lunes, 26 de diciembre de 2011

La gente de orden me tilda de revoltoso. (Párrafos de un “Manual de estilo”)








(He transcrito los siguientes  párrafos de un “Manual” que he recibido por correo electrónico. Es posible que alguien haya cometido un ¿error imperdonable? al incluir mi dirección en su lista de contactos. Como soy tan hábil con las herramientas informáticas no he podido contactar con el desconocido remitente. También es posible, esto lo he conjeturado después, que deliberadamente se me haya hecho llegar este “documento” para provocar su difusión por un tercero ajeno a la “organización”. Claro que también es posible que solo se trate de la estúpida broma de algún chiflado sin nada mejor que hacer, y que tanto abundan en la red.
En cualquier caso prefiero ser blanco de burlas y chanzas “culturetas”, que ser calificado de fullero. Cuando conozcan el contenido de esas notas comprenderán por qué no puedo arriesgarme a ser tomado por un vulgar timador que llega a falsear los hechos por motivo tan nimio como evitar unas pueriles burlas de cuatro “enteradillos”. Lo que leerán a continuación no es solo asunto de risa, ya me gustaría. He de reconocer que va para quince días, desde que tuve el “encontronazo”, que no concilio el sueño como solía. Por otra parte y para evitar más que posibles y penosas “responsabilidades penales” he suprimido nombres, direcciones y fechas, que podrían ser tomadas como ingerencias ilegales en la vida privada de ciertas personas muy conocidas, y sobre todo muy poderosas de nuestro país. Aún así creo que estoy arriesgando en demasía, pero, ¿qué hacer?, me pregunté después del infausto hallazgo, parafraseando a mi estimado Vladimir. Si para una vez que tiene uno la oportunidad de hacer algo épico, ¿nos vamos a comportar como si fuésemos gente maja, de buen corazón, caritativa, comprometida con las causas mediáticas y solidaria”de la muerte”?, pues no, la verdad.
En fin, que, como suele decirse,  me he liado la manta a la cabeza y así, más ciego que una polla vendá, me he asomado a este horrible abismo que, sin más tardanza, les invito a  visitar.)

***







“Aviso a todos los miembr@s:

El presente Manuel de Estilo, es para uso exclusivo de los miembr@s de la secta. No debe, bajo ningún concepto, caer en manos enemigas. Y si no pertenecen a la congregación son, a todos los efectos,  enemigas; así que mucho ojito con extraviar el catecismo que, al infractor, se le puede caer el pelo. Advertidos quedan.”

“No osen confundirse: Lo que sigue es dogma, y punto.”
Firmado: El inquilino de la cúspide*.
(*Cierto, es seudónimo)

El desorden, ¡que se sepa!, solo puede ser calamitoso.

Al desorden le corresponde, entre otras miles de lacras,  la inseguridad, la tensión, el miedo, el estado de alarma, las consecuencias fatales, el desequilibrio, la inestabilidad, la incompatibilidad de caracteres, la disfunción eréctil, la ninfomanía, el paganismo, la oscuridad, el llanto, la tristeza, el ruido, la pérdida, la guerra, la destrucción, la muerte…
Por el contrario el orden lo asociaremos siempre con la seguridad, el sosiego, la complacencia después del sacramento, la religiosidad, la fidelidad, la formalidad, la casta renuncia, la aceptación entusiasta de los misterios, la tranquilidad, la luz, la construcción, la solidez, el equilibrio, la música, la paz, la alegría, la vida…

(…)
Cambiar el orden existente solo puede significar desordenar la seguridad, la tranquilidad, la paz, la vida. Sería abrir la puerta a la inseguridad, el desasosiego, la pérdida, la destrucción, la guerra, la muerte. En consecuencia, ¿Qué es lo que pregona y persigue el que cuestiona el orden?, la respuesta, siguiendo nuestra lista de equivalencias, es clara: el enfrentamiento violento, la guerra, la muerte.
¿Merece la pena morir, porque es seguro que nos los cepillaremos, por querer “cambiar” cuando es posible, es decir, cuando hay alternativa para  vivir y “reformar”? Esta debería ser la disyuntiva o dilema  donde desembocasen todas las reflexiones sobre el binomio cambio/reforma. Planteado el dilema en estos términos, la victoria “ideológica” resultaría prácticamente segura.










(…)
La revolución es romántica, (a los veinte años todo corazón, a los cuarenta usar la cabeza) pero es insensata, confluye en la muerte. La reforma no emociona, pero es sensata, (gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones) garantiza vivir.
El “concepto reforma” debe encontrarse siempre agazapado en el interior de cada palabra, de cada frase, de cada caramelo, de cada idea que lancemos al aire. Y debemos acompañarlo y contraponerlo constantemente al concepto “cambio”. No hay que desaprovechar ocasión alguna  para subrayar las analogías y equivalencias entre los dos conceptos antagónicos. Y debemos elegir cuidadosamente el tiempo y el lugar idóneo en el que deben  emerger a la vista de la audiencia. Abogaremos por el discurso de “complementariedad” frente al de “antagonismo” que enarbolan los enemigos del orden. De esa manera, ellos, siempre quedarán, a la vista de los espectadores, como los “malos de la película”.

(…)
Concebir y utilizar repetidamente toda clase de inútiles y falaces argumentaciones nos permitirá estragar, despistar, confundir y neutralizar a los más lerdos y perezosos, que, sin embargo, asimilarán sin dificultad las más simples e infantiloides asociaciones conceptuales que les propongamos. El orden es la civilización, el cambio radical provoca desorden, es la barbarie. De lo que se deduce que la violencia que se ejerce para defender la civilización de los ataques de los bárbaros, es totalmente  legítima. Como decía aquel, pensemos en las consecuencias de los actos…y en las consecuencias de las consecuencias de las consecuencias.
El objetivo es que acaben por no saber adónde mirar. Hay que atosigarlos constantemente con auténticos galimatías de palabras, ideas y conceptos ligados siempre a imágenes de violencia, insubordinación, reclamación o protesta. El sentido último será el sinsentido, “para sus vidas”, de todo acto o pensamiento fuera de las reglas del orden establecido. Hay que grabarles en la mente “las causas malas” y los “efectos malos” que llevan aparejados. Eso les enseñará lo suficiente. Conviene en cualquier caso explicar poco y  preservar los misterios. Un solo misterio le puede a cien revelaciones. La existencia, hábilmente explicitada, de “misterios ocultos” les turba, les intimida, les atemoriza, les llena de  pánico. Si le vendas los ojos a alguien, ya solo ve precipicios y abismos, y el solo se paraliza ante lo desconocido. Es mejor que floten en la oscuridad, en la incertidumbre…

El “orden” conoce esos misterios y podría en su caso utilizarlos en su propia defensa con la dureza y la crueldad necesarias. El orden permite dormir con tranquilidad, el desorden, no. El orden civiliza, corrige y perfecciona la realidad. El desorden potencia el salvajismo y pretende tratar por igual  a los laboriosos y a los vagos; a la propiedad y a la servidumbre. Es de cajón que no lo vamos a permitir. Menudos conservadores seríamos si permitiésemos a los alborotadores trastocar a su antojo las reglas del juego. No consentiremos ser derribados del pedestal. Los subversivos solo pretenden el mismo orden, solo que invertido. Lo llevan claro…







(…)
Las palabras poseen además de sus dobleces y sus pliegues, sus significados polisémicos. Utilizando estos “asideros”, se pueden llevar a cabo las más diversas estratagemas. Si se trata de vender humo, nada de abochornarse, nada de avergonzarse, emitan todas las promesas que hagan falta y más… ¿Quién se acordará? Y en última estancia, ¿Quién no se equivoca? O “Yo no mandé mis naves a luchar contra los fenómenos de la naturaleza” O “Me lo gasté en luchar contra los alborotadores”…

Cuando se perorata o se actúa frente a la plebe, para más impresionar, conviene aparecer como imperturbable, en ocasiones, las más, lo de menos es el contenido del mensaje oral: prácticamente no escuchan. Pero en cambio, y no pregunten por qué, sí  observan atentamente tu apariencia y tu convicción. Si detectan una actitud cohibida, llena de  dudas o vacilaciones, lo interpretan como debilidad. ¿Qué clase de verdad se predica dudando? ¿Qué clase de siervo se confía a un amo débil y le sigue ciegamente hasta el fin del mundo? Una intragable patraña propuesta con rigor y firmeza, cuela. Una certeza incuestionable expuesta de manera dubitativa, no. Así que, nada de bromas con la puesta en escena, debe estar cuidadosamente elaborada. El envoltorio puede ser más “valioso” que el contenido. Algo vistoso con cierta pompa. La critican pero la respetan, les impone. Si la verdad no gusta prefieres que te mientan. Hagamos que aborrezcan la verdad. Lo verosímil triunfa sobre lo verdadero incluso entre quienes saben que cualquier trola bien “vestida” puede llegar a ser totalmente verosímil y, además,  frecuentemente lo es.







 
(…)
No olvidemos que nunca hay que perder de vista lo que es accesorio y lo que es principal. Que todo quede exactamente como estaba, nada se remueve, nada se desplaza, cada pieza en su sitio, ésa es la norma que los conservadores, también cuando nos autoproclamamos reformistas, debemos cumplir; los soldados del orden cumplen, “con lo principal”,  como es de  rigor y con firmeza, en todo momento.

(…)
“Siempre ha habido pobres y ricos”, es una frase hecha aceptada por todos, nosotros debemos conseguir que también sea un hecho acatado por todos; pero estamos dispuestos, también debemos mostrarnos flexibles e inclinados al consenso, sin infligir, gratuitamente, ofensas o agravios, a que sigan intentando reformar este estado de cosas, hay que respetar el ritual, eso sí, según nuestras reglas. Así la masa se relaja y amainan las tensiones.
(…)
Es cierto que la plebe, de vez en cuando, tiene “ganas” de alborotar y que no es frecuente que tenga “ganas” de respetar el orden. Pero no hay que confundir “tener ganas” con “tener necesidad”. Nuestra misión es dejarles meridianamente claro cuál es su “necesidad”. Utilizaremos un lenguaje con la dosis mínima de complejidad, rudimentario sin llegar a cuartelero, nada hiriente, nada ofensivo, con tono amable, lleno de referencias al sentido común.








(…)
No permitiremos que se altere la raíz del orden establecido. Si acaso, y solo en la parcela que atañe y se ocupa “de las palabras”, ahí, si les place, que desfoguen sus ansias revolucionarias, cuestionen las tradiciones y propongan los cambios que se les antojen. Cuando se les suelta la lengua y se les calienta el magín, ellos mismos, cansados de patear los mismos caminos ya demasiado hollados, se enredan en estériles discusiones que siempre van a dar, ¿Un giro de 360 grados?, en un fortalecimiento de la tradición, de lo establecido, de lo firme, de lo que les da de comer, ¿Un gesto de gratitud para con sus benefactores?, de lo seguro. En definitiva, del orden.

ELOTRO (por la transcripción)

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3 comentarios:

  1. “Hace seis meses solamente
    Dejé la ecuatorial recién cortada
    En la tumba guerrera del esclavo paciente
    Corona de piedad sobre la estupidez humana
    Soy yo que estoy hablando en este año de 1919
    Es el invierno
    Ya la Europa enterró todos sus muertos
    Y un millar de lágrimas hacen una sola cruz de nieve
    Mirad esas estepas que sacuden las manos
    Millones de obreros han comprendido al fin
    Y levantan al cielo sus banderas de aurora
    Venid venid os esperamos porque sois la esperanza
    La única esperanza
    La última esperanza”

    Altazor – V. Huidobro

    De este manual de estilo lo que más me preocupa son los problemas que puede causar la disfunción eréctil junto con la ninfomanía.

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  2. ....que yo tampoco voy a poder dormir, ¿disfunción eréctil al mismo tiempo que ninfomanía?. Eso si que es grave.....¡Que follón! (en el buen sentido de la palabra).....

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  3. Estimada María, aquí en nuestro consultorio puedo asegurarle que nos hemos tenido que enfrentar a “casos clínicos” mucho más peliagudos que la simple coincidencia de “dos” anomalías de tipo sexual. Pero no es el caso. Aunque solo puedo hablar en mi modesto papel de transcriptor, lo que aconseja el “manual”, creo, es asociar lacras con el concepto “cambio” en general, no creo que se deba interpretar que hay que cargar con “todas” las aberraciones o perversiones a cada individuo o individua que quiera “cambiar” el estado de las cosas. Aunque recuerde usted aquello de “Ley de vagos y malentes”, donde cabían, comunistas, carteristas, gitanos, homosexuales, masones…
    Así que cuando el poder se dedica a catalogar enemigos, solo queda fuera la gente del dinero y sus fieles servidores.
    Un saludo y duerma usted tranquila, que esto es todo real como la vida misma.

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