Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 1 de abril de 2012

(Dicho sea entre paréntesis)




Desde que tengo este portentoso uso de razón, los elogios me entran por un oído y nunca me han salido por el otro. Debe ser que ellos “también” se encuentran encantados en mi cerebro; de conocerse, digo.
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La pregunta no es por qué quieren borrar “una” parte de nuestra memoria sino por qué quieren borrar “esa” parte de nuestra memoria. Y, mientras tanto, la lista de los Reyes Godos, intocable.
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En el arte, los partidarios de “lo bonito”, no precisan ni buscan revelación alguna (suelen pensar que “en realidad, no lo necesito”); ellos se contentan con la necia y reiterada “confirmación”. Lo que en ciertos momentos, aunque sea de forma pasajera, los convierte en criaturitas envidiables.
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¿Otra dimensión? No sé… Esfinge… quizá, pero no otra dimensión de esas de las historias de marcianos... lo de la dimensión, la de toda la vida, lo decía porque parece ser que cuando “sales” de una jaula, “entras” en una jaula. Pero al mismo tiempo, ¿sabes? Creo… que… o sea, que será como lo de las muñecas rusas… no sé… una jaula chica dentro de una jaula grande que también es chica porque está dentro de otra más grande… no sé… el caso es que “sales/entras” mogollón de veces, pero siempre estás enjaulada… ¿no?
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Se denominaba “APARIENCIA”, era un puzzle aparentemente minúsculo formado por multitud de piezas aparentemente gigantescas que finalmente encajaron, aparentemente, a la perfección. Lo que, felizmente o desdichadamente, no pareció sorprender a nadie, aparentemente. Al menos eso parecían pensar todas las mentes presentes; aparentemente. Solo hubo una voz que incomprensiblemente aparentaba discrepar cuando enunció en voz alta: “Oye, me parece que están engañando a las apariencias”. O algo parecido, no me hagas mucho caso. En cualquier caso fue una cuestión que no trascendió, vamos, que no llegó a tomar cuerpo, a ser visible, ni siquiera mira tú, en apariencia.

ELOTRO

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1 comentario:

  1. Lo de la lista de los reyes Godos tiene su sentido: son un instrumento para martirizar, un “sinsentido” porque no le importan a nadie y una manera eficaz de rellenar páginas de un libro. Abultan mucho, dan que hablar distrayendo sin consecuencias, y eso es lo que importa.

    Y en cuanto a lo de la otra dimensión y lo de las jaulas, tengo que decir que me ha impresionado, quizás solo a mi, solo a mi pensamiento, porque hace unos días estaba pensando que si para el ser humano fuesen visibles las ondas electromagnéticas se volvería loco, no podría dar un paso, se sentiría rodeado, enjaulado.

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