lunes, 21 de mayo de 2012

Por si sí o por si no.








¿Qué clase de egregio hastío puede llevar  a alguien hasta el punto de  convencerse de que su irrenunciable misión en este valle cenagoso de lágrimas consiste en  hastiar a los demás aún más si cabe la existencia sometiéndonos a bombardeos indiscriminados  ora de noche ora de día con  invariable munición consistente en empalagosos versitos que solo versan sobre su intrascendente hastío?

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Tome nota. La caligrafía, hermosa o fea de asustar, ese detalle nos resulta del todo indiferente, por tanto, como usted prefiera, a su antojo; pero, eso sí, absolutamente indescifrable. Si no, que mierda de vanguardia sería esa, ¿entendible hasta por las criadas o las porteras… automáticas? En este punto no nos  da, ni mucho menos, lo mismo ocho que ochenta. ¡Mucho cuidadín! Por muy inocuas que sean las obras, deben de resultar (por triplicado):
¡Indescifrables, indescodificables, ilegibles!
¡Todo es nada!
¡Pura vanguardia!

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En la conferencia
-La vida, te dicen, cuando después de una salida desastrosa eres informado  de que te has pasado de largo, aún sin haber llegado al final (¡No te está permitido saber cómo ni cuándo acaba!), solo funciona marcha atrás y cuesta abajo (se ha de sobreentender que a la vez, aclaró el ponente)*.
* “¿A la vez que qué?”, preguntó en un tonillo claramente escandalizado cierto oyente, quizás demasiado atento, desde el fondo de la semidesierta sala. El conferenciante, por su parte, respondió visiblemente consternado con un escueto y aristocrático: “Gracias, la mesa queda enterada de su insolente pregunta.” Y no hubo más. Antes de la subsiguiente escandalera, claro está.

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Un albañil, a su manera puesto que por no engañar ni siquiera se engaña a sí mismo, no es más que un constructor de mundos imaginarios. En parte alicatados hasta el techo y algunos “inteligentes” y con vista(s).

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Si todo conduce a su contrario: aquí les espero.

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El exceso de ignorancia nos ha sumido en las turbias aguas de la información contrastada hasta  en tres fuentes de distintas cloacas de aguas fecales y navegables.

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¿Alguien ha investigado con seriedad la relación “causa/efecto” que tenía para Kafka la declaración de guerra y la natación?
¿Y la relación “causa/efecto” para los que llevan años dándonos la matraca con esta estúpida cita?
¿Y la relación “causa/efecto” que produciría en Kafka el saberse manipulado e instrumentalizado de manera tan vil?
¿Qué hizo, o prefirió no hacer, Kafka para merecerse este asquito de  posteridad?



ELOTRO

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