jueves, 29 de diciembre de 2011

Un juego, de pelotas.






Título de la obra: Una de catorce.
Autor: Imagínatelo.
Interpretación: A cargo de un lector más enfermo que imaginario.


1. La obra de autor no pertenece, ya quisieran, a los que la imaginarán.

2. La imaginación de un autor, alternativamente penosa y lamentable, no pertenece al amanuense de turno.

3. La imaginación de un autor no pertenece a su obra edita. Se vuelca, allí donde lo tropieza, sobre el lector iletrado.

4. La imaginación de una obra no pertenece al autor que la interpreta. Aunque sí la personifica, en las campañas de promoción, a su leal saber y entender.

5. La interpretación no pertenece a la obra, aunque claro está, influyó profundamente en su forma, que, por otra parte, no transige con nada real o imaginario.

6. El autor no pertenece, ni aunque lo pretenda, a la obra. Él se debe a una disparatada tradición que no se parece a la de ningún otro artista, muerto o ya difunto se entiende.

7. La obra no se pertenece fuera de la imaginación, puesto que no se entiende a sí misma. Aunque tampoco quiero exagerar.

8. La obra no cabe en el autor que la imagina lo mejor de lo mejor. Su imaginativa interpretación resultará ser más basta que vasta.

9. El autor, también en su imaginación, sospecha de lo que encierra la obra entre sus cubiertas de piel. Es algo que se ve a la legua y se puede aplicar, en su caso, a cualquier lengua.

10. La pertenencia “real”, a la obra, impide su interpretación con propiedad.

11. La obra no puede interpretarse desde su impropia imaginación. ¿Me interpretas o me empobreces? ¿Es por eso que en mí te guareces?

12. La imaginación no conoce, en la realidad, la interpretación del lector. Aunque le sentaría la mar de bien.

13. La interpretación no se deja encandilar por la imaginación inédita. Y yo la entiendo.

14. La obra defrauda, aunque de forma esporádica,  la interpretación que se aloja en la imaginación del autor.


ELOTRO

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