Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 14 de mayo de 2012

…o como se diga.








Desde hace demasiado tiempo no dejo de pasar de un lado al otro (¿del espejo al espejismo?  ¿de los sueños a los deseos? ¿de la irrealidad tangible a la impalpable?), desde el lado de la realidad “real” al lado de  la realidad “inventada” o a la inversa o qué sé yo (hay realidades inodoras, insípidas e impalpables que te producen además un mareo tan ensordecedor como cegador. También atraviesa mi interior un camino no menos real por más oculto: de la boca al ano).
De hecho, en este preciso momento, ignoro de qué lado estoy, quiero decir: en que “mundo” me encuentro, qué “tipo de realidad” respiro. Desconozco por tanto qué leyes imperan en este incierto territorio, qué costumbres rigen, qué valores he de acatar o cuál es mi  bandera y cuál fe me conviene como verdadera… en definitiva, qué importa, y, qué importa un comino (sin tener que arrastrar complejo de culpa alguno).
No sabes dónde estás pero, sí sabes desde que asestabas tus primeros chupetones a la mama, cómo se las gastan las autoridades (también llamados amos del cucharón), ejerzan éstos en el “mundo” que ejerzan.
Cierto que apenas toco tierra, pero tampoco me siento flotando entre las nubes. Observo, ahora y aquí, sea “aquí” lo que sea,  que la realidad es caprichosamente voluble, ora se deforma ora  se arruga ora da de sí; pero, ¿significa eso necesariamente que me encuentre, por decirlo así, en el Callejón del Gato? Además, tampoco huele a calamares fritos, ni a meseras “cañón”, ni a estrafalarios mancos barbudos, ni a sablistas anémicos y resabiados, ni a bohemios piojosos con boina recitando nostalgias ilustradas en el París de la France.
A “esperpentos” sí que apesta, pero, ¿es ese un dato concluyente o esclarecedor o quizás determinante? Hoy, y eso lo sabe hasta el más tonto de los doctos con diploma,  el “esperpento” se da bien, se cría robusto y habita confortablemente  en todas las latitudes (desde el más aquí hasta el más allá). Sin duda es un signo, (aunque en ocasiones solo attrezzo) pero, háganme caso: equívoco. 





Hoy, un “garbancero” de casta (embozado en cualquiera de sus múltiples oficios), y sin esforzarse demasiado,  se las ingenia para parecer, cuando le conviene, “inventor de realidades irreales”. Cuando se tercia: un exquisito practicante del “Gran Estilo, labrado en torre de marfil o, en versión más moderna, en torre de hormigón armado prefabricado”.  Cuando le da la gana al susodicho –siempre con la abominación de la realidad como pretexto-  , saca el sonajero, la pandereta o la viola de gamba y (cumpliendo el ancestral rito del uso con abuso)  te perpetra, desde la más estricta ortodoxia académica y contra -eso al menos proclaman- la más rancia y obsoleta tradición, (sí, sí, me doy cuenta pero…) una “obra en prosa/poética” construida solo, ojo al dato, con palabras (esto sí que no tiene precedentes; pero no vayan a creer que son palabras de las que utilizan los arrieros, ni los personajes de Jim Thompson  o los estibadores de Baltimore, no, quita, quita:  se entiende que se trata de palabras bellas y con ritmo. Porque es así, aseguran, como se consigue liberar a la “realidad” de su pesada  “masa mugrienta de realidad”). Y si se presta la ocasión o, mucho mejor,  soplan oportunistas vientos post, after o sincretistas, nuestro “garbancero”, siempre estratégicamente situado a sotavento y con la yema del índice ensalivada, puede, si así lo desea el amo: rizar el rizo y arrojar, graciosamente,  todos sus “cahiers” al interior de  la olla (ojo al doble fondo lleno de especias, hierbas y otros afeites) y, a fuego lento, (pero tampoco demasiado lento no vaya a ser que se nos pase la fecha de entrega del  Nadal, el Planeta, el Anagrama, el Tusquets… o las convocatorias de Renfe, Iberia, “Chorizos de Marmolejo” y demás pellejos…) te enhebra, urde o compone, según tenga el día, en una nueva clave (¿y van?) de “mezcla y fusión”, un collage resultón, polivalente y super-adaptable a las necesidades del lector-consumidor-compulsivo-moderno (ese alma de cántaro victimista que huye, a precio de oro, de la sórdida y soporífera  realidad que ocupa el escenario -el gran ano- y, por la misma, de sus  escenas inexcusables –excretar-) que no hay crítico literario en el mundo capaz de etiquetar y mucho menos des-etiquetar o asociarlo por las buenas a alguna generación, peña quinielística o cuadrilla caníbal; o leerlo (si me apuran, ni las solapillas). Y ya no digamos de, en el no improbable caso de tratarse del típico gilipollas inasequible al desaliento y capaz de llegar a la última casilla: entenderlo. En el más que posible caso de extravío, del sufrido lect@r, debido a las complicaciones del recorrido entre las sucesivas e ininteligibles frasecitas subordinadas, me estoy refiriendo a la inescrutable y repulsiva cochinada defecada por el inefable “garbancero”.





Pero, a lo que iba (si es que queda alguien ahí):  si la literatura, la poesía, la pintura, la música, el teatro… o cualquier otra actividad intelectual o artística, no puede, no debe o no quiere reflejar, contar, explorar, cuestionar, criticar, desenmascarar, estirar, volver del revés, desecar, hacer trizas, desbrozar, inundar, elevar, desnudar, hundir, retorcer, horadar, trocear, desordenar, violar, remendar, remedar, pinchar, parodiar, cambiar, describir, recolocar, descodificar, fragmentar, exprimir… la realmente existente “realidad”, en sus múltiples versiones, mayúsculas, minúsculas y escenarios (cielos y subsuelos incluidos), ¿Quién entonces se okupa, y no me lo tomen por la tremenda, de ajustarle las cuentas a la realidad; de poner las cosas “realmente” en su sitio o, por ver qué pasa, en “otro” sitio?


ELOTRO

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