miércoles, 29 de febrero de 2012

Alarma, ¡no hay alarma!







Esta mañana me he llevado un susto de muerte. La radio despertador no ha funcionado. Menos mal que como de costumbre, ya estaba despierto, bueno casi. Con un ojo abierto y otro cerrado. He visto en la pantalla, con un solo ojo, los cuatro dígitos: cero, siete, cero, cero. Sin embargo no ha sonado la alarma. Sin dejar de mirar la pantallita de la radio-reloj, y ahora ya con los dos ojos bien abiertos he esperado en estado de creciente preocupación, casi sesenta segundos, es decir, hasta que los dígitos informaban esto: cero, siete, cero, uno. No me lo podía creer. No me había ocurrido nunca. No podían ser las pilas, puesto que funciona conectado a la red, y el reloj, ahí estaban avanzando los rojos dígitos, sí funciona. Me levanté rápidamente de la cama, me puse las zapatillas y la bata. Y, como si no supiese cómo continuar, volví a sentarme en el borde del colchón. Éste volverme a sentar con las zapatillas y la bata puesta es un gesto fuera de lo habitual en mi rutina diaria. Yo, como supongo la mayoría, soy una persona de rutinas. ¿Por qué rompí esa cadena de actos habituales arraigados en mi vida desde hace años? Por supuesto que en ese momento no le encontraba ninguna explicación a lo que me ocurría. No sabía quién le había ordenado a mi cuerpo que, a las cero siete cero dos, se sentara, como si hubiese sido víctima de un mareo,  sobre el borde del colchón. Lo acostumbrado hasta entonces, era una rápida visita al baño para la primera meada del día. Y a continuación, ya aliviado, y de forma ordenada, la preparación del café, el zumo, la tostada, la ingesta del paracetamol, la pastilla contra la alergia y el protector omeprazol, mientras… Y, menos mal, tras ese “mientras”,  se hizo la luz. Cómo no había caído antes, me dije. Falta la “información”, faltan “los datos”, faltan “las instrucciones”, falta saber lo que pasa en el mundo, quienes son los malos, quienes son las víctimas, qué leen los hermanos Gabilondo, por qué es necesario el despido gratis para crear empleo, que nos aconseja El Corte Inglés para la próxima temporada, por qué la crisis permite alargar la vida de una central nuclear llena de parches y chirridos, cual es la última jugarreta de Mahmoud Ahmadinejad, el presidente terrorista de Irán, para justificar la guerra preventiva de Israel y USA, qué lucirán las estrellas sobre la alfombra roja de los Oscars, de qué verdad y de qué honor habla el asustado corredor Urdangarín




Pues eso, que me faltaban las instrucciones para “saber estar” en el mundo. Pero, ¿saben lo mejor?, no había de qué preocuparse, todo resultó un puñetero sueño. Lo supe en cuanto sonó mi querida alarma, me desperté de un salto y pude escuchar la voz amable y seductora de Francino, yo no escucho la COPE, esa emisora es para los fachas, yo ya me he acostumbrado a las “instrucciones de la SER”, aunque haya por ahí algunos sabelotodos que dicen que son dos caras de la misma moneda, la versión progre y la versión facha del mismo sistema, ese sistema, dicen, que nos mantiene a raya,  vigilados, controlados, explotados, confundidos, manipulados y atontados… mientras ejercemos de productores y consumidores, claro. Eso dicen esos, pero no aportan pruebas sólidas, contrastables, legales, constitucionales. Si lo sabré yo, que tengo cada mañana suministro de todos los datos, todas las informaciones y todas las instrucciones. Saber estar, pringados, saber estar en el mundo.

ELOTRO


***

2 comentarios:

  1. Probablemente sea la monotonía lo único que nos queda, confiaremos en la fidelidad de la monotonía para resistir.
    Salud
    Francesc Cornadó

    ResponderEliminar
  2. Me alegra tu vuelta, Francesc.
    Y dices bien, transformar “la rutina” en una forma de “resistencia”, quizás no sería mala cosa, siempre y cuando esa rutina fuese a la contra, a paso cambiado, de la impuesta por el Mercado (producir+consumir),claro.
    Un saludo

    ResponderEliminar