miércoles, 11 de abril de 2012

(Dicho sea entre paréntesis)






A la gente hay que responderles lo que quieren oír, así que procura siempre ser el primero en preguntar o callar.
***
Aquellos que nos piden que hagamos de lo banal algo interesante, ¿Podría ser que nos estuviesen pidiendo que hagamos de lo interesante algo banal?
***
No es obligado que el final sea feliz; pero, ejemplar, sí.
***
Cuando al escritor se le acaban los “temitas” que describir o la imaginación, si se diese el caso, le queda el humo y el estilo. Aunque no fume, cigarrillos con boquilla de plata o en cachimba de madera de cerezo o caoba. El humo admite todo tipo de pijadas, es absolutamente dúctil, maleable, muy sufrido y siempre está ahí. A tres palmos del suelo, como la irrealidad flotante, resulta mogollón de zen.
***
La realidad ya era mi enemiga antes de mi nacimiento. Según me informaron con pelos y señales, mis engendradores.
***
Sufría el mal agudo de la impuntualidad. También conocido familiarmente como eyaculación precoz.
***
En el relato corto tendía hacia la insensatez, pero cuando se extendía demostraba tanto sus virtudes innatas como sus finas dotes para el disparate.
***
En el laberinto, cualquier laberinto, no se trata tanto de buscar la salida como de encontrar el mecanismo.
***
Él “era” absorto frente a su propio “ser”.
***
Se veía a sí misma como una enigmática e impenetrable abstracción; como una palabra desprovista, acaso a su pesar,  de sentido y significado.
***
La lógica me detiene, el pensamiento me limita, la luz me ciega, del horizonte desconfío.
***
Hablar de dinero es hablar de “falta” de dinero y de ahí, precisamente, la  “falta” de elocuencia. La falta de elocuencia depende siempre del que escucha hablar de dinero. De falta. De elocuencia. De no tener una perra. O sí, vida.

ELOTRO

***

No hay comentarios:

Publicar un comentario