Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 31 de octubre de 2011

Morfeo, tío



-Morfeo, tío, ¡Morfeo!; “que estaba en brazos de Morfeo”, me dijo,  ¡su propia madre!... ¡cagüensos! ; un domingo, tío, a las once de la mañana, tío, en la mismísima casa de sus padres, tío. Tenías razón, tío, todas, tío, todas lo son, todas, todas…
ELOTRO

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miércoles, 26 de octubre de 2011

"Viene uno cansao del quirófano y p'a hostias estás"





El pasado 5 de octubre sufrí un desprendimiento de retina en el ojo derecho (un D.R. en el argot médico), sí, el derecho (¿por falta de uso?). El día 13 pasé por el quirófano. Hoy día 26 termina lo peor del post operatorio. Primero, en el preoperatorio, tuve que estar una semana en reposo absoluto, tendido boca arriba y sin almohada. Se trataba de contrarrestar la ley de la gravedad y así evitar que el desprendimiento fuese a más mientras corría la lista de espera. Como el personaje de Perec tienes tiempo de explorar los techos y catalogar sus grietas y humedades y fantasear con sus sugerentes formas mientras el dolor de riñones te crispa los nervios y las noches se te hacen eternas a la espera del sueño o algún rato de improbable descanso…

Después de la operación han sido dos semanas con la cabeza permanente agachada mirando siempre hacia abajo. Una vez más para utilizar a favor la ley de la gravedad. Resulta que te pegan la retina y te inyectan gas en el globo ocular. Y ya sabemos hasta los mas ignorantes la querencia que tienen los gases por tirar p’arriba. Pues eso, que si te colocas boca abajo y el gas presiona hacia arriba lo hace sobre la retina y esto ayuda a que “el pegado” resulte exitoso. Si la semana “pre” se hizo eterna ni les cuento las dos semanas “post”.



Todo empezó un día que amanecí con una cortinilla turbia salpicada de micropuntos negros y unas volutas negras y grises (moscas en el argot médico) que bailoteaban caprichosamente delante de mi ojo derecho. No le di gran importancia y pensé que podría ser “suciedad” debida a alguna pequeña infección ocular. Me auto mediqué unas gotas de colirio y al poco pensé que puesto que la “suciedad” empezaba a remitir el episodio no iría más allá. Craso error, el día siguiente a las ya familiares volutas y puntitos se les sumo un nuevo elemento: era como si el ojo se me hubiese inundado. Algo así como cuando te entra agua en las gafas de buceo. En mi caso era agua roja, luego supe que era un derrame provocado por el desprendimiento. Con el paso de las horas el nivel de la inundación va subiendo y el nivel de visión va bajando en la misma proporción. El canguelo se va apoderando poco a poco de uno.



Mi médica de cabecera, que ese día era la sustituta de la sustituta, me dijo que aquello era una urgencia y que debería de haber ido a “urgencias” y que disculpara que se le cayeran los mocos pero es que estaba muy acatarrada y que tuviera paciencia porque la impresora se suele tomar su tiempo en emitir el volante…y que saliera cagando leches, por mis propios medios, hacia el hospital…




Con mi papelito en la mano y mi tarjeta sanitaria me fui al hospital en el metro. Llegué al mostrador de urgencias y… había cola. Delante tenía a un joven con pinta de estar muy malito acompañado por dos mujeres con pinta de estar muy preocupadas. La funcionaria de “admisión” le pedía los papeles y el aspirante al ingreso le decía que no los llevaba encima. “¿Ningún documento?” Le preguntaban, “ninguno” respondía. Sus acompañantes no decían esta boca es mía. Le preguntaron que de dónde era y respondió que de Bosnia. “Yugoeslavo entonces”, afirmó la funcionaria. “No, no, b-o-s-n-i-o”, subrayó el presunto bosnio en un tono firme…y en esas, cuando el conflicto balcánico amenazaba con recrudecerse, se incorporó al otro lado del mostrador de admisión, a modo de refuerzo, otra funcionaria que dijo muy zumbona : “A ver, el siguiente”, ¡Servidor!... estuve a punto de responder, como en el cole, pero no, traté de poner cara de estar muy malito y le alargué los papeles. Me pidió además el dni, lo miró y remiró y luego comenzó a teclear en el ordenador. Al cabo del rato me preguntó, “¿usted de dónde es natural?”, “de dónde pone el dni” le dije con cara y tono de mala leche. Se levantó y se fue a consultar algo con su compañera, la “yugoslava” y volvió a su puesto a mirar con cara de súplica a la impresora y pude ver que cruzaba los dedos…al cabo de otro rato me dijo: “Luis, espere por ahí… que en cuanto salgan los papeles le llamaran los doctores”





Esperé y esperé…y por fin sonó la megafonía “macarronica” del hospital ( el más grande de Europa, se decía con orgullo patrio en los setenta)… “¡Atención Luis López…pase por la puerta número 2… Atención…Luis…!”…”Perdone, dije, me están llamando pero ustedes aún  no me han entregado los papeles”…”Espere, espere…porque sin papeles no puede pasar…” mientras tanto la sala de admisión y la de espera iba llenándose a buen ritmo de enfermos con y sin familiares acompañantes y cada vez más quejosos e impacientes…algún tiempo después que me pareció excesivo vocearon mi nombre desde el mostrador y me entregaron los papeles…pasé por la puerta 2, y me espetaron…”usted,  ¿por qué pasa?...¿cómo se llama?”...”porque me han llamado por megafonía…Luis…” “Pues se le ha pasado el turno…espere un momento que terminemos con este señor”. El señor era el presunto bosnio sin papeles, al que pude observar algo más demacrado y cabreado. Por fin me interrogaron y me colocaron la pulserita de identificación y a partir de ese momento todo fue celeridad, amabilidad y eficacia. Salí del hospital dos horas después, cinco minutos más tarde que el “artista” bosnio, con todas las pruebas del preoperatorio realizadas e inscrito en la lista de espera para cirugía.




En la consulta del centro de oftalmología donde sería operado, pude conocer a la doctora que iba a operarme, una especie de socias de “House” en hembra. Cinco minutos dentro de la consulta rodeado de batas blancas que te miran con linternas mineras tu fondo de ojo, y ya sabes quien manda allí. Y por lo que a mí respecta , te alegras de que así sea. “Este paciente tiene el ojo izquierdo sin dilatar…A ver chicos escuchadme todos y tomad nota: todo paciente nuevo debe ser dilatado en sus dos ojos. Hay que explorarlo completamente. Esto es una regla de oro, no lo olviden.” Después de este aviso general, le dijo a la doctora que había abierto mi expediente, “Ya sé que en el informe del hospital te dicen que el izquierdo está bien, pero tú no debes de fiarte. ¿Acaso crees que hay alguien allí que sepa “de retina” la mitad que tú? Haz siempre tu propia exploración”. Cuando me dilataron el ojo izquierdo, “la house” comprobó y así se lo hizo saber a su joven ayudante, que en el ojo izquierdo también había unas pequeñas lesiones que debían ser preventivamente corregidas con láser. En definitiva salí de allí, casi completamente ciego de los dos ojos, de broma le dije a la joven doctora, si había quedado claro que el desprendimiento de retina era en el ojo derecho, “claro hombre no se preocupe”, me dijo un poco ofendida…y luego se dio cuenta y añadió: “disculpe que le de a firmar las autorizaciones cuando no puede leer usted lo que firma, pero es que no me he dado cuenta…”, en fin ya digo, bendita “house” …


La operación fue visto y no visto…jejeje. Duró poco más de una hora, anestesia local. Mi cirujana favorita “radió” toda la operación. Se ve, otra vez jejeje, que aparte de alguna ayudante, allí había alguien más aprendiendo “in situ”. Esta bien que esta gente sea generosa con sus saberes y habilidades. Cuando terminó, me dijo: Bueno Luis te has portado muy bien, qué cabrona, ya hemos terminado, ha salido todo perfecto, voy a comunicárselo a tus familiares.
Y fuese.




Aunque se trate de una tentativa de agotar un percance visual…no voy a extenderme en la enorme variedad de “historias” con las que uno se  codea en las salas de espera; las hay para todos los gustos y públicos. Y todas son muy instructivas, y espero no olvidarlas antes de pasarlas al papel…con la que se avecina con los “nietazos” franquistas liquidando lo poco que han dejado en pie de “lo público” los sinvergüenzas del PSOE.



Me está costando trabajo escribir este texto. Aparte de mi poca destreza con las frases cortas y largas y medianas, resulta que por el ojo operado, todavía veo mal, borroso y como doble…pero eso no ha impedido que los últimos días haya podido leer, despacio, muy despacio, dos libros. Resulta que el día antes del desprendimiento, joder, cómo suena esto, estuve en el Paseo de Recoletos husmeando en las casetas de los Libreros “de viejo” y compré dos libros de mi admirado Miguel Sánchez-Ostiz: “Peatón de Madrid” y “La nave de Baco”. Capítulo a capítulo he leído su libro sobre Madrid y constantemente se asomaba una agridulce sonrisa cómplice a mis labios. Y es que uno también vino de la periferia a Madrid, yo también he pateado sus calles, he visitado y vendido en el “rastro”, he “buscado” en las tapias del botánico, he frecuentado la Plaza de Santa Ana, El Retiro, Malasaña, “El Gijón”, los mismos restaurantes asturianos y vascos de la calle Echegaray y aledaños, El comercial, El Central…aunque ciertamente en otros años, con otras gentes y con otras miradas…Después y por azar, en el libro electrónico que llevaba veinte días parado,  he leído un ensayo de Perec: “Tentativa de agotar un lugar parisino”, querrán creerme si les digo que me ha alegrado mucho leer estos dos libros tan distintos de forma consecutiva… que el cóctel resultante ha sido gratamente refrescante y altamente estimulante…que en la place Saint-Sulpice y en la plaza de Santa Ana pasan esas cosas que pasan cuando no pasa nada…que “viene uno cansao del quirófano y p’a hostias estás”…



No quiero acabar sin reseñar un feliz descubrimiento que he realizado estos días de torturante convalecencia: los audio libros. Cualquier adicto a este vicio asequible que es la lectura podrá entender sin esfuerzo que, postrado, manteniendo posturas inverosímiles y privado de los medios y herramientas para leer, los días se hacen muy desagradables y casi insoportables. Y en esto llega David, el compañero de mi hija, y me agrega a “favoritos” : albalearning.com y entonces vi ( más jejeje) el cielo abierto. Alba te lee “gratis y sin registrarte” obras de, Kafka, Chejov, Baroja, Larra, Galdós, Cortázar, Sade, Lovecraft… 


ELOTRO


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Otrerías

martes, 4 de octubre de 2011

En el ascensor


Me encuentro casi todas las mañanas en el ascensor de casa a mi vecino el meteorólogo. Ya el primer día que nos conocimos, aunque con afabilidad, me advirtió que él nunca comentaría nada sobre el tiempo. De esto hace diez años. Ayer, suelo tomarme un tiempo para reflexionar, en nuestro habitual encuentro matinal, me atreví a saludarle de una manera sutil, ¿buenos días?, le dije. Ni que decir tiene que demostró ser un hombre de palabra, no pronunció, por primera vez en diez años, palabra alguna.
Esta misma mañana, ante mi estupor y antes de que pudiese saludarle, yo tenía en mente otra sutileza de las mías, me alargó de sopetón un sobre cerrado sobre el que había escrito la siguiente nota: “Léala, por favor, cuando llegue a su oficina”. En la tarjeta interior, una vez en mi puesto de trabajo, pude leer: “No digo ni que sí ni que no, sino que si quiere que le cuente el cuento de la buena pipa…”
La firma, muy legible, dice: El pipero.

ELOTRO

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sábado, 1 de octubre de 2011

El beneficio es-tu-pi-do




Últimamente estoy casi convencido de que el mundo quiere decirme algo, me está haciendo  señales, me manda avisos. Cada vez son más las ocasiones en las que cada cosa que veo o leo o escucho, parece cargada de significados. Hay frases que te bombardean, vienen a ti, te caen encima; en la calle, en casa, en la tele, en Internet, y lo hacen habitualmente, muy habitualmente, machaconamente si nos ponemos precisos. Por ejemplo: “Eso lo hacen por pura maldad, porque, si no, dime tú a mí, ¿Qué beneficio sacan?”
Y claro, te coge en un momento de esos en que estás pensando en las diagonales de Messi…y de pronto… ¡hostias!, ¿no es espantoso? El beneficio, tío, el beneficio lo justifica todo, todo, todo… ¡Qué gran coartada! ¡Y además mete goles!

ELOTRO

Otrerías