Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 30 de marzo de 2012

No se sostiene.



El blanco no se sostiene. El blanco, como todo el mundo debería saber, está superpoblado, mal aireado. No tiene hueco; no tiene vacío; no tiene sostén. No ha lugar a la incertidumbre y carece de discípulo. Abusa del claroscuro y se auto-tergiversa. Demasiados cajones abiertos a los cantos de sirena; demasiados temblores. Y demasiados hilos, entrelazados, de los que tirar o ir tirando. Un caudal implacable de humo blanco, que cae, que no sabe dónde un asidero, dónde un sostén. Un blanco repetidamente doblado, con mimo. Y que discrepa, en su colorista jerga, en cada pliegue, en cada umbral. Un blanco cimentado en la displicencia, como escenario de derrota idóneo. Un blanco insensato, construido y constituido sin propósito y con más que evidente aprensión hacia lo desconocido, lo vacío. Un blanco incontaminado, lleno de impurezas y resonancias del miedo, que le permiten tolerar y ser tolerado, pero no ser sostenido. Solo la ausencia, el negro, lo aguanta todo, porque, en su frenesí, lo tritura todo. Al blanco no le cabe en su peripecia el negro, éste no cohabita, no suele mudar de postura y se empeña en el antagonismo. Y de ordinario desequilibra; aunque, es lástima, sí aúpa.
- ¿Y sostiene?
- A nadie.

ELOTRO

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