sábado, 21 de abril de 2012

(Dicho sea entre paréntesis)






Y así acabas. La mente como un colador, no retienes nada. No te crees nada de lo que te dicen. No te crees nada de lo que te escamotean. No te crees nada de lo que piensas ni nada de lo que callas. Llega un momento en que solo quieres desaparecer confundido con la niebla de la ciénaga. Pero no te crees ni la meteorología. Y así acabas. Como un colador, lleno de agujeros incrédulos, que nada retiene.
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No me importaría ser solo un “objeto” en sus manos. Siempre  y cuando fuese un “objeto” familiar, cercano, necesario. No, no tendría nada que objetar, es más, sería una suerte y quiero esa suerte. De “objeto” igual se padece que se goza y también desigualmente se entiende y se yerra. Lo digo con conocimiento de causa: objetivamente.
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Siempre nos quedarán (los que saben dicen que es lo único seguro) las bacterias.
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Puestos a elegir, entre dominio o sumisión, elegiría sumisión pero como los dominantes no me  permiten elegir… no podrán conocer, de viva voz, mis preferencias. ¡Que se mueran sin saberlo!
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Dicen que una patraña resulta un enigma para sí misma. Dicen.

ELOTRO

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1 comentario:

  1. Siempre he dudado de "los que saben" y en mi duda me quedo porque no son las bacterias las que parece que van a permanecer, sino los virus. Bueno, al fin y al cabo son bichitos chiquinines los dos, aunque no podemos mirarlos a los ojos para pedir compasión.¡Menos mal que estamos en primavera!, que hay que fijarse en lo positivo, aunque sea un poco iluso.

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