Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 29 de noviembre de 2011





No estaba sentado, en una silla fea y coja como la mesa, ante una vieja maquina de escribir Underwood. No sentía ningún terror paralizante ante el folio en blanco, ni tan siquiera ante el mazo de holandesas empaquetadas y depositadas incongruentemente dentro de una cestilla de mimbre sobre la desierta y polvorienta estantería. No poseía libros dedicados ni ediciones príncipe ni facsímiles ni viejos mapas ni antiguos manuscritos de propia mano o ajenos. No tenía a la vista viejas plumas de ganso o estilográficas ni soldaditos de plomo descascarillados  ni amuletos africanos desgastados. No tenía una negrísima piedra volcánica, regalo de un viejo amor, que hiciera la función de pisapapeles. No había a mano ningún diccionario. No los utilizó nunca, no tenía necesidad, decía. No había en las baldas ninguna foto enmarcada, o simplemente clavada en la rústica pared con chinchetas, de sus escritores favoritos. No confesó nunca su especial predilección por ninguno. No utilizaba cuadernos de apuntes, ni hojas sueltas ni servilletas de cafetería ni molesquines con gomita. No había dado, en los albores del día, el saludable paseo por el pinar cercano para despejarse, ordenar sus pensamientos y tratar de aclarar conceptos preliminares de la obra. No le gustaba andar, ni mucho menos madrugar. No penetraban las primeras luces del alba por la ventana con vistosos visillos situada a su izquierda, la que acostumbra dar al jardín. No estaban abiertas las contraventanas, no había jardín siquiera, era solo un arenal yermo poblado de escolopendras y en un estado de abandono y suciedad deplorable. No reinaba en la lúgubre estancia ningún silencio ni mucho menos sepulcral, había un chocante y enigmático trajín de ruidos,  a aquella hora tan temprana, que tampoco lo era tanto. No había tonos anaranjados ni violetas colgados sobre el horizonte porque no era la hora y porque esa región era la residencia permanente de los cielos grises y tristes. No dormía, ella, con una enorme y gastada camiseta de él como pijama, en el dormitorio de arriba. No, la dacha constaba solo de una planta baja, sin buhardilla ni doblao y también carecía del típico  sótano con bodega. No, tampoco había “ella” y él de siempre solo utiliza camisetas tipo “imperio” de tirantes y gayumbos largos, blancos, un conjunto anti-lujuria. No se veía ningún cenicero rebosante de colillas retorcidas y apestosas. No fumaba. No bebía alcohol, así que ya se pueden imaginar que no había botellas vacías ni de ginebra ni de  bourbon ni de güisqui artísticamente esparcidas por el suelo. No había comodidades en la casa, por decirlo de forma benevolente, aunque él no era para nada ni espartano ni austero. No tenía una idea precisa de qué quería escribir, ni resaca que le inspirara o le bloqueara, de hecho él era el único de la cuadrilla que nunca dijo que la escritura sería lo único que podría dar sentido a su vida. No era poeta, tampoco hacía versos con sus experiencias o sus excrementos. No era especialmente quejica ni llorica, al menos en público. No sentía ninguna necesidad de darle sentido a su vida, sabía que no lo tenía y no creía, además,  necesitarlo. No quería una vía para conocerse a sí mismo, no más; no se caía bien; no necesitaba matar a su padre ni vengarse de su madre ni humillar a su ex ni avergonzar a su cuñada ni buscar explicaciones al absurdo de la existencia. No creía que en el hecho de escribir pudiese encontrar el menor consuelo. No le interesaba la vida de los demás ni el más allá ni otras geografías exóticas ni otras zarandajas, así las calificaba,  por el estilo. No quería que le quisiesen los demás en general. No se sentía nada, y menos escritor. No tenía ninguna ambición literaria. No había sido ni era escritor. No sabía qué cojones hacía allí, o qué o quién lo había arrojado allí, en ese extraño, tedioso y aburrido lugar…
Yo tampoco sé, ni deseo saber, qué lugar era aquél ni por qué escribí ésto. No, no lo sé, y no padezco por ello, aunque sospecho que…

ELOTRO

jueves, 24 de noviembre de 2011

La Caballería Roja. Creación y poder en la Rusia soviética de 1917 a 1945









La exposición se centra en los años que van desde la marcha de la primera caballería roja en la Guerra Civil (1918-1921) a la intervención de la caballería roja en la Segunda Guerra Mundial (1941-1945). El título alude también a dos obras maestras homónimas de la época: el libro de relatos de Isaak Bábel y la famosa pintura de Malévich, que abre la exposición.
(Catálogo de la exposición en “La Casa Encendida”)









La Caballería Roja presenta el panorama artístico-cultural de los años 20 y 30 en la Rusia soviética en cuanto a la colaboración, voluntaria y entusiasta en algunos casos, impuesta y forzada en otros, de los creadores (escritores, músicos, artistas, directores teatrales y cineastas) en la construcción del socialismo (sus experimentos, sus compromisos, sus sufrimientos) y analiza las políticas culturales de Lenin, Stalin y su entorno.
(Catálogo de la exposición en “La Casa Encendida”)










La Caballería Roja es una especie de viaje desde la energía artística de la vanguardia que acompañó el estallido y los primeros pasos de la revolución (y sus tanteos y estrategias para conectarse con la nueva realidad social que se estaba construyendo) hasta la aniquilación de cualquier talento creativo por parte de Stalin al final de los años 30. Reúne materiales muy diversos, desde obras maestras de la vanguardia hasta algunas piezas significativas en la estética del realismo socialista, desde manuscritos de los poetas de la edad de plata -Ajmátova o Mandelshtam-, las sátiras de Bulgákov o Olesha y las obras de los llamados compañeros de viaje -Bábel, Pasternak o Pilniak-, hasta las novelas heroicas que se escribieron para ensalzar las grandes obras de los planes quinquenales.
(Catálogo de la exposición en “La Casa Encendida”)





“En la exposición puede verse la película “La dama y el gamberro”, dirigida y protagonizada en 1918 por Vladimir Mayakovski. Se trata de una verdadera joya del primer cine revolucionario, además de ser una perfecta muestra de la polivalencia y complejidad de este poeta, agitador, publicista, dibujante, dramaturgo, actor y cineasta, cuya influencia fue decisiva en todos los ámbitos del arte soviético hasta su muerte en 1930.”
(Catálogo de la exposición en “La Casa Encendida”)





“Pienso y pienso. Y no puedo entender nada. ¿Qué está pasando? ¿Cómo es que de pronto tenemos tantos enemigos? Todos son gente que conocemos de años, que han estado junto a nosotros. ¡Camaradas del ejército, héroes de la Guerra Civil, viejos hombres del Partido! Y, por alguna razón, prácticamente han desaparecido tras los barrotes e instantáneamente han confesado que son enemigos del pueblo, espías, agentes de los servicios de inteligencia extranjeros. ¿Qué está ocurriendo? Creo que me estoy volviendo loco.”

(Mijail Koltsov, 1938)



 
“Pensar que vivimos los mejores años de nuestras vidas durante la guerra, cuando mataban a tanta gente, pasábamos hambre y mi hijo estaba condenado a trabajos forzados”.

(Anna Ajmátova).






Por lo que puede uno leer por ahí, y por los insultos que uno mismo recibe en su propio blog, parece que se vuelve a poner de moda el que te llamen “carcamal estalinista” a poco que opines que la sopa está fría.
Quizá venga a cuento estas líneas de Haro Tecglen:
“Quién me hubiera dicho que los fascistas que me obligaban a escribir un artículo iban a ser los que, pasado medio siglo, me acusaran de fascista por haberlo escrito: o sus herederos. Y los del limbo, que ignoran que miasma es palabra escrita en tiempos de dictadura asesina, me mirarían con reprobación. ¿Y los estalinistas? Sus arrepentidos me llaman estalinista: y los otros. Se puede unir todo: fascista estalinista, o estalinofascista. Ah, sí, dije en este periódico: "Gracias Stalin". Tengo tres razones: por la ayuda a la República, por las brigadas internacionales, por la acogida a los niños españoles huidos de la guerra y del fascismo. Claro: gracias, Stalin. No lo digo en bonito verso, como algunos de los que me acusan solían hacerlo. “
Era perro viejo y se defendía bien, el Eduardo. El caso es que es tal la ignorancia reinante y la poca vergüenza de los que no ignoran pero hacen como que sí, que consiguen hacer mella con sus tergiversaciones hasta en aquellos que saben que son la versión “facha-demócrata” de sus papás y abuelos fascistas.



Y alguno dirá, vale, pero esto, ¿a cuento de una exposición sobre el arte en la Rusia soviética del 17 al 45? Pues sí, majete, pues sí. Pero no por gusto, que servidora también está hasta el chichi del Stalin de los cojones. Y no por haber sobao y mojao el temita en charlas de café, sino por haber sufrido la prueba del algodón estalinista en las “propias cannes”.  Y eso que, “¡ella no quería oiga, ella no quería!”
Entremos en materia. La exposición, según y como, me parece muy ilustrativa. En principio, la toma del poder por parte de los bolcheviques, provoca, libera, también una autentica “revolución” en el mundo de las artes, (cosa que impedió el antiguo, corrupto, criminal y feudal régimen zarista, salvo en raras excepciones) bueno, la relación causa efecto no se puede decir que esté muy enfatizada en la expo, por eso lo hago yo.




La arquitectura, la pintura, el teatro, el cine, la literatura… todas las disciplinas, sufrieron una transformación radical en sus formas, sus contenidos, y en su inserción en la nueva sociedad, es decir en el nuevo papel que podían jugar. Se me viene a la memoria algo que ya he repetido hasta la saciedad y que comenté en alguna entrada sobre la Bahaus.
 Por primera vez en la historia, los arquitectos, a la hora de pensar las viviendas de la mayoría, parten de unas premisas tan elementales cómo preguntarse quién las va a habitar y que necesidades tiene y cómo con el diseño, los materiales, el mobiliario, la orientación…podemos favorecerlas, hacer viable el confort, también a la plebe. ¿Qué cosa más extraordinaria, verdad?



Claro que esto que hubiese beneficiado a millones de personas, (tanto la experiencia soviética como la alemana fueron aniquiladas) no sirve para que “el genio” de turno pase a la posteridad como “el más innovador”, “el más atrevido”, “el más caro”…o el más innecesario, el más contaminador, el más millonario… y el más solicitado por los sátrapas (aunque debo de reconocer que el sueño de mi vida era casarme con una sexóloga viciosilla y amante de lo “exquisito” en tirada limitada, tener un avión privado y un modesto estudio a orillas del Támesis para salir en las portadas de los dominicales). Y quien dice de los arquitectos, dice de cualquiera de los otros “seres superiores” que por que hacen, de vez en cuando, versitos, pregones o pinturitas se creen seres de otro “nivel”, no sé si me explico con suficiente claridad…no se trata, por mi parte,  de negarle el pan y la sal a nadie, sino más bien de pedirles que se bajen del globito en el  que están porque, más temprano que tarde, el hostión va a ser brutal…









Y luego vino el tío Paco, Stalin, con la rebaja, ya avisó Lenin, tarde y solo al Comité Central,  de que a este pájaro había que atarlo en corto porque tenía un ego comparable al de cualquier arquitecto “de éxito” y un deseo de destacar propio de un escritor español o argentino o peruano-español, además de un espíritu sanguinario propio de un secretario de estado americano, en fin, que “papasito” consiguió algo extraordinario, a parte de eliminar físicamente a cualquiera que se le antojase, consiguió, digo, que la pintura, la poesía, la arquitectura, la música, el teatro, de los…Mayakovski, Mandelshtam, Ajmátova, Bábel, Bulgákov, Tsvetáyeva, Platónov, Malévich, Shostakóvich…  que entonces, sin ninguna duda razonable, formaban el grueso de la vanguardia del arte occidental, fuese sustituido por unas obras estúpidas, falsas, irreales, sin imaginación, toscas, propagandistas,  torpes incluso desde un punto de vista académico-anacrónico…hasta tal punto es así, que uno tiene la sensación de haber equivocado el “sentido” cronológico, en varios siglos,  de la expo…





Pero no, las cosas fueron así, una vez en el poder, todo se subordinó a un solo objetivo, la permanencia en el poder. El partido ocupó el Estado, se fundió con él, se hizo Estado, y puso en marcha una variante capitalista, el Capitalismo de Estado, que visto lo visto, era la otra cara de la  misma mierda.
Afortunadamente nos queda el disfrute de la obra de los Mayakovski, Aj…….
Y la determinación de volverlo a intentar, la revolución, digo, aprendiendo, de una puta vez, de los errores…
Salud y comunismo.

ELOTRO

martes, 22 de noviembre de 2011

Otrerías








Su  ideología se consolidaba al tiempo que  sus ideas se desmoronaban.
***
La nada estaba completamente llena de vacío. Bueno, y algunas chucherías.
***
Al otro lado del espejo solo acampa el mimetismo.
***
Iban pertrechados con la razón, o sea, mal.
***
Porque en cuanto pierdo el contacto con la realidad dejo de sentirme vacío y estúpido.
***
¿Quién entiende el empeño de pasar por entendido?
***
Se trata de no  buscarle porqués a “todo”, a la  “nada” ya es otro buscar.
***
Ya es tarde para empezar por un final intemporal.

ELOTRO

***

domingo, 20 de noviembre de 2011

¿Cuántas realidades caben en la realidad?





Paseaba, abismado en mis pensamientos, por el paseo de Recoletos. Esto suena intelectual que te cagas, pero más que pensamientos en plural, sobaba un solo pensamiento. Acababa de tomarme una cerveza, tirada además sin ninguna gracia,  en la terraza del Café Gijón y me habían propinado un palo de no te menees, ¿sería por la media docena de olivitas con las que la acompañaron? Por gilipollas, andaba diciéndome; ni que fueras un turista “accidental”, a quién se le ocurre…
En esas mezquindades peseteras me revolcaba cuando, a unos metros por delante de mí, caminando en dirección opuesta y en compañía de una mujer con la que conversaba, lo vi. Sin duda era él. EVM. De modo que allí estaba el rey de la metaliteratura, pensé. Me olvidé de la cerveza meada y del palo recibido y me dirigí decididamente hacia el que por entonces era uno de mis escritores favoritos. Sí, todos los lectores tenemos un pasado, ¿pasa algo?
Es usted EVM, le pregunté absurdamente. Con un leve gesto de cabeza y algo sorprendido por el brusco abordaje, asintió; le estreché la mano y le saludé “de parte de un lector agradecido”; “ya me figuro”, fue todo lo que dijo. No es mucho pero qué carajo iba a decir, no creo que lleven aprendido un guión para estos ridículos e inesperados abordajes. Además esta gente, cuando escribe, se explica muy bien pero la mayoría de ellos cuando hablan sin papeles parecen tarados. Nabokov decía niños de cinco años. En vista de que a mí tampoco me resultaba muy cómoda la situación, me despedí alegando, mientras miraba a su acompañante, que no deseaba molestar más. Por la expresión de su cara, la de él, creo que  quedó un poco desconcertado o quizás el saludo le supo a poco. ¿Estaría acostumbrado a saludos y halagos más efusivos? ¿Llevaría consigo fotos metaliterarias para dedicar a sus fans? ¿Creyó que debería haberle pedido un autógrafo? Vete tú a saber…
Era la primera vez en mi vida, y espero que la última,  que saltaba del mundo real al planeta literario-cerebral para saludar “realmente” a uno de sus urdidores.   






Continué mi paseo y volví a sumirme en el universo de malestar “pesetero-cervecero” en el que ya braceaba antes del inesperado encuentro con el creador de mundos en paralelo a nuestra mugrienta y sórdida realidad. ¿Cuántos mundos paralelos caben dentro de la realidad? ¿Y fuera? Yo pienso que eso no lo sabremos, a ciencia cierta,  hasta que no se aclare lo de la velocidad de los neutrinos.
Me acordé entonces del “Túnel de la risa”, que, en paralelo pero bajo tierra, esa misma que pisaba, recorría, y recorre todavía, el paseo de Recoletos. Ahora “es un túnel real” con multitud de trenes atestados de viajeros, y comunica la estación de Atocha con la de Chamartín. Hace cuarenta años era un “mundo paralelo”, desconocido para la gente ordinaria, la misma que hoy lo frecuenta. Bajábamos allí, (no recuerdo cómo nos colábamos) unos cuantos golfillos hispano-cubanos (Raúl, Sergio, Alexis, Cobos…) a sumergirnos en lo que nos parecía un  “submundo secreto” donde gritábamos, fabulábamos, reíamos, meábamos o nos tirábamos a la bartola, huyendo de lo mugriento, lo inhóspito y lo vulgar que reinaba en la superficie. Intentábamos, como tantos chavales preadolescentes crear un espacio-refugio donde la vida no tuviera que cargar con el apestoso lastre de “lo real”. Un espacio donde instaurar nuestro propio desorden. (“La vida allí, sería fácil, sería simple. (…) Cada mañana iría una asistenta”. Las cosas / G. Perec)
Alexis volvió treinta años después a contarme que tenía una empresa de catering en Miami y que servía canapés en las fiestas de la Estefan y de Stallone…y que en cuanto muriese su viejita se vendría a vivir a España…
Pues sí, ya estamos donde solíamos. Decía Torrente Ballester que en su obra la razón estaba contaminada por la fantasía y la fantasía por la razón. Los mundos paralelos se entrecruzaban y en ciertos tramos se fundían hasta conseguir levitaciones asombrosas…no sé con que intenciones contamina Perec la idílica fantasía introduciendo a la asistenta…tampoco sé por qué el poeta novísimo titula Fámulo si aquella “realidad” tanto le laceraba…
Me parece que la tan vilipendiada realidad es como el fantasma comunista de Carlos y Federico, que lo expulsan por la puerta y vuelve a colarse por la ventana.



Tiempo después, en un video promocional, la “ineludible” realidad contamina al urdidor de mundos paralelos, (ya sin ningún disimulo insertado confortablemente en la antes denostada realidad; mudanza de la que no ve por qué se ha de avergonzar) no en forma de asistenta sino como librería hasta el techo lacada en blanco en piso nuevo. Y no suficientemente contento con aquel posado ridículo y ostentoso, lo reboza con la constatación ¿impúdica? ¿más vieja que el andar p’alante? de que “el lector actual se inclina decididamente por la literatura más idiota”. Y que dure esa “realidad idiota”, supongo yo que diría para sus adentros…

“Les habría gustado ser ricos. Creían que habrían sabido serlo. Habrían sabido vestir, mirar, sonreír como la gente rica. Habrían olvidado su riqueza, habrían sabido no exhibirla. No se habrían vanagloriado de ella. La habrían respirado. Sus placeres habrían sido intensos. Les habría gustado andar, vagar, elegir, apreciar. Les habría gustado vivir. Su vida habría sido un arte de vivir.”  (G. Perec / Las cosas)


ELOTRO

***

viernes, 18 de noviembre de 2011

Qué líos...





Un día, después de follar, me armé de valor y  se lo dije.

-No soy feliz, Fernando.
-Javier… ¡hostias! ¡J-a-v-i-e-r!
Fue su destemplada respuesta.

-¿A qué viene lo de  Fernando? – me espetó
- A nada. Pero esa no es la cuestión. –le dije
- ¿Cómo que esa no es la cuestión? Según tú, ¿Cuál es la cuestión?
- La cuestión es que no soy feliz, cariño…
-¿No eres feliz con Fernando?
-No, cariño, no soy feliz contigo…ummm...
-Javier… ¡hostias! ¡J-a-v-i-e-r!
-Eso… Javi, perdona. No soy feliz contigo Javi…cariño.
-No eres feliz o es que yo no te hago feliz…
-Estoy hecha un lío…no sé…cariño.
- Y Fernando, ¿te hace feliz?
-No sé…estoy hecha un lío…cariño.
-¿Estás hecha un lío con Fernando o con Javier… ¡hostias! ¡J-a-v-i-e-r!?
-Estoy hecha un lío con… Javier… ¡hostias! ¡J-a-v-i-e-r!
- ¿Y Fernando?
-Él dice que puedo volver cuando me deslíe pero…
- ¿Y?
-No sé… el caso es… que estoy hecha un lío… y no soy feliz… ummmmm…cariño.
-………

Puso cara de ¡Qué carajo!, no pronunció palabra y se dirigió muy decidido al cuarto de la costura, donde la Singer de su madre.

-Tesoro, adónde vas con los  ovillos… -alcancé a decirle mientras salía dando un portazo.
- A tu casa cariño, a regalárselos a ummmm…Fernando. –pude escuchar  con sordina tras la puerta.

Y mucho tiempo después aquí me tienen, sola, en medio de un dédalo de dudas y sin hilo y sin ovillo y sin Fernando ni  Javier… ¡hostias! ¡J-a-v-i-e-r! (tengo oído que hay lío)  
Yo, por mi parte desliada, pero… no soy feliz …ummmm... cariño.

ELOTRO

***

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Afortunadamente el dolor “de las cosas” sí tiene remedio.






No sé dónde,  leí esto: “el inmóvil sufrimiento de las cosas inanimadas…”; y no sé por qué, (aunque sospecho que con la edad me estoy convirtiendo en un espíritu muy, demasiado quizá, influenciable, fácil de engatusar) pero tras esta inesperada “revelación”: miro, huelo, toco, oigo y en cierta forma saboreo  estas “cosas” con otro apego, desde un punto de vista más cercano, más jóndo.
Nunca había prestado el menor interés hacia “las cosas inanimadas”, o sea, ni puto caso. Reconozco esta mácula en mi conciencia. Y luego pasas de “ni puto caso” a “no hay otra cosa más importante” en mi vida. ¿Soy un puto veleta?
Pero, acaso, me pregunto, no existen multitud de seres “animados”, con vida orgánica, que viven, o sobreviven, soportando los más variados sufrimientos inmóviles e incluso móviles. ¿Hay alguien, excepción hecha de esos viciosos que todos sabemos, los de los dildos, digo, que necesite añadir a su lista de seres “animados sufrientes” una lista nueva de “objetos sufrientes inanimados”? ¿Es entonces el sufrimiento, afecte a los seres o a las cosas,  una fatal droga adictiva  que, una vez que nos atrapa en sus redes, nos obliga, sin más alternativa, a aumentar constantemente la dosis hasta el big bang final? Hay gente que muere porque se le dispara la pistola mientras la limpia. ¿Hay ahí dos sufrimientos inanimados? en el después, digo.
Y otra, ¿Cuando hayamos agotado el sector “cosas inanimadas”, hacia dónde dirigiremos nuestras búsquedas y prospecciones en pos de nuevos yacimientos de  sufrimiento? (Como verán, cuando me pongo a improvisar el papel de pedante, puedo alcanzar simultáneamente la cima de la lógica y la sima del absurdo.) 




Inmediatamente después de la accidental y reveladora lectura antes citada, mi pensamiento fue colonizado, sin que mediara mi voluntad,  por una “cosa sufriente inanimada” que me acompaña desde hace años: mi taza “favorita” de desayuno (Recuerdo del chapapote de Muxía). Pero mi mente no situaba la pieza en el rutinario momento en el que, muy de mañana, la extraigo del armario de la cocina; ni cuando la lleno con café y con leche o cuando la coloco en el plato giratorio del microondas sus sesenta segundos habituales; no, la situaba precisamente algo más tarde, cuando reposa en el fregadero ya muy desmejorada, manchada de café y con algún grumo de galleta pegado en su borde. Esa tristísima visión, (¿¡Dios, cómo pude estar tan ciego durante tanto tiempo!?), me revuelve el estómago, y ahora veo claramente lágrimas en donde antes veía vulgares gotas de café resecas y sanguinolentas costras de heridas en los aparentes grumos viscosos de los restos de Digestive. La taza, ahora,  me interpela,  me grita su dolor, llora como una descosía, que sufre, vamos. Y yo, recibo el pellizco, me doy perfecta cuenta del sufrimiento inanimado que la embarga y procuro hacerle ver que ya no soy indiferente a su dolor, que lo he sido hasta ahora, de acuerdo, pero sepa usted, señora taza, le digo, que esa insensibilidad: “Nunca mais” (que por cierto es el slogan que lleva  serigrafiado).
Luego me arremango y comienzo el fregoteo con unas gotitas de “Fairy” vertidas en el estropajo de fibra más esponja “Scoth-Brite”. Y la sonrisa y el optimismo vuelven a reinar en mi hogar.
Supongo que las mentes más despiertas “captan” el masaje, ¡es tan subliminal!, y no necesitan superfluas explicaciones. Ya saben, o deberían saber, que siempre procuro ahorrar obstáculos a la comprensión de los útiles masajes que encierran, esparcen  u omiten,  mis relatos. Y hasta aquí puedo teclear porque los caracteres en la red son oro. Pero atentos al masaje:
¡Qué poquito nos cuesta, (y además siempre hay ofertas de 3x2) evitar el sufrimiento de las cosas inanimadas!
(La cursiva es para los colegas  más obtusos, que también son criaturitas del Señor. Los demás ni puñetero caso.)

ELOTRO

***

lunes, 14 de noviembre de 2011

Releer a Baroja





Ha sido una gozada releer “La lucha por la vida” de Baroja. Han pasado muchos años y la verdad es que prácticamente no me acordaba de casi nada, di del qué ni mucho menos del cómo. Tenía un recuerdo muy escaso de esta trilogía y si me apuran muy poco “real” y, como he podido comprobar, bastante “fantasioso” que, para colmo, no hacía justicia a don Pío. Claro que hasta los más borricos a fuerza de mucho leer vamos aprendiendo, eso me parece,  a valorar,  apreciar y disfrutar ciertas “cosas” que en los principios se nos escapaban (qué descripciones, qué diálogos, qué precisión, qué economía a lo “Rulfo”, y ni rastro de sentimentalismo ni cursilería a la hora de mostrar) o se nos ocultaban, a pesar de tenerlas delante de las narices. Y eso mismo te lleva a preguntarte cuántas “cosas” se te siguen escapando hoy.
Me ocurrió con la pintura y ahora me está pasando lo mismo con la literatura. Hay que aprender a “leer” como hay que aprender a “mirar”. Mirando y leyendo mucho, despacio, las prisas son para los malos toreros, y atentamente, como si aquello, ¡qué cosas!, fuese algo placentero. Y luego volver a mirar desde todos los ángulos posibles y volver a leer y releer, y, como decía aquel: ver y oír lo que hay detrás de las palabras. Y de las formas, y de los colores, y del vacío…
Baroja nos cuenta el Madrid de 1900, sus calles, sus plazas, sus cementerios, sus crepúsculos. Nos lleva a los toros, nos relata las primeras proyecciones del cinematógrafo, nos mete en las asambleas de los anarquistas, en los casinos ilegales, en los prostíbulos, en la cárcel, en los juzgados, en las iglesias, y lo hace desde un lugar diametralmente opuesto a lo que podríamos llamar “la visión turística”…y nos dibuja, con toda su crudeza y con gran compasión,  todos los tipos humanos de la escala social y como se relacionan, o no, y como se “lucha por la vida” en el famoso poblachón manchego. Y todo ello con una prosa que… no me extraña que Hemingway… 
Leyendo a Baroja vislumbras el motivo principal por el que Borges lo ninguneaba y lo despreciaba, al igual que hacía con  Roberto Arlt, Chéjov, Antonio Machado...
Eran éstos autores que “también” observaban y  escribían sobre la gente convencional (dándoles “lugar” y respetando su voz y permitiendo su “existencia” en el relato), mayormente de clase baja, plebeya, triste, poco heroica, comedores y sorbedores de sopa de repollo, gente humilde, iletrada, ordinaria, vulgar, de la que su sola existencia, vaya por Dios,  delata que este mundo no debe de estar del todo bien hecho ni, lo que resulta más desalentador, en vías de poder corregirse…
Y además, como decía Baroja, hay que comprender que existen gentes, videntes o invidentes,  que es desvergonzada por razón de oficio

ELOTRO

***

viernes, 11 de noviembre de 2011

Improbables diálogos (7)





ELOTRO

-Después de lo del “Prestige”, ganaron las elecciones en Muxía por mayoría absoluta.

ELLA

-Después de cuarenta años de dictadura, el ex secretario general del movimiento fascista, Suárez, ganó las primeras elecciones “democráticas”.

ELOTRO

-Después de desmontar y desactivar el movimiento obrero, el ciudadano, el feminista, el ecologista… y engañarnos con la OTAN, ganaron dos elecciones “democráticas” más.

ELLA

-Después de robar dinero público en Valencia, Murcia, Castellón, Madrid, Palma de Mallorca, Andalucía, Cataluña, Navarra, País Vasco, Huesca, Ciudad Real… e inflar la burbuja inmobiliaria y hundirnos en la crisis, siguen prometiendo que ellos se encargarán de la transparencia, la austeridad y la lucha contra la corrupción. Y van a ganar por mayoría absoluta. No escarmentamos.

ELOTRO

-Ya veo…



***

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Una habitación con vistas









A decir verdad no era una habitación, era una nave en un segundo piso, unos 200 metros cuadrados casi diáfanos, con unos ventanales amplios, mucha luz natural. Te helabas en invierno y te cocías en verano pero ese espacio era la hostia para trabajar, se acabaron las coartadas basadas en “la falta de medios”. Había sido la oficina y el almacén de la sede madrileña de una fábrica de pinturas catalana. Allí tuve mi taller de grabado y pintura. Allí viví y trabajé durante tres años.












Las vistas no eran muy allá, orientadas en dirección a Florencia, sí, pero demasiado lejos: en primer plano naves industriales, a la derecha un edificio de dos plantas habitado por una cantidad inverosímil de inmigrantes, de esos que se caen de los andamios, (y bellas “inmigrantas” a las que miraba embobado cuando salían al mini-balcón-tendedero a secarse el pelo o a tomar el sol) en tránsito ellos y ellas hacia vete tú a saber dónde y pegado a este, un piso en el que tenía su sede una asociación de alcohólicos anónimos.





Una mañana mientras desayunaba junto al ventanal tuve un susto de muerte, parecía que unas ondas invisibles destrozaban el edificio. A unos doscientos metros, según supe unos minutos después, había estallado una bomba etarra; un lugar del polígono industrial, cerca de la boca del Metro,  por el que pasaban miles de trabajadores todos los días, yo mismo y a esa hora más o menos cientos de veces. Por la zona se encuentran, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, una importante sede de Hacienda, EL PAÍS, un cuartel de la Policía Nacional, pero claro estos sitios suelen estar muy bien protegidos y vigilados y los valientes “gudaris” hubiesen tenido algún contratiempo molesto antes de  salir corriendo…




Durante unos segundos, que parecieron siglos, estuve paralizado por la sorpresa y el sordo estruendo que hizo temblar las paredes y los cristales del ventanal. Esa bomba no produjo daños personales aunque sí cuantiosos daños materiales. Eso dijo la prensa y la televisión, ya se sabe que si no hay muertos para la hora del telediario...




Desde esa misma ventana tomé la foto de los edificios, y luego hice estos fotomontajes… para tener un recuerdo de los anónimos e inmigrantes y no olvidarme de los cobardes de las bombas.

ELOTRO

***