martes, 12 de junio de 2012

Por si sí o por si no.





“…hay algunas empresas en que el método adecuado es un desorden cuidadoso”.
H. Melville

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Se trata de un desprecio, que, dicho sea de paso, es mutuo y andarín, en la distancia que separa el YO y ELOTRO, se entiende. Y que anda y vive bebiendo, ¡agarrando castañas! ¡menudas tajás! Ora empinando las coderas, ora sorbiendo las cañerías, o succionando del tubo, o mamando de la manguera, bebiéndose la vida… trago va  trago viene… de cogorza en cogorza, y por no pegar el cante, chuperreteando golletes y embocaduras o hundiendo la cabeza en los pozos o a pescuezo estirao y morro pelao, de las hinchadas ubres o hasta atragantarse con un sinfín de culitos o culazos, sin hacer ascos a ninguna cisterna… dicho sea al paso, al trote o al galope, entre uno y otro, mutuamente embebidos. Y es que el desprecio da una sed que para qué…
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No fue tu percepción la que erró, aunque te parezca mentira, en aquel caso el fallo fue de  la realidad, que como todo el mundo, también gusta de equivocarse.

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No hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena. PLINIO (Por ejemplo: la encuadernación; un, dos, tres, responda…) ELOTRO

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“Era vox populi (entre ell@s) que la notable pequeñez de su cerebro estaba más que compensada por la prodigiosa magnitud de su rabo.”

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Sus palabras me atravesaron como un disparo y me dejaron, al fin, mortalmente tranquilo.

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Primero mis negocios se fueron al garete, después mi matrimonio –bueno solo mi mujer; mis hijos y sus costes de mantenimiento se quedaron- se fue al garete, a renglón seguido mi socio de toda la vida también se me fue al garete… ¿Oye, qué hostias tendrá ese garete? Le dije a Maruja, la desconsolada ex de mi ex socio –una pánfila que no se enteraba de nada- que, primero pareció como si le diera un vahído y después, descontroladamente y como única respuesta, se puso como una autómata a reír y llorar, reír y llorar, reír y llorar… así, como medio atacada e intermitentemente, y no, no había forma humana de hacerla parar…
Cuando me cansé de la delirante escenita y del barullo que estaba montando, por los chavales, ya saben, no tuve más opción que ponerme serio y mandarla al garete (no quise decirlo, se me escapó, solo quería enviarla a su casa). Y ella, incluso entrando ya en el ascensor, mirándome, como miran las majaras, de hito en hito y tratando de taparse la boca con ambas manos llenitas de uñas de porcelana, seguía riendo, y seguía llorando, y seguía… sin poder articular palabra… una pena, la pobre infeliz (bueno, a medias).

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Lo que a nivel de calle llamamos lucha de clases, en las alturas del más puro y abstracto pensamiento se da como pleitos inacabables entre el Todo y la Nada. Total, sangre y papelajos, para que siempre acabe ganando, qué remedio,  la Banca. Y ahora, ¡Hagan como que juegan, señores!

ELOTRO

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