miércoles, 9 de noviembre de 2011

Una habitación con vistas









A decir verdad no era una habitación, era una nave en un segundo piso, unos 200 metros cuadrados casi diáfanos, con unos ventanales amplios, mucha luz natural. Te helabas en invierno y te cocías en verano pero ese espacio era la hostia para trabajar, se acabaron las coartadas basadas en “la falta de medios”. Había sido la oficina y el almacén de la sede madrileña de una fábrica de pinturas catalana. Allí tuve mi taller de grabado y pintura. Allí viví y trabajé durante tres años.












Las vistas no eran muy allá, orientadas en dirección a Florencia, sí, pero demasiado lejos: en primer plano naves industriales, a la derecha un edificio de dos plantas habitado por una cantidad inverosímil de inmigrantes, de esos que se caen de los andamios, (y bellas “inmigrantas” a las que miraba embobado cuando salían al mini-balcón-tendedero a secarse el pelo o a tomar el sol) en tránsito ellos y ellas hacia vete tú a saber dónde y pegado a este, un piso en el que tenía su sede una asociación de alcohólicos anónimos.





Una mañana mientras desayunaba junto al ventanal tuve un susto de muerte, parecía que unas ondas invisibles destrozaban el edificio. A unos doscientos metros, según supe unos minutos después, había estallado una bomba etarra; un lugar del polígono industrial, cerca de la boca del Metro,  por el que pasaban miles de trabajadores todos los días, yo mismo y a esa hora más o menos cientos de veces. Por la zona se encuentran, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, una importante sede de Hacienda, EL PAÍS, un cuartel de la Policía Nacional, pero claro estos sitios suelen estar muy bien protegidos y vigilados y los valientes “gudaris” hubiesen tenido algún contratiempo molesto antes de  salir corriendo…




Durante unos segundos, que parecieron siglos, estuve paralizado por la sorpresa y el sordo estruendo que hizo temblar las paredes y los cristales del ventanal. Esa bomba no produjo daños personales aunque sí cuantiosos daños materiales. Eso dijo la prensa y la televisión, ya se sabe que si no hay muertos para la hora del telediario...




Desde esa misma ventana tomé la foto de los edificios, y luego hice estos fotomontajes… para tener un recuerdo de los anónimos e inmigrantes y no olvidarme de los cobardes de las bombas.

ELOTRO

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