Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 7 de octubre de 2012

Aki Kaurismäki / “El Havre”







Pensar es reaccionar contra lo intolerable.
Gilles Deleuze

 

 

El Havre es una ciudad con puerto, desde el siglo XVI,  del noroeste francés, Normandía, en el estuario del río Sena, frente al Canal de la Mancha.

“El Havre” es una película, rodada en la ciudad portuaria del mismo nombre,  por el cineasta finlandés  Aki Kaurismäki. Es la segunda película que veo de este director, la primera se titula  “El hombre sin pasado” y también transcurre en un puerto, le deben de fascinar, éste en Finlandia. Lo subrayo porque, además de la actriz principal, en las dos pelis aparecen con cierto protagonismo los contenedores de mercancías almacenados o abandonados en las explanadas de carga de los puertos. No como paisaje de fondo sino como espacios que “contienen” vida. Sea la vida de los inmigrantes “sin papeles” o el refugio de los llamados “sin hogar” o sus vigilantes o trabajadores.

En “El Havre”, en la peli, un numeroso grupo de inmigrantes africanos clandestinos son descubiertos dentro de un gran contenedor que se había “traspapelado”. El llanto de un bebé los delata ante el guarda que hacía la ronda. 




Recuerdo la única vez que estuve en Roterdam. En el trayecto en coche, desde la autopista, frente al inmenso puerto, pude observar una imagen impactante, sobrecogedora, aquello parecía una enorme ciudad de lata, un impresionante enjambre de cajas metálicas, multicolores, señalizadas con vistosos logotipos y grandes números, apiladas en diferentes alturas, y “pastoreada” por colosales grúas móviles, con apariencia de gigantescos pajarracos, trasteando sin descanso como en un descomunal nido.
Recuerdo que en la serie “The Wire”, rodada en otra ciudad portuaria, Baltimore (USA), se hacía referencia al puerto de Roterdam como modelo de “funcionamiento eficaz”. Y en los capítulos dedicados al “puerto” también se “traspapelaba” un contenedor y también aparecían en su interior inmigrantes ilegales. En este caso se trataba de mujeres rusas introducidas ilegalmente en el país para ser obligadas por las mafias a prostituirse en los garitos que los mafiosos poseían en las ciudades americanas. Un pequeño accidente las dejó sin entrada de aire y al abrir el gran contenedor aparecieron muertas. Los contenedores, contienen vida o muerte, son un refugio o un ataúd.

Aki Kaurismäki es el director y el guionista de “El Havre”. Sus historias, sus personajes y sus diálogos me llevan a pensar, (casi me empujan) en otros artistas que, salvando ciertas distancias, comparten mirada (y, más o menos, intenciones). 





Por ejemplo en el noruego Kjell Askildsen y su estilo, tan frío y minimalista como “poético”, de “aprehender” la “horrorosa” realidad, esa que no vemos a pesar de tenerlas delante de nuestras narices, en sus relatos cortos.
Por ejemplo el italiano Erri De Luca, con su prosa austera, enfocada siempre a lo esencial, lo preciso, evitando el artificio, el adorno, la máscara de maquillaje y no olvidando nunca entre otros puntos  de vista, el de la conciencia de clase.
Por ejemplo, en el planteamiento plástico y en el refinadísimo humor que trasciende en algunas escenas y diálogos, es posible adivinar las referencias al gran Jacques Tati. Y, la lista de sus fuentes o referentes, a mi modo de ver, podría ser muy amplia…
“El Havre” es una mirada “optimista”, pero desde una posición infrecuente, sobre una realidad tan dura y tan espantosa como “real”. Es una película limpia y trasparente sobre una realidad sucia y “barrida” bajo la gruesa alfombra del “Estado del Bienestar”, en este caso francés.
“El Havre” es también una suerte de cuento mágico, con su carga explosiva bien estibada bajo su  seductora forma y contenido, (con milagro incluido, posible homenaje a Dreyer) pero sin rastro de sermón sensiblero. Es un canto a la solidaridad incondicional y desinteresada con el perseguido, con el marginado, con el don nadie, con el sin nombre, con el sin papeles, con el que no te podrá devolver el favor… frente a la ley y el orden establecidos, a la policía, a los delatores y colaboracionistas del Estado (de las cosas).







No parece que Aki Kaurismäki presuma, se aprecia claramente en su obra, de tener 
“las respuestas”, pero bien podría presumir del tipo de preguntas que nos plantea y sobre todo, desde que lugar nos las plantea,  y de la cautivadora forma en que lo plasma en su sencillo y elaboradísimo cine. No deja de sorprenderme que en 2012  alguien pueda llevar adelante un cine con estos arriesgados planteamientos y estas formas tan, aún bebiendo de los grandes maestros del cine, experimentales y tan a contramano, de los “Best Sellers” cinematográficos.
Aki Kaurismäki hace un cine que importa,  muy necesario, de una belleza extraordinaria (ese color, esa luz, esa fotografía, esa música), transgresora (esos encuadres o descuadres, esos movimientos "lentísimos" de cámara, ese montaje "seco y preciso", apretando las secuencias, sin transiciones  de relleno),  muy “ofensivo”, en su sustancia,  para la gente “bienpensante” y muy instructivo para los “inconscientes”, y diría que imprescindible para sus “desorientados” contemporáneos. No para los que prefieren “evadirse” con un cine inofensivo, “que no haga pensar”, claro, vaya a ser que les de una embolia cerebral, por la falta de costumbre, digo, a las criaturitas.


ELOTRO


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