Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 23 de diciembre de 2011

En arquitectura, lo funcional, funciona o no funciona.





Estimados y sufridos lectores, desde la redacción de esta su  revista, “La plomada nos la suda”, deseamos realizar, para que nadie se llame a engaño debido a nuestro vergonzoso y prolongado silencio, algunas puntualizaciones sobre ese “asquerosito” asunto que tiene estos días un poco revueltas las ya de por sí ponzoñosas aguas fecales de la “arquitectura” más pinturera de nuestro país.
Sí, ya sabemos que, en el número del mes pasado, afirmamos rotundamente que por nada del mundo volveríamos a enfangarnos en más debates con cierta bandada de  cuervos indeseables que suelen picotear sus insidias e insultos, entre otras estulticias, en esa revistilla zafia y mugrienta en la que anidan en concupiscente ayuntamiento, y que han intitulado, solo para provocarnos: “Pico y pala os daba yo”.
Pero, qué quieren, el caso es que nos aburrimos de lo lindo de tanto confeccionar bolitas con los mocos e, impelidos por ese incurable aburrimiento, lo más ¡chanchi! que se nos ocurre es embestir   furiosamente contra el primero, y a ser posible indefenso, que se nos ponga por delante: ¿un puñetero cuervo tocapelotas?, mismamente, y en esas no vamos a aguantarnos las ganas de arrearle un saco de patadas por todo su emplumado cuerpo, buche incluido, hasta que el desplume del insumiso pajarraco sea completo, como manda el guión. Probadlo, ¡es la monda!. Por supuesto, todo ello  pulcramente ejecutado desde nuestra cómoda, blindada y acreditada atalaya intelectual: “La plomada…




¿Sobre qué dichoso asunto deseamos, en esta ocasión, sentar cátedra? Pues sobre aquel horripilante e inhóspito bloque o amontonamiento de pisos, (minúsculos e insalubres, sí, ahora ya de poco sirve negar la evidencia) obra de “juventud”, (detalle que olvidan, y los muy ladinos lo hacen aposta, los emplumados enemigos de nuestro prestigioso premio Pritzker)  cuyo estilo había sido caritativamente etiquetado por nuestra revista como  “arquitectura funcional”, y que lamentablemente, ha colapsado, sí, señores, como lo oyen, ha-co-lap-sa-do, (las malas lenguas, tan rencorosas como venenosas,  afirman injuriosamente que de tal guisa fue ya cagado).
Ha dejado pues, el otrora notorio ejemplo de arquitectura funcional, de funcionar. En consecuencia, ha perdido  incluso esa benevolente y, a todas luces incorrecta y, por qué no abundar, estúpida etiqueta.
Por su parte, sus consternados; se entiende; y alterados; también pero menos; inquilinos-víctimas le han adjudicado “otras no muy exquisitas etiquetas” pero todas ellas excesivamente bien argumentadas y fundamentadas (lo que nos hace abrigar razonables sospechas sobre su malintencionada y perversa autoría intelectual) en su “sufrida” experiencia practica por el lado de lo vivencial, pero, que resultan lamentablemente impublicables, debido sobre todo a su contenido, aunque no falto de razón, altamente ofensivo e insolente para el insigne autor y su corte de incondicionales lameculos; y hete aquí el porqué, aunque nos gustaría,  no las podemos reproducir (como clavo ardiendo, ya nos vale), en una revista de la solera, los intereses, el rigor, los anunciantes sostenedores y el  limitado pero selecto prestigio aldeano de la nuestra.




Y como resulta que según nuestro puñetero maquetista, (que no se hacen ustedes una idea de las malas pulgas que tiene) queda hueco por llenar, circunstancia esta que nos viene pintiparada en esta  coyuntura para reiterar, de nuevo, nuestra inconmovible voluntad de no permitir, bajo ninguna circunstancia, que se nos utilice como  plataforma o altavoz, (¡que son de nuestra propiedad, hostias!) por aquellos “eternos resentidos y fracasados” que solo buscan con descaro macular, con falsedades e insidias, la reputación incuestionable de nuestros egregios arquitectos de éxito, (de los cuales no nos cansaremos de repetir: ¡ son los nuestros, señores!) por eso deseamos que conste, estimados lectores, lo indigno del propósito de esos infames traidores; y lo seguiremos haciendo, por mucho que nos abochorne en privado: construyan, ¡los nuestros!, lo que construyan y como lo construyan y donde lo construyan, ¡faltaría más!

Y ahora, y a modo de guinda final, ahí va el anticlimax:
Qué tendrá que ver, (nos preguntamos habitualmente y casi todos los días en la redacción a la hora del tentempié de media mañana) la función con el órgano o con el clavicémbalo. Por favor…si ni Pavarotti ni Paco de Lucía han tenido nunca ni puta idea de solfeo… y, ¿suenan o no suenan? ¡Las bolsas!, digo. Pues eso.

ELOTRO

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1 comentario:

  1. Queridisimos redactores: Estoy con vosotros. Basta ya de esa panda de desagradecidos que no entienden que la falta de ventanas es para añadir intimidad, que lo incómodo del fregadero es para potenciar el uso del lavavajillas y que esos movimientos de cintura para abrir el lavavajillas son para ahorrarse las cuotas mensuales del gimnasio....Dejémonos de "monear" e intentemos convencerles de lo iluso de sus argumentos, ya sabemos que son pocos y cobardes y que resulta muy facil distraerles con cualquier "pantojada". ¿Nos vamos a comer al Foster`s Hollywood y luego nos damos un paseito por el río para oizigenarnos?. Nosotros a lo nuestro, que ellos pagan.

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