Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 13 de septiembre de 2012

John Fante (1909 – 1983)






John Fante es uno más de esos numerosos escritores que solo reciben el reconocimiento después de su muerte. Por mi parte, y tras la recomendación de un amigo, acabo de leer un par de obras suyas: “La hermandad de la uva” (Leo que Francis Ford Coppola se enamoró de esta novela y quiso llevarla al cine. Por desgracia, el fracaso financiero de Apocalipse Now hizo inviable el proyecto de ver una “novela” de Fante adaptada al cine.) y “Llenos de vida”. Me las he bebido. Me parece que Fante es un extraordinario novelista. Su prosa es concisa, limpia, sobria, directa, precisa, irónica y corrosiva. La antítesis del escritor propagandista del “sueño americano”, no me extraña que no fuese líder en popularidad y ventas. Mézclese con la vida y los recuerdos de un hijo de humildes emigrantes italianos en los USA, agítese y el resultado es la “poética Fante”. Etiquetada por los críticos, a toro pasado, como pionera del “realismo sucio” (¡Realismo Sucio!, ¿qué se piensan? Que la realidad es una gasita blanca, suave y esterilizada?). Se ve que la tanda de elogios que Bukowski dedicó a Fante ayudó a esos genios con la etiquetadora.
Por lo que a mí respecta “Llenos de vida” me ha recordado en cierta forma al gran Richard Yates y su Revolutionary Road: parecidos “sueños”, parecidas “decepciones”, parecidas “integraciones”. Sin embargo, parece ser, el componente autobiográfico en sus novelas es muy importante, que fue la lectura de la obra de Dostoievski la que le impactó de tal manera que le empujó a la literatura.
Opinaba que  Sabía más de padres e hijos que ningún hombre en el mundo, y de hermanos, de curas, de delincuentes, de la culpa y la inocencia. Dostoievski me transformó.” Y en cada una de sus obras nos habla machaconamente, a través de su álter ego, de su padre, el albañil, de su madre y su catolicismo “a la italiana”, de sus variopintos hermanos y cuñadas y de sus encuentros y desencuentros, de sus sueños, rotos, de juventud, de sus fracasos, innumerables, y de sus claudicaciones y de su miedo a la miseria primigenia y, finalmente, de su irremisible acatamiento de la “vida a la americana”.





En vista de que la literatura no le daba para comer, Fante se pasó veinte años trabajando de guionista en Hollywood: Al dedicar un libro suyo a una amiga, en 1944, escribió en las guardas: “De esta puta de Hollywood, de este artista vendido (…) de este lameculos de la Paramount al que pagan por las perfumadas vomitonas que susurra Dorothy Lamour…”
Es lo que tiene la “vida a la americana”, uno puede hacerse rico escribiendo “perfumadas vomitonas” para mayor gloria de la estrella de turno, pero se muere de hambre “desvelando” la trastienda, las sórdidas tripas del “sueño americano”. Este asunto del escritor que tiene que humillarse, venderse y traicionarse, por la pasta, ante los “estudios”, no deja de ser por repetido menos interesante. Recuerden la obra maestra de Billy Wilder, Sunset Boulevard, estrenada en 1950 justo cuando Fante colgó la literatura y pasó al cine. Recuerden Barton Fink de los hermanos Cohen y sus claras alusiones a William Faulkner, otro que también echaba pestes de su “experiencia” en Hollywood. También W. Allen reflejó a su manera el asunto, en el teatro, en su divertida “Balas sobre Broadway”. En fin, supongo que habrá muchos más ejemplos…
El caso es que la lectura de estas dos obras de John Fante me ha resultado muy placentera, “Di un sorbo y caí en un éxtasis tan beatífico que habría podido levitar hasta el techo”, y muy instructiva. Los asuntos que trata resultan cercanos, la emigración, la familia “escandalosa y numerosa”, la sempiterna falta de dinero y de glamour, las ineludibles penurias y dificultades, las estruendosas broncas familiares siempre, sureñas y mediterráneas, entre la comedia italiana y la tragedia griega, los trabajos mal pagados, alienantes y embrutecedores… ¡una felicidad demoledora!
Y por lo visto lo mejor de la obra de Fante es una tetralogía compuesta por las novelas: “Espera a la primavera”, “Badini”, “Pregúntale al polvo” y  “Camino de los Ángeles”. Habrá que leerlas, dentro de mí ha nacido un imperioso deseo de beber “Fante”; menudo atracón que me espera. Si gustan…

ELOTRO


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1 comentario:

  1. "Espera a la primavera, Bandini" y "Pregúntale al polvo" me parecen las mejores. Patxi

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