Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 10 de febrero de 2012

“El mudo”, divaga… (3)





Al pánfilo lector hay que decirle, no te preocupes, yo en mi libro te cuento lo que es la vida “de verdad”, la vida plena de aventuras y acontecimientos extraordinarios, esa vida que a ti siempre te pilla en otra parte (currando o cagando o meneándotela), por decirlo en plan poético. Pero claro, advirtió “el mudo”, sin llamarle pánfilo y sin castigarle aún más la autoestima, de buen rollito. Bastante tiene nuestro héroe con la cretinez de su jefe, la mezquindad y  el cotidiano chantaje victimista de  la parienta y el desorbitado egoísmo de los dos desquiciados niñatos que ha malcriado. Y, como colofón, el insoportable tonto del culo de su cuñado, autocalificado como “el triunfador”, y que aporta pruebas contundentes: la mitad casi de la licencia del taxi ya pagada al banco, ahí queda eso, señores del jurado.
Y encima, ¿no es un bendito?, ha comprado tu libro, de entre decenas de miles. No, cabrón, no lo tomes como una vulgar pieza de caza. Por lo menos no solo eso, aunque se lo merezca. No ves acaso que el pobre desgraciado es incapaz siquiera de mirarse así mismo y ver con distancia y descarnadamente lo que ha quedado de aquel voluntarioso chaval que prometía comerse el mundo con patatas fritas, su guarnición favorita. Que todos los actos de su perruna vida , incluido el de adquirir tu libro, los realiza de manera inadvertida, inducida, desganada, como un auténtico autómata que acata incontestables  ordenes procedentes de unas misteriosas y lejanas  “fuerzas oscuras” a las que él, con su insondable y patética ignorancia, suele llamar “mi negra suerte”. Cómo, teniendo en cuenta la sordidez en la que vive, y condenado a un bochornoso e incesante fingimiento de “relativa” felicidad, no va a picar, con ansia incluso, el prometedor anzuelo de la rehabilitadora evasión y el reconstituyente entretenimiento. Como cualquier preso, porque así se sabe, su obligación es escapar, aprovechando las horas reglamentadas de recreo, del régimen carcelario que cada jornada de forma inclemente lo humilla y lo aplasta, lo enferma. Hay pues que gastar, señores escritores, algo de talento para mostrarle al lector, que esa supuesta evasión y ese embrutecedor entretenimiento son, realmente, meros eslabones de la misma cadena que lo mantiene atado y bien atado. Y que ese mundo idealizado (con forma de zanahoria y color y sabor de zanahoria) que se le muestra en los Best Sellers, en los escenarios, en la televisión y en los escaparates, sencillamente, esmuduro lo sé, no existe, ¡Son putas sombras! ¡Soperros! ¡Babosos! ¡Que no estáis a lo que hay que estar, joder! (la zanahoria, sí). Y que la literatura que no te muestra las cosas tal y como son realmente, las verdaderas, las ciertas, las auténticas, las que te hacen pupa… (las cosas reales realmente existentes fuera de la caverna), y cómo y bajo que leyes se relacionan entre sí, tampoco te permite que, con todos los datos sobre la mesa y por ti mismo, puedas cuestionar y si eso tratar de cambiar (al que le de por ahí que yo tampoco digo que…),  la sociedad en la que “efectivamente” vives o sobrevives, y de la que formas, quieras o no, parte. Esto que digo suena a instrumentalización de la literatura ¿verdad?, pues si no han caído hasta ahora yo empezaría a pedir un segundo diagnóstico… concluyó su desternillante sermón-bronca “el mudo”…


ELOTRO


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2 comentarios:

  1. Mudo, dices mucho para ser mudo, o a lo mejor es que al carecer de la posibilidad de decir las cosas con la voz, el escrito se llena de muchas cosas, pero ojo, mudo, que no hay nada en el mundo que requiera más cautela que la verdad.
    Mudo, ¿Cuál es la verdad? ¿La que no reflejan las sombras en la caverna? ¿La de la luz fuera de la caverna? ¿Estás seguro mudo?.......

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  2. El mudo habla mucho porque habla por los codos, la necesidad crea el órgano. Si el mudo tuviese ojo, un buen ojo clínico, no daría tantos palos de ciego en las espinillas de los supuestos videntes. El mudo no sabe “cuál” es la verdad pero sospecha que no existe “la verdad” así, de una pieza y lista para llevar. El mudo sabe que lo que viste bien es decir que no se esta seguro de nada, pero, dentro de lo que cabe, de algunas cosas si está seguro y por eso las escribe, para “ver y oír” sus argumentos o sus delirios, a la intemperie y al alcance de otros ojos, otros oídos y otros codos. Sobre la caverna, las sombras, la llama, la luz exterior, la cautela y las diagonales de Lionel Andrés Messi, el mudo está en conversaciones con el amanuense de Sócrates y por ahora aún no tiene una opinión formada… pero largará, ya lo creo que largará.

    Un saludo, María

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