Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 14 de noviembre de 2011

Releer a Baroja





Ha sido una gozada releer “La lucha por la vida” de Baroja. Han pasado muchos años y la verdad es que prácticamente no me acordaba de casi nada, di del qué ni mucho menos del cómo. Tenía un recuerdo muy escaso de esta trilogía y si me apuran muy poco “real” y, como he podido comprobar, bastante “fantasioso” que, para colmo, no hacía justicia a don Pío. Claro que hasta los más borricos a fuerza de mucho leer vamos aprendiendo, eso me parece,  a valorar,  apreciar y disfrutar ciertas “cosas” que en los principios se nos escapaban (qué descripciones, qué diálogos, qué precisión, qué economía a lo “Rulfo”, y ni rastro de sentimentalismo ni cursilería a la hora de mostrar) o se nos ocultaban, a pesar de tenerlas delante de las narices. Y eso mismo te lleva a preguntarte cuántas “cosas” se te siguen escapando hoy.
Me ocurrió con la pintura y ahora me está pasando lo mismo con la literatura. Hay que aprender a “leer” como hay que aprender a “mirar”. Mirando y leyendo mucho, despacio, las prisas son para los malos toreros, y atentamente, como si aquello, ¡qué cosas!, fuese algo placentero. Y luego volver a mirar desde todos los ángulos posibles y volver a leer y releer, y, como decía aquel: ver y oír lo que hay detrás de las palabras. Y de las formas, y de los colores, y del vacío…
Baroja nos cuenta el Madrid de 1900, sus calles, sus plazas, sus cementerios, sus crepúsculos. Nos lleva a los toros, nos relata las primeras proyecciones del cinematógrafo, nos mete en las asambleas de los anarquistas, en los casinos ilegales, en los prostíbulos, en la cárcel, en los juzgados, en las iglesias, y lo hace desde un lugar diametralmente opuesto a lo que podríamos llamar “la visión turística”…y nos dibuja, con toda su crudeza y con gran compasión,  todos los tipos humanos de la escala social y como se relacionan, o no, y como se “lucha por la vida” en el famoso poblachón manchego. Y todo ello con una prosa que… no me extraña que Hemingway… 
Leyendo a Baroja vislumbras el motivo principal por el que Borges lo ninguneaba y lo despreciaba, al igual que hacía con  Roberto Arlt, Chéjov, Antonio Machado...
Eran éstos autores que “también” observaban y  escribían sobre la gente convencional (dándoles “lugar” y respetando su voz y permitiendo su “existencia” en el relato), mayormente de clase baja, plebeya, triste, poco heroica, comedores y sorbedores de sopa de repollo, gente humilde, iletrada, ordinaria, vulgar, de la que su sola existencia, vaya por Dios,  delata que este mundo no debe de estar del todo bien hecho ni, lo que resulta más desalentador, en vías de poder corregirse…
Y además, como decía Baroja, hay que comprender que existen gentes, videntes o invidentes,  que es desvergonzada por razón de oficio

ELOTRO

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