viernes, 19 de octubre de 2012

Apuntaciones sueltas





“Lo que embellece al desierto es que, en alguna parte,
esconde un pozo de… ¡petróleo!”

Antoine de Saint-Exupery, levemente manipulado.



Hubo un tiempo en el que lo que una foto callaba era la verdad, ¡Visible!

La literatura distópica resulta más interesante –sin exagerar- cuando se desconoce su fecha de intencionalidad. (Y la del Editor)

Mis relaciones conflictivas se limitan a ciertos “sujetos” que se suelen encontrar, y al parecer la mar de conformes y contentos ellos, bajo la estricta obediencia  a ciertos “objetos”.

No afirmo que sea imposible, pero no es fácil solucionar un conflicto inexistente. (Mucho ojo, digo invisible, no inexistente.)

En las reglas ordinarias de funcionamiento suelen gestarse las programadas averías extraordinarias.

Hacer invisible lo visible viene a resultar prácticamente lo mismo que hacer visible lo invisible. En el fondo son solo ganas de aturullar la percepción del  personal que, chapoteando en ese imaginario charco, vegeta tan dichoso en su cómoda invidencia.

La extrema transparencia de la que merecidamente presumen nuestros abnegados gobernantes es igual de cegadora que la extrema luminosidad que ilumina todos sus actos de pillaje. Pero la sucia e irreductible –hasta ahora- corrupción parece que sigue ahí, no se ve, no se puede ver, no hay quién la vea; pero hiede, la cabrona.
(Nota: Me informan para que les informe de que los técnicos  del Ministerio de la Verdad y la Propaganda, los mismitos que consiguieron decantar la “apariencia limpia y transparente” de la convenida podredumbre y corrupción imperante -y que antes ya “elaboraron” la luz que impide ver-  están, como no podía ser menos tratándose de siervos con alto nivel de privilegios sexuales y muy bien retribuidos monetariamente, en ello. Pi, piii, piiiiiiiii…..)

ELOTRO


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