Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 28 de julio de 2012

Pastelada irlandesa (o Flann)







“Hago artículos periodísticos porque me divierte publicar chanzas a costa de la gente que me disgusta.”
Flann O’Brien



Nada más verle aparecer por la puerta con el desarreglo indumentario y la cogorza que traía, le dijo la patrona: “Tié usted una pinta de garrulo que no pue con ella” y lo cogió por la oreja y lo echó a la calle, anda que no es estricta. Mejor no buscarle las cosquillas. En la pensión los tiene a todos más tiesos que una vela.
Claro que a él se la refanfinfla la patrona. Él era un tipo cargado de tópicos e inculto, siempre soltando chorradas sobre el arte, la vida y el amor… sin embargo, presumía, claro que en lugares donde no tenían el placer de conocerle, de sus encantadoras maneras, su constante amabilidad, sus amplias lecturas y profunda erudición… y, no crean, a veces, en ciertos círculos, colaba la cola y la trola.
Salvo hablar, no hay nada que supiese hacer. Sentaba cátedra acerca de los cuadros, el arte y todo ese tipo de cosas. De los franceses decía que  se dedicaban al “arte” día y noche, y que lo tomaban en el desayuno, el almuerzo y la cena. No contentos de haberse pasado toda la noche anterior dale que te pego… con el “arte”, subrayaba. El pobrecico, que sí, que lo era, vaya si lo era, desdichadamente no pasaba de ser un hombre  sin criterio, sin pizca de seso; no llegaba a tullido mental por poquico.
Ocurría sin embargo –aprieta pero no ahoga- que,  ante el incauto desconocido, le salvaba su comportamiento excéntrico (por no hablar de la buena planta que se adivinaba bajo aquellos harapos mal zurcidos, detalle este que a “ellas”, ¿me siguen?, volvía locas). Para nadie es un secreto, -a estas alturas ni siquiera para nuestro hombre-  que aquel que se muestra: extravagante en sus gustos, extraño en sus pasiones, singular en sus aficiones, incongruente en sus intereses, chocante en sus opiniones, se reviste ante los ojos de los otros con una pátina de cosmopolitismo cultural, que pa’ qué… el hecho cierto de que las más de las veces  el hechizo sea de corta duración, es ya harina de otro costal; como todas las cosas con garantía o sin ella, funciona mientras funciona, y a él, a intervalos, le funcionaba de maravilla.
Pululan por este mundo demasiadas personas cochinas y farisaicas pagadas de sí mismas y que aventajan grandemente a nuestro hombre en cuanto a infame presunción y contumacia en la vileza como para que malgastemos nuestras severas reprimendas con el desventurado que nos ocupa.  Ciertamente, cuando -una vez convenientemente trasegada parte de la bodega de palacio- se embalaba a perorar de lo lindo en aquellos lujosos salones, quizás fuese, y digo quizás por dejar alguna gatera abierta, el menos farsante, tramposo e impostor de los allí presentes. Y, desde luego, de entre todos los participantes en la bufonada, el que más duramente se curraba la manduca y el bebercio.
“Caballeros, si me permiten un comentario, aquí hace un frío que pela…” solía proferir “metafóricamente” a altas horas de la noche cuando ya no divisaba ninguna frasca o botella convenientemente rellena del preciado líquido. Estaba siempre a la búsqueda de tratamiento para su dolencia… Algo notoriamente inútil en el campo curativo pero, convendrán conmigo, un alivio “temporal” enormemente eficaz y placentero.
Y como este penoso relato sobrepasa en mucho la medida de lo soportable, doy por concluida la faena (por hoy) y me traslado con la música a otra parte y así desplazo en el espacio mi condición de pelmazo. (Chúpate esa).

ELOTRO

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