lunes, 22 de octubre de 2012

Nada; cosas mías…








El veneno dulce envuelto por una capa de chocolate amargo.


Si todo está en orden es que nada marcha ni bien ni mal ni regular que no marcha ni se marcha.
Todo era igual que antes ése antes que ya era igual que aquél antes que a su vez había sido igual que… tanta igualdad escama… qué eslabonamiento más cansino… cada vez más cansino… cada vez más igual.
En medio del desierto de Sonora… o era el de Mojave… he oído con odio más de una vez… era el de Sonora… seguro… es de cajón… cómo una gota tras otra de agua caían de un grifo en silencio.
Oí mi mirada jadeante dejé de respirar por fin recobré mi habitual sinsentido cada segundo temblaba hacia delante… literalmente de novela de miedo llevada al cine… el segundero… aparentemente todo estaba aparente en desorden pero me resultaba casi imposible hacer el pino asentar la cabeza y pisar tierra firme… se vislumbraba que aquello no era un simple juego… el otrora valiente grifo dejó de gotear alegando en su defensa  no sé qué luz mortecina que le deslumbraba o que ya era demasiado tarde o que el pasillo resultaba excesivamente largo y anticuado… y otras absurdas ocurrencias que no figuran aquí por risibles o verosímiles o descabelladas… por otro lado las malas lenguas callan no sin esfuerzo pero callan que según todas las fuentes más o menos secas de la comarca  todos los males del caprichoso goteador provienen de la ancestral y no por ello menos mezquina tacañería de las cañerías que a su vez se justifican y escudan en la escasez de mimos que reciben por parte del inconstante y malicioso regulador que éste sí que no da puntada sin hilo pretende hacer comulgar con ruedas de molino de agua a toda la seca y sedienta feligresía sacando a pasear la sequía… sí señores de orden… la sequía… como polivalente coartada para que todo marche y nada fluya.



ELOTRO


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