hoy tiene 92 años y dice que sigue teniendo muchos proyectos y que sigue enamorándose… acaba de estar en Palestina y en el Sahara… es presidente de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales… no para de dar charlas por los institutos y las universidades y dice con toda claridad que “la Transición no movió ni una sola hoja, no cambió nada de las instituciones del Estado heredadas del franquismo… y por eso pasa lo que pasa…” –al lado mismo del hijo de Carrillo, el Rector de la Complutense-.

Hay quien dice que es porque no se llama Mandela, y quien apunta que es porque no es negro, y quien afirma, un servidor, que todo se debe a que fue y sigue siendo comunista, revolucionario e insobornable… y por lo tanto que el Príncipe de Asturias de Humanidades se lo pueden meter por donde les… (no sigo vaya a ser que el camarada Marcos me llame la atención).


ELOTRO


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