sábado, 7 de abril de 2012

Detrás del burladero, por si los cuernos.




Como si hubiese nacido ya atrincherado, incluso de sí mismo. Tras las almenas miraba, oía –sobre todo lo insignificante, lo vago, lo potencialmente exaltable- y no decía. Cuenta como oyente pero el oyente no cuenta o solo experiencias inaplicables o gratuitas en su doble acepción. Nuestro oyente omite, situado discretamente en la primera butaca de la primera fila. No se trata tanto de odiar el argumento como los diálogos, aunque conviene, por muy latazo que resulte, no desperdiciar balas; nunca sobran en las historias en las que aparece un arma, dicen que decía Chéjov. En el entreacto prefiere irse a hacer gárgaras. Lo cual no deja de ser una forma, aunque considerada costumbrista y rancia, de resistencia. Escuchar, siempre que sea ineludible, arbitrariamente, y desoír firmemente las llamadas a la imparcialidad y hacerlo desde el dogmatismo y la visceralidad, desde la intransigencia “sanchopancesca”. Esta actitud resta autoridad ante los espectadores razonables, pero de eso se trata. Se trata de actuar siempre con  exquisita y esmerada irresponsabilidad. Todo texto deviene en pretexto y por consiguiente en arma o herramienta (de mucho o poco alcance no es lo relevante), así que mucho mirar, mucho oír, mucho callar y no perder comba ni la pista del hilo narrativo (Hay mucha cordelería dispuesta, para cuando se pierde el hilo, como señuelo; así que olfato). Sin embargo, hay percepciones que por su naturaleza son intransferibles y en consecuencia no tienen centro, ni ondas, ni eco; se agitan en el vacío, a ciegas y, claro, no perduran. A veces es un vacío de origen, con sus correspondientes altibajos, el que le espolea a perderse en cualquier tramo del sueño; aventurarse en oscuras cavernas que resultan con frecuencia fantasmagóricos atolladeros, quedando, según el hilo de la trama, oportunamente  enganchado a un pecio, cualquier pecio, que flota cubierto de brea y que procede de algún infortunado buque (el escenario de la destrucción). Y que, en medio de una calma chicha o no, nos cuenta valiéndose del crujir de su madera y con el vistoso acompañamiento de sus babas de espuma, historias de sirenas cantoras y marineros retadores y de olas que surcan,  entre admirables desvaríos y rumores,  las viejas estelas  que roturaron aquellas desaparecidas y desconocidas  tripulaciones. Y que algún día volverán y ajustarán cuentas.

ELOTRO

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2 comentarios:

  1. Un relato muy bonito si se toma por el lado poético: La historia de una persona que calla en la soledad de su discurso porque su “idioma” es otro, y se abraza a sus sueños en los que están aquellos que perecieron sobre el barco en el que a él le hubiera gustado estar.

    Y entonces se piensa…..¡Qué mono!, porque hay que decir esas cosas en determinados momentos.

    Pero pasados esos momentos se vuelve a pensar y se dice ¿Cómo que qué mono?, ¡ni mono, ni leches! (perdón), un puto cobarde (otra vez perdón), o un engreído. ¿Se cree que sus interlocutores no tienen capacidad para comprender sus argumentos? ¿O es que no se atreve a rebatir las argumentaciones de los otros y prefiere ir a aclararse la garganta? ¿O es que no quiere escuchar otros argumentos que no sean los suyos porque desprecia el “intelecto” de los demás?

    ¿Qué “intelecto”? pensará él.

    Y ahora que sale a colación lo de los cantos de sirena. Ulises era un “listito” que no quería perderse nada, a los otros los tapona los oídos y él escuchando tan ricamente atado en su mástil. Y digo yo ¿Nunca se arrepintió de no haber sucumbido?.

    Un día, un profesor que nos estaba contando el argumento de la obra de teatro “Tres sombreros de copa”, al ser requerido por un alumno para que abreviase y contase el final le preguntó: ¿Y cómo acaba?. El profesor contestó: Acaba mal. El listo de la clase dijo: ¿Mal? ¡Pero si al final se casa con su novia!. A esto le respondió el profesor: Pues por eso acaba mal, en lugar de irse con la artista que le hubiera proporcionado una vida mucho más divertida, se casa con su novia de toda la vida ¡Un aburrimiento!.

    ¿Seguro que los del pecio de los cantos de sirena volverían a vengarse?. A lo mejor vivieron momentos de intensa felicidad que no cambiarían por nada.

    Bueno, ya no digo más tonterías que parece que el blog es mío. Repito: Me ha gustado mucho.

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  2. Como dijo aquel: “Me alegra que te haya gustado. Es un claro ejemplo de tu inteligencia”.
    Me encantan tus comentarios María, tienes un gran sentido del humor.
    Un saludo.

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