Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La raya que me raya






“Lo nuevo es lo actual. Lo actual no es lo que somos sino más bien, aquello en que nos convertimos, aquello en que nos estamos convirtiendo, es decir, el Otro, nuestro devenir-otro.”
Gilles Deleuze

“Lo nuevo es lo actual. Lo actual no es lo “sucio” que fuimos sino más bien, aquello en que nos convertimos, aquello en que nos estamos convirtiendo, es decir, lo “limpio” que aparecemos, nuestro devenir-limpio y externo.”
Gilles Deleuze, levemente manipulado por ELOTRO


De vez en cuando me pongo a cavilar sobre algún asunto que, sin saber cómo ni por qué, aparece, se instala, arraiga y se adueña de mis pensamientos. A ustedes, ¿no les pasa? Ahora me ha dado con el temita de los  “asuntos internos”. Sabrán que el cine y las series de televisión, más que la prensa, se ocupan en muchas ocasiones de un departamento así llamado: “Asuntos internos”, casi siempre en el seno de la Policía, aunque parece que existe y actúa frecuentemente en otras instituciones: militares, judiciales, religiosas… que nos vigilan, nos controlan, nos cuidan, nos tutelan, nos ponen deberes, nos dan coscorrones, nos sermonean, nos mandan callar, nos castigan y, en definitiva, nos gobiernan. Parece ser que el tal departamento tiene la función de “lavar, escamondar, coser y planchar” los trapos sucios “internos”. Ya saben, restos de: orina rancia, sangre, caquita, flujo vaginal, pensamientos pecaminosos y subversivos, manchas resecas de semen, mocos petrificados o carmín… o el tizne delator del dinero negro en el “guante blanco”. Y supongo que lo llevarán a cabo “en casa”, siguiendo la expresión popular. 





Los trapos “externos” de estas beneméritas instituciones , por el contrario, deben de estar todos muy limpitos si nos atenemos a la realmente existente (digo visible para los súbditos) estructura policial, ya que un tal departamento de “Asuntos externos” sencillamente no aparece por ningún lado, no existe, no se declara, no figura  en el organigrama. ¿Se tratará, su manifiesta inexistencia, de un asunto interno y por tanto “invisible”, o sea inexistente, para los de fuera? ¿O es que “se trata” del “resto” de la institución?
También podríamos suponer que los altos mandos (más, más altos: los de la cúspide) lo consideran innecesario, inútil o inadecuado. Y así debe de ser conociendo la afición y el cariño que le tienen a la creación indiscriminada de aparatos (muros, fosos, laberintos) burocráticos. Hay periodos en que todo consiste en “engordar” el aparato del Estado. Y épocas en que, los mismos vitalicios burócratas, defienden un drástico adelgazamiento, recorte, del mismo. Cosas del sistema capitalista y sus crisis sistémicas… 







Por muy peregrino e inane que pueda ser el asunto de mis cavilaciones siempre procuro, para estirar, o plegar, el tiempo del pasatiempo, complicarlo un poquito: enmarañarlo, hacerlo más complejo, oscurecerlo; semejante a lo que hacía, aunque por motivos algo distintos, aquel despreciable plumilla franquista con sus columnas periodísticas, tras ponderar el nivel de legibilidad con su “inculta fregona” (¿Debemos colegir que  el hijoputa no pudo conocer a sus progenitores o, si los conocía, estos  no sabían leer?).
También elucubro sobre variantes como la línea que, policial y judicialmente, divide o separa los asuntos que se podrían archivar como internos o, en su caso, (también podrían ser asuntos de naturaleza dual o fronteriza, pero no quiero embrollar y eternizar demasiado las cosas) externos.
Me acuerdo de Sócrates y me pregunto, a mí mismo porque no tengo, ¡ay!, a nadie cerca, ¿Un “trapo sucio” se basa en el conocimiento o en la creencia? Quiero decir, en el “conocimiento” objetivo de que “es” sucio o en la “creencia”,  mayoritariamente aceptada por la audiencia, de que lo está. Parece un asunto baladí, y lo es. Y lo es precisamente porque no he conocido audiencia capaz de distinguir aquello que  sabe de aquello que cree y al revés. Incluidos sus componentes sabihondos o legos y los creyentes o ateos.









Y me pregunto, otra vez y otra, ¿Quién determina (sujeto, sujetos o instancia) lo que es “interno” y lo que es “externo”? No me preocupa el binomio endógeno/exógeno sino el más determinante: sucio/limpio. Pensemos simplemente que la etiqueta externo/limpio convierte (al sujeto u objeto) en un trapo ejemplar, por encima de toda sospecha; mientras que su contrario, la marca interno/sucio los cubre de ignominia y los condena, en el mejor de los casos, al tormento del agua hirviendo en los sótanos de “la inquisitorial lavandería”.
Y me pregunto, ¿Se producen vaivenes, mutaciones, de trapo sucio a trapo limpio, y viceversa? Y, una vez “limpio” el trapo sucio interno, tras su  feliz reincorporación a su puesto, (se entiende que limpio y externo aunque con cicatrices) ¿Conserva en su curriculum los antecedentes internos y sucios? Por ejemplo: Tomemos una institución como la Santa Iglesia Católica y a un obispo de vocación inmoderadamente pederasta (Claro está que todo sucedió en unas décadas de debilidad que supo aprovechar el pérfido oportunista Satanás). No perdamos el hilo: si el infame, (una vez descubierto y masivamente demandado en los tribunales civiles) ha confesado sus pecados y ha sido inmediatamente perdonado por su colega confesor, otro obispo o arcipreste o el mismísimo Papa (o sea, alguien con poderes en el departamento de asuntos internos), ¿queda entonces en situación de volver al escenario del crimen en su mismo puesto de mando y con los mismos poderes extra terrenales y las mismas prerrogativas celestiales o, es por el contrario enviado a impartir “cursos prácticos orientativos” en campos infantiles de reeducación sexual interactiva? 






Y me pregunto, siguiendo con las juguetonas dualidades, ¿Qué es interior o exterior y verdadero o falso en el dúo: Batallón Vasco Español/ GAL? ¿Y en la parejita de hecho PP/PSOE? ¿Es un trapo “fronterizo” (ahora interno ahora externo) un General que ha combatido, como y desde donde le salía de los cojones, el terrorismo sucio con el terrorismo limpio, bajo el mando de gobiernos de derecha y de izquierda (Bono dixit)? Y, por motivos similares (propagandísticamente hablando), ¿Son  trapos “fronterizos”: Savater, Vestrynge, Moa, Azúa, Boadella, Trapiello, García Montero, Vargas Llosa, Cercas, Leguina, Muñoz Molina…?
En el “territorio limpio”, exterior, así lo veo, ya no parece contar  lo verdadero o lo falso, sino únicamente lo que aparece enfocado, “iluminado” como producto “relevante” (que ocurre dentro y  llega, porque así interesa, a saberse fuera), de máxima audiencia, en todas las redes sociales, (¿O son jaulas?). En las redes en que cae la audiencia (que, ¡A mí no me la dan!, cree que sabe de anzuelos).

Y en esas… me pongo a cavilar sobre algún asunto que, sin saber cómo ni por qué, aparece, se instala, arraiga y se adueña de mis pensamientos.


ELOTRO


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