Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 2 de marzo de 2012

Chico cree que conoce chica.






Chico conoce chica; chico ama a chica; chico vive bajo mismo techo con chica; chico, ¡ahora sí!, conoce chica; chico barrunta que aquello no puede prosperar; chico se lo piensa; chico decide largarse a por tabaco… FIN

(Oscura nota especulativa y desorientadora:
Resulta chocante -incluso grotesco- que el narrador omnisciente no nos revele qué piensa, o qué dice, o qué hace, “chica”, desde el mismísimo planteamiento hasta el huidizo desenlace -y no, no detectamos acrósticos ni nada subliminal-, luego podemos valorar que  no debe de ser tan omnisciente como nos quiere hacer creer o, por el contrario, -en el colmo del absurdo: una provocación con carga de profundidad antifeminista- no lo ha considerado relevante para el microrrelato; que también puede ser, al menos yo no lo descartaría, conociendo como conocemos, de pe a pa, su prolijo y accidentado historial de naufragios: no precisamente, los chapuzones, digo, digeridos de forma óptima. El presunto omnisciente también nos hurta el contexto histórico. No dice una palabra del nivel social, conversacional o de estudios o cursillos o masters, de la pareja. No conocemos detalles de su aliño indumentario ni de qué o de quién viven. Música preferida; plato preferido; lecturas si las hubiere, preferidas; cantante de baladas preferido; blogs preferidos; sabor y color de condón preferido; si prefieren mar o montaña, barriobajero o pijo, francés o griego; el VHS o el Beta, bueno esto a lo mejor ya no hace falta; los Reyes Magos o Papá Noel; religión preferida; película preferida; denominación de origen, añada y bodega preferida; nada de nada, ni un puto dato. Ninguna referencia valorativa, cantidad, calidad, frecuencia,  de los encuentros –o desencuentros o encontronazos- carnales, sea a pelo o con condón made in vaticano.
Bien es verdad que el autor –una miajita sobrado de prepotencia y vanidad- nos tiene acostumbrados a continuos ejercicios estilísticos que, vistas las cifras de venta, nos aconsejan prudencia a la hora de emitir juicios demasiado severos, puesto que carecemos, entre otras cosas, de la necesaria perspectiva temporal y de la otra.
Como última probabilidad, cabe dentro de lo posible que pueda tratarse de una de las habituales y osadas maniobras sincretistas del autor. Claro que ese fin, o punto de fuga o vía de escape, tampoco es generoso en datos: ¿A qué hora desapareció en pos de la dosis de nicotina, y, si era a las doce de la noche, llevaba o no la calabaza? En fin, un fin demasiado abierto y poco concluyente que acaba insinuando sutilmente un incurable tabaquismo del chico, ¿ella no sabe no contesta?, con lo que también abriría insólitos senderos para  alocadas interpretaciones  medicamentosas... y, por fin, nos vemos obligados a poner nuestro propio fin, esta micro-nota empieza a desbordar  los bordes de lo micro y eso acaba doliendo, por no hablar del daño físico. ¿Continuará o Fin, definitivamente, Fin? ¡Y a mí qué me preguntas!)



ELOTRO

***

2 comentarios:

  1. Como el autor-demiurgo manifiesta dudas en relación al desenlace, e incluso no sabe bien el nudo de la historia, pues aportaré mi granito de arena para aliviar esa desazón.
    Son las 12 de la noche, ¿el escenario?: una estación repleta de trenes que se dirigen hacia el sur. ¿los personajes?: Roberto que ha huido de “su nidito de no-amor” y Gloria que también ha huido del nidito de no-amor de Roberto. Diálogo:
    Gloria: ¿Tu por aquí?
    Roberto: Si, es que no queda tabaco en Madrid y tengo que ir a buscarlo a Cádiz.
    Gloria: Te recuerdo que no fumas.
    Roberto: ¿Cómo no me dijiste que te ibas de viaje?
    Gloria: Nosotros no nos decíamos nada.
    Roberto: Pero….Rita…..yo no puedo vivir sin tu indiferencia, lo he sabido mientras huía.
    Gloria: Yo no me llamo Rita, te lo he dicho muchas veces. Me voy a los Carnavales que allí al menos entenderé algo. Quédate con tu espejo y no te digo que te olvides de mi nombre, porque ni siquiera te has molestado en aprenderlo.
    Roberto se queda en el andén con cara de pez y Gloria desde la ventanilla del tren mira al horizonte.
    Fundido en negro.
    Justificación de ese final: Desde el momento que huye, Roberto no tiene ninguna justificación como personaje, aunque ahora que lo pienso….Gloria tampoco. En fin, son tal para cual. No puede haber otro final.

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  2. De verdad, ¿no puede haber otro final?
    Muy drástica me parece tu afirmación.
    Creo, María, que tu propio y alternativo comentario, demuestra que pueden existir otros planteamientos, otros nudos y otros desenlaces, al menos en la ficción literaria.
    El autor del micro, solo es eso, el “lamentable” autor del micro.
    El autor de la nota especulativa y desorientadora, es “otro” y solo es eso, un “insolente” especulador desorientado.
    El lector, que es libre, le puede encontrar la gracia o su falta, tanto al micro como a la nota. O, si es más osado, como en tu caso, enmendar o corregir o recrear hasta la banda sonora. Y desordenar el caos de las ideas rotas. Y de sus alargadas sombras.

    Un placer comentar contigo, ¿María?

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