Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 16 de agosto de 2012

Kafka cansa a Kafka.





Sobre Kafka se ha escrito “demasiado”, afirmó Sebald. Y lo dijo en un ensayo en el que estudia los diarios de Kafka, las opiniones del influyente escritor checo sobre las cuestiones más variadas: cine, fotografía o sus visitas a los burdeles parisinos. La paradoja del alemán es la demostración de  que al “demasiado”, al suyo, se le podía apretar, por su mano, algún escrito más. Otra asunto que también atufa a “demasiado” son las innumerables y atosigantes “citas” de los textos de Kafka. La criatura murió joven pero escribió mucho (según él mismo “demasiado”) y por lo visto muy citable todo, novelas, cuentos, diarios, cartas.

Le cita todo el mundo (ya me entienden) y no solo Vila-Matas (si no lo entienden eso que se ahorran), como pensábamos algunos malpensados poco “metaliterariamente” leídos. De hecho parece ser que dada la autoridad en la “materia-K.” de don Enrique, y según él mismo confiesa, hay por esos mundos de Dios gente ilusa que cree citar a Kafka por intermedio de Vila-Matas, cuando en realidad a quien cita es a Vila-Matas apostado, ocultado o camuflado  detrás de Kafka. Pequeños (aunque bien retribuidos) divertimentos vilamatianos, se dice. Es lo que pasa cuando se lee, aunque sea involuntariamente, por (perezosa) delegación. Ocurre que el Kafka que lee EVM en Kafka es uno y el Kafka que lee Fulano de tal vía EVM es el mismo uno. Puede ser otro, el del Fulano de tal, a condición de que prescinda del cómodo atajo de los  intermediarios comisionistas. Sumando el uno y el otro, Fulano de tal amplía, ni mejor ni peor, su campo de visión sobre el Kafka escritor. Y de camino sobre el EVM, o cualquier otro “atajador”, lector, que ciertamente tampoco es moco de pavo en ciertos casos. Esta ha sido la experiencia, de este tardío y poco instruido fulano que esto teclea con: Kafka, Hemingway, Walser, Beckett, Banville, Pierre Michon…

Viene a cuento ahora el chiste de un cáustico-chistoso bloguero (Juan Malherido / Alberto Olmos):
Seguro que Kafka se está revolviendo en su tumba. Tras leer a EVM, he llegado a pensar que Kafka no le dijo a Max Brod: “Quema mis escritos” sino “Quema mis escritos, que los va a leer Enrique Vila-Matas.”
Prescindamos del “insoslayable” intermediario y sigamos con Kafka que, la verdad, no deja nunca de sorprender; en mi caso, todas las veces, gratamente.

Desde “la incurable vanidad de los poquita cosa” K. se plantea preguntas del tipo: “¿Será cierto que uno puede atar a una muchacha con la escritura?” Y su respuesta empírica consiste en escribir copiosamente a su amada Felice: dos, tres y hasta cuatro cartas… ¡por día! En 1912, el primer año de relación epistolar, Kafka le escribe casi 300 cartas. La primera vez que vio a Felice anotó en su diario: “Mientras me sentaba la miré por primera vez con más detenimiento; cuando estuve sentado ya tenía un juicio inquebrantable.” Sí, atónitos lectores, han leído bien, un juicio elaborado en solo unas décimas de segundo, puede llegar a ser, si eres Kafka o posees un cerebrito comparable, inquebrantable. ¿Tiene guasa o no tiene guasa “el orejas checo”?

En mi opinión, que la tengo, es precisamente en sus diarios donde se demuestra que Kafka tenía también, o por encima de todo, su vertiente bufa, jocosa, guasona. Si uno lee, en sus Diarios,  su conciso relato de la visita al burdel parisino, uno está leyendo casi un guion de alta comedia cinematográfica y aunque se nos dice que el protagonista es el propio Kafka, lo que vemos en la escena es la expresionista máscara de Buster Keaton.

“Nunca puede estar uno lo bastante solo cuando escribe…nunca puede uno rodearse de bastante silencio…la noche resulta poco nocturna, incluso”.
Lo dicho, inagotable en su cachondez.

ELOTRO

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