Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 18 de julio de 2012

Apuntaciones sueltas







gente como esa

“Lo que me hace rebelarme contra la música, en la que soy un ignorante, es que a cualquier Juez de Paz de provincias le enloquece. ¿Qué puede enloquecer a gente como esa?”  
(Jules Renard)

Dicen que “Ramón” (Gómez de la Serna) lo mejor que escribió fueron sus Greguerías y, quienes esto afirman, suelen añadir que se las robó a Jules Renard. Yo les he leído en el siguiente orden: Ramón. Denunciante del “robo”. Renard. Los tres muy interesantes. Y Renard muy por encima de los tres. A años luz. Con Renard, me parto de la risa, me descojono. Un par de páginas de su “Diario” bastan para arreglarte la tarde, para darle al “tempo” un toquecito de color, para arrancarte del “ingrato” trance del “mientras tanto”.
Renard escribe todo lo que se le ocurre sobre lo que le ocurre. A él, a su familia, a sus amigos, a sus enemigos, a la gente que le rodea más o menos conocida o desconocida. Renard se explica: “Todo esto quizá no les interese demasiado, pero, en fin, es la espalda de mi padre.” Un día antes del fallecimiento (suicidio) de su padre: “Los hombres como papá solo estiman a los que se enriquecen, y solo admiran a los que se mueren de pobres.”
La escritura del  Diario le distrae y le divierte y le permite indagar en sus propios abismos personales y familiares…
“-Yo solo sirvo para vaciar los orinales. –dice mamá  …y papá ni siquiera ríe por lo bajo. ¿Qué habrá entre esos dos seres? Un montón de pequeñeces y nada.”

Renard escribe sobre su hastío, su desolación, su frustración… y la de sus amigos (Gauguin, Bernard, Lautrec, Schwob…) “Verlaine, sus últimos versos. Ya no escribe: juega a las tabas con las palabras.” Y lo hace con crudeza, “¿Tuvieron el pudor de no quejarse o la cobardía de no ver claro en sí mismos?”; con brillantez, “¡Es curiosa la manía de la gente que ha triunfado en París de aconsejar a los demás que se queden en provincias!”; con ironía, “Sara Bernhardt ha inventado el telón que más rápido puede izarse para garantizar media docena de ovaciones.” y nunca olvida el ingrediente de  una profunda compasión por sus colegas.
La cita de Renard que corona esta columna nos puede muy bien servir de ejemplo para “conocer” y calibrar la “sustanciosa perdurabilidad” de sus escritos. Sustituyan, por probar digo, la palabra “música” por cualquier otra: fútbol, toros, novelas de Vargas Llosa, Pérez-Reverte, Muñoz Molina… ensayos de Savater, poemas de García Montero, columnas de Rosa Montero… en fin, a capricho de cada uno.

“Me duelen las ideas. Mis ideas están enfermas, y no me avergüenzo de esta enfermedad secreta. Ya no le encuentro gusto no solo al trabajo, sino tampoco a la pereza. Ningún remordimiento por no hacer nada. Estoy cansado como si hubiera dado la vuelta al universo. Creo que he tocado el fondo de mi pozo.”

En ocasiones y sin previo aviso, (así es Renard, ni previsible ni monótono) las calurosas carcajadas se te hielan súbitamente en la comisura de los labios…


ELOTRO


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