Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 16 de marzo de 2012

(Dicho sea entre paréntesis)





Puede que las “grandes semejanzas”, considerarlo así entra dentro de lo lógico, resplandezcan en el bien iluminado centro, en el núcleo principal; puede. Pero si se pretende conocer los “vínculos esenciales” hay que indagar, precisamente fuera de toda lógica, en los flecos, en los márgenes, en la periferia. En esas particularidades que descuidadamente desechamos o en las que no solemos reparar: en los pequeños y deshilvanados detalles. Allí, en el margen, bajo el amparo de las sombras, es donde acostumbran a manifestarse limpiamente.
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Es preciso encontrar en las palabras, las palabras que eviten la palabrería. No digo solo saber distinguirlas para apartarlas, digo saber juntarlas, introducirlas en el cubilete y arrojarlas sobre el papel en ese azaroso y supuesto desorden que, secretamente, reclama la poesía. Y que aún así, por motivos quizá banales que ahora no vienen a este cuento, no suele presentarse.
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No es posible considerar, en el transcurso de una vida, todas las posibilidades. Y es más que probable que ellos lo sepan. Por eso posiblemente insisten. ¿Posible? ¿Imposible? Más que probable.
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Si el aire se convirtiese en un líquido espeso, sería posible que en el ambiente pudiesen flotar tenuemente ciertas cosas e incluso los seres más livianos, no digo que no. Pero no era el caso, sabes… y se hundió. No flotó.
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Nunca se vanagloriaba más de la cuenta. Ni menos.

ELOTRO

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