Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 21 de febrero de 2012

La inverosímil conjura de los sabios







El menda, ya les cuento, aunque es lástima porque aquello, se los juro por la perra virgen que parió a Snoopy, era para vivirlo, lo tenía todo: una mente estrecha, exigua, plana, carente de entresijos; torpe y lenta, lentísima en el procedimiento, sin el menor rastro de inteligencia, desorientada, sin método y disciplinadamente  indisciplinada. Completito, ya digo.
No tuvo rival, aquel mentecato consiguió la unanimidad entre los más reputados analistas y observadores (y la plebe, claro): estaba llamado a ser un gran pastor, un soberbio líder, muy vitoreable, un ídolo infalible, un adalid, un caudillo de fuste. En su contra, todo hay que decirlo: el aspecto, la imagen, la pinta. Exhibía un  torso más grande que las piernas (en consecuencia, culo bajo) y una cabeza deformada y monstruosa: talmente un atrofiado bufón, pero con mirada velazqueña, ya me entienden los entendidos.
Era por lo demás, el muy hijo de puta, escurridizo como una anguila, llevaba, que se sepa,  cuarenta  o cincuenta vidas distintas, aunque puede que en realidad solo fueran un par de docenas, y algunas otras secretas; pero, sin falta, en todas ellas se mostraba patológicamente inclinado a la concupiscencia con gentes y animales de cualquier género. Y con esa percha, ¡Iba de castigador! ¡El puñetero retaco ejercía de castigador! En fin,  así es la vida que les toca a  algunos…





A todos los efectos el “muñeco” resultaba  prácticamente inasible, incluso dentro de su casi absoluto inmovilismo mental y físico. Sus enemigos, y dos o tres peleles amanerados que se autocalificaban de “leales contendientes”, observaban entre asombrados y perplejos cómo predicaba un discurso completamente incongruente e invariablemente  lleno de erratas ortográficas y de las otras (en algo tenía que notarse su matrícula en Filología cantonesa, confirmada ante notario en el bar de la facu). Estaban urdidos sus discursos  en un estilo cada día más abstruso e ilegible pero, y, esto no se lo debemos hurtar, siempre rezumante de un engatusador y sutil mensaje, henchido este (a reventar, el mensaje, digo) de heterodoxo inconformismo, aunque, y esto tampoco lo podemos sustraer al ocasional lector, total  y absolutamente circunscrito a la más estricta ortodoxia del  más puro conformismo, ¿mareante, verdad? Pues de eso se trata mi querido lect@r. Las ideas más conservadoras envueltas en erudición efectista e inane, quiero decir. Y con todo, jódete, el contrahecho charlatán resultaba ameno, ¡y convincente! era, a qué negarlo, muy ducho en los trucos de la retórica y en los del sexo ocasional.
Su  discurso, bien condimentado: una pestilente sopa viscosa sobre la que flotaba o navegaba un heterogéneo batiburrillo  de grasientos grumos; tópicos rancios, supersticiones demodés, vacuidades vacías, lugares comunes muy transitados, camelos sin azúcar, banalidades bananeras, milongas imbailables, fruslerías sin valor, insultantes (incluso para los menos instruidos de los filólogos) obviedades obvias y chorradas de marca mayor y marca blanca, aunque eso sí, avaladas por unas cifras de audiencia (entregada e incondicional) sin parangón. Pero, ¡maravíllense!, Ese repulsivo contenido, una vez pasado por el cedazo de su asombrosa retórica, aparecía ante el famélico y ansioso público como un sabroso y apetecible caldo, pleno de sabrosas y vitaminadas epifanías, muy tragable, muy comible, muy ponible, muy after. Y todo ello, la multimedia manda en estos tiempos, amigos míos,  al compás de un coro de sosas voces angelicales y una enloquecedora música celestial de indudable eficacia contra la grey.




Aquella desfavorable situación (me refiero al detallito de que el mamonazo no pertenecía a nuestra plantilla), convendrán conmigo,  resultaba a todas luces sumamente difícil de combatir, por muy deshonesto que se sea, que lo somos, desde una ideología como la que profesamos: radicalmente conservadora y, a la par y de cara a la galería, violentamente reformista y contrarevolucionaria y liberal.
Que el puñetero finge lo sabe hasta el tato, pero no se le nota, no hay quien se lo note, no se lo percibe como tal, y por lo que se ve, no hay manera de desacreditarlo, yo, no la conozco al menos, ni sé de quién. Es un pedazo de artista, el puto bufón.
No amigos, no iba a ser fácil machacar a ese hijo de puta. No amigos no iba a ser fácil arrebatarle su influjo sobre las multitudes. Y aunque lo fuese ya, en la directiva, empezábamos a estar hartos del temita. De todo acaba hastiándose uno, todos los días gallina, amarga la cocina. Hicimos números y hubo unanimidad. Así que lo fichamos y punto pelota. Patadón y p’alante. La pasta de los campeones.

ELOTRO

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