Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 1 de enero de 2012

Aleksandr Deineka




















“Walt Disney  tenía 18 años cuando Norteamérica sorprendió al mundo. Su juventud, talento y una fe sin límites en lo que estaba por venir le convirtieron en el propagandista perfecto de la nueva era capitalista.”
Si donde pone Disney, colocan ustedes el nombre de cualquier otro “artista” optimista, (qué sé yo, Capra, Rockwell…)  y devoto y comprometido con el sistema capitalista, el textito en cuestión les seguiría sonando “rarito”, ¿verdad?
Bueno pues no se alarmen, lo único que he hecho es sustituir el nombre del pintor ruso, Aleksandr Deineka por el del “genio del marketing” americano. El texto “madre” procede del diario El País.
A veces me pregunto por qué estos detalles insignificantes me “ocupan” tanto tiempo y tanto espacio en mi cerebrito. Seguro que, por dedicarme a sobar estas cuestiones tan nimias, me estoy perdiendo “lo importante”, lo que la mayoría tiene en cuenta y valora, y discute y aplaude y disfruta y, lo que es más sustancial, aquello a lo que se le saca beneficio. Del tipo que sea, no me refiero solo, aunque también, al económico.












De entrada, los reseñistas, curadores o comisarios, (cuya solvencia intelectual alcanza últimamente simas históricas) del “mundo libre”, yo solito me descojono, se dedican a  “adornar”, con su prosa “McCarthysta” (por lo de la guerra fría y la caza de brujas, digo) a un artista “del otro bando” con calificativos como “propagandista” o “academicista” o “devoto” o “soviético” o “kitsch”. Y etiquetarlo a las primeras de cambio como “academicista al servicio del régimen”. Una vez cumplido la tarea de “situar” en su contexto “político”, es un decir, al pobre Deineka, pasan a patear el culo de “la utopia comunista” subrayando la “utilización” política del arte, y en concreto de la pintura del “realismo socialista”, impuesta por papá Stalin, para “ilustrar” y aleccionar a las masas trabajadoras sobre las “maravillas” del socialismo soviético.
De tal manera que, una vez bien encajonadas “las reses”, en espera de “instrucción”, se pase ante las obras en filita de a uno, y, ¡hala!,  a disfrutar de la “exótica muestra” y, sobre todo, “entenderla correctamente”. Por cierto, en contra del consejo que me dio el editor Lara, voy a introducir, porque sí, un temita del pasado. La exposición se celebra en la Fundación Juan March de Madrid. Sí hombre sí, la del banquero aquel que financió el golpe de estado de Franco, garantizándole, incluso, a “paquito”, un cómodo exilio en París en caso de, dios no lo quiso, fracaso. Figúrense que el señor March, en aquellos lejanos años treinta era, además del promotor-financiador de todas las intentonas golpistas contra la República, una de las diez primeras fortunas del mundo libre. Ahí queda eso. Pero volvamos a la pintura, queridos lectores, que es lo que, también, me interesa.















La exposición se titula, “Una vanguardia para el proletariado.”
Aleksandr Deineka (1899-1969), ilustrador, pintor y escultor es un artista que me gusta mucho, me resulta además de interesante, “estimulante” en mi condición, nostálgica, de ex pintor. Conocía algunas de sus obras, pocas, y por reproducciones. Como de costumbre, estar frente a la obra original es la única manera de poder apreciar “todos” los componentes que la conforman (sin ir más lejos, en el cuadro titulado “El portero”: las dimensiones, es decir la escala. En este caso concreto, es el tamaño original, y por lo tanto el encuadre, la composición, el que aporta la mayor parte del impacto que produce la visión del cuadro, ¿Se imaginan el “Guernica” como obra de caballete?) por lo demás magnífico por muchas razones.
Los “perritos anticomunistas” insisten en:
“Sus escenas de masas alegres, de mujeres felices en las fábricas, de campesinos entregados con devoción a la siega y, sobre todo, los jóvenes luciendo cuerpos perfectos y saludables conformaron una iconografía con la que la población se identificaba y se sentía parte del movimiento comunista.”
Efectivamente y como todo el mundo sabe y ahí esta la historia que lo corrobora, hasta que Stalin no dio orden de que los fieles adictos del régimen fuesen representados “felices, jóvenes y saludables”, la propaganda del poder, desde que se tiene memoria, los había representado, “tristes, decrépitos y enfermos”…en fin, que estos cabrones van a conseguir, con estas abstrusas tesis, que suavice mi opinión sobre el matón georgiano, al que tan poca estima profeso.











Y ahora, otro saltito: el tal Deineka debía de ser un estalinista de toda confianza, porque, “don José” le daba permiso para viajar fuera del paraíso soviético, incluso a los USA. Y de ese viaje han colgado tres paisajes pequeños, con pinta de bocetos, que son tres autenticas joyas. Dicen los redactores del catálogo que por su forma de enfrentarse a la figura humana, Deineka puede ser considerado el Hopper ruso, bien, pues estos tres paisajes están ejecutados con una “gracia” que no “conoció” mi admirado Hopper en toda su vida.











Miren, etiquetar a Deineka es, además de una estupidez, una tarea imposible. El tipo sabe tanto de pintura, ha mamado de tantas fuentes y ha mezclado o imbricado o fusionado, como gusten, tantas escuelas y vanguardias, que no hay manera de que se quede quieto en el anaquel que le pretenden asignar esos risibles encasilladores. Solo se puede afirmar que su pintura es “figurativa”, pero, por si acaso, yo tampoco lo diría muy alto.
También dicen: "Fue la figura más relevante y ambigua del realismo socialista a la vez que es innegable su vinculación a las vanguardias".
Y bueno, tuvieron un chispacillo de lucidez, en algo tendría que coincidir mi menda con los listillos “oficiales”.
En la obra de Deineka he podido apreciar influencias o evocaciones, diluidas o entremezcladas, de artistas de la vanguardia como Ródchenko, Malévich o Popova, hay tratamientos del color que recuerdan a Kandinsky y, a Chagall, en algunas figuras. También resuenan ecos del expresionismo alemán, el fauvismo y, como no,  la figuración del realismo mágico. Y el clasicismo aflora de forma contundente en sus mosaicos para el Metro de Moscú, cuya presencia e instalación, solo puede calificarse de ramplona, algo que por cierto caracteriza cada vez más los montajes de la fundación del banquero golpista. Y sí, claro que sí, hay algunas obras que se las podía haber ahorrado, malas, muy malas. Pero en esta muestra al menos, son una minoría que no le resta brillantez al conjunto. Para mí ha sido un gran placer visitar esta “expo” y poder trabar un conocimiento más amplio y profundo de la obra de Deineka. Sin duda, y según mis peculiares criterios artísticos, Aleksandr es uno de los grandes, así que, otro para la cole, que no altar.

ELOTRO

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