viernes, 30 de diciembre de 2011

La tipografía según Garamond











(Un retazo)
(…)
Para “desactivar” una información peligrosa, en otras palabras, que “no interesa”, no es necesario ni conveniente montar el numerito de censurarla y quitarla de la circulación, afirmaba el profesor Garamond. Ya no, esos fueron métodos, muy eficaces por cierto, del pasado remoto, bueno, quizá no tan remoto, pero hoy, y por lo menos hasta que nos agenciemos el control de la red al cien por cien, son usos que resultan contraproducentes para la imagen democrática del “sistema”.
Ahora, en la era de la sobredosis de desinformación, basta con vomitar sobre esas incómodas excrecencias (así llamó el conferenciante a las informaciones consideradas antisistema), doscientas mil noticias que “sí interesan”. En realidad, hoy por hoy y desde el invento de la escritura, no hay límite en nuestra capacidad de interferir en los resortes que generan la llamada “información”. ¿Acaso no reclaman lastimeramente “información completa sobre todo”?, pues nada de tacañería, además, atender sus reclamaciones es algo que les descoloca, sin dilación conviene que se la proporcionemos, hay que cebarlos, dejarlos satisfechos, embotarlos. Y eso sí, “las raciones deben estar cuidadosamente precocinadas”, y luego, con la apropiada sutileza,   se la debemos hacer tragar, como antaño el aceite de ricino, ¡qué tiempos!, pero sin innecesarias y antiestéticas demostraciones de fuerza bruta. Y es conveniente que “los comensales” no se huelan “la indigesta plasta” hasta que la hayan engullido completamente. Será entonces cuando comiencen a notar cómo, irremisiblemente, la sinuosa topografía de sus cerebros comienzan a sufrir desperfectos, averías, colapsos y daños irreversibles  en el tejido neuronal de ambos hemisferios. Tras el síncope, el atasco será absoluto en cada uno de los pliegues de  las áreas sensoriales. El proceso de percepción, procesamiento de la información y la consiguiente “toma” de decisiones se harán “impensables”, en el interior de sus estupefactas molleras. Un gran caos y  la más absoluta confusión, propiciada por la desmesurada ingestión de datos, se impondrá entre los otrora exigentes  y pendencieros reclamadores.






Todavía, y a pesar de nuestro proceder o precisamente por ello, no lo duden, los más “mentalmente estreñidos” de entre ellos, nos lo agradecerán y premiaran el día, cuando toque, del voto.
-¡Cuánto trabajo, gensanta, nos da el cuidado de estos memos!, exclamó Garamond como colofón a su docta charleta.
Por cierto, que nuestro ilustre ensayista había titulado la brillante perorata: “La tipografía es el único mensaje legible en las paredes del retrete”. A modo de guiño hiriente a los revoltosos grafiteros, comentan.

ELOTRO

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