lunes, 28 de mayo de 2012

De boca cerrada no salen moscas cojoneras.







Por si las moscas me tapo la boca, cierro los ojos y me tapono los oídos. Tres monos en uno ¡Que mono! Hay quien escribe el producto de lo que ha visto y de lo que ha oído ¡Qué interesante! Hay quien le añade algún invento, a modo de refugio para los más cultos y exquisitos ¡Qué tierno! Yo fabulo (miento) a partir de mi ceguera, de mi sordera, de mi mudez y de mi falta de imaginación: de esa imaginación que echa raíces en los “sentidos”, quiero decir. No deseo ni necesito descubrir o construir “un mundo”, “un sistema completo”, “un todo cerrado”, de ninguna manera. Ni aunque supiera y pudiera. En mi opinión ya existen demasiados “mundos inmundos”, tantos como mundos reales o virtuales, como para que los plumillas se dediquen a excretar algunos miles más. Por otro lado, esas tareas hercúleas, es un decir jocoso (aquí risas enlatadas), seguro que estriñen. Por ese lado no quiero riesgos, me conformo con tratar de conocer, de entender o comprender a algún trozo (que bien puede ser “un todo válido por sí mismo”) o algún fragmento que ande por ahí extraviado, superviviente de algún oscuro naufragio, con rumbo preciso o sin él, pero eso sí, con proa a contraviento. Los que estén acostumbrados a hacer de cuerpo “divinamente” cada  día me comprenderán. Infiernos, los injustos. Ese es mi fanatismo. Es menester poner fin a esas mascaradas de malditismo de salón protagonizadas por los “malditos genios malditos” mejor apoltronados y más convencionales del gremio de los genios funcionarios. ¡Control exhaustivo de la cagalidad de mundos inmundos! Hete ahí un slogan contra esa panda de cagones. Ya está bien, ¡hostias!
De acuerdo, ya sabemos que esas bufonadas son las  que les dan de comer; pero, a cambio, ¿no sería razonable por su parte interpretar, a precio de mayorista naturalmente, el papel de comemierdas? Se me acaba de ocurrir que sería una bonita forma de cerrar el circuito, ¡el círculo maldito!,  boca-ano-boca-ano, hasta el infinito. En cuanto a su proverbial halitosis, a la de los plumíferos lameculos me refiero,  no creo que se fuese a notar mucho la diferencia.
Ya les digo, déjense de tragar chorradas vestidas de malditismo de chichinabo y atrévanse a soltarle una buena patada al reclinatorio casualmente plantado, sí, casualmente juran, frente a la caseta de firmas del autor de la patochada más firmada (los electrónicos, electrónicamente) y vendida del bullicioso recinto zoológico (los monos, para colmo, ya ni compiten a escupitajos con los mirones, ¿Qué pensará K. indebidamente sepultado bajo ese mundo infra-kafkiano? ¿Y Verdi en Busseto? Con la mala hostia que se gastaban ambos, prefiero no pensarlo, la verdad…)








Pero dejemos las honduras filosóficas y escatológicas y centrémonos, sí, ya sé que esto implica un enorme esfuerzo,  en lo que no importa: miremos lo cercano; apreciemos lo inacabado, que, siempre acaba revelando cosas nuevas; estimemos lo que nos alumbra sin cegarnos; lo que vive ajeno a los oropeles y la pomposidad; lo inferior e insignificante; lo que no exige ni impone pero tampoco se conforma mansamente; lo que de ordinario solemos desdeñar, despreciar, ningunear; lo que no enjuicia ni evalúa ni tasa; lo que huye de las untuosas e interesadas lisonjas y el falaz lenguaje relamido propio de los miserables rebaños de aduladores,  que lo son, y siempre, “por la puta pela”, sí, digo bien, ya que en la “pela” cabe tó.
Así las cosas, ¿no deberíamos hacer algo? Volvamos, aunque sea de visita, a las viejas manías de cuando éramos supuestamente más pobres y supuestamente  más jóvenes y menos sabios y nos encantaba todo; de cuando vivíamos con toda la intención, de cuando no nos dábamos cuenta, ay, de que en esos momentos concretos éramos lo más felices, quién lo diría, que llegaríamos a ser… si lo hubiéramos sabido… (Y eso que quedaban todos los libros por leer, todo el garrafón por trasegar, todos los amorosos naufragios por experimentar, todas las imperdonables renuncias, las oportunidades por perder y todas las “aventuras” turísticas por inmortalizar en formato JPG.) Sería como un pequeño acto, -a la fuerza, qué se le va a hacer,  salpicado de nostalgia-  de supuesta higiene y resistencia, digo. 
O acaso ya no interesa saber qué coño palpita al otro lado de la alambrada… o en este.

ELOTRO

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