viernes, 4 de noviembre de 2011

Melocotones








No sé si el caso del melocotonero “silvestre” se puede calificar de extra, infra u ordinario a secas. Supongo que en esto como en todo, depende, ¿de qué depende?, quizás de la sordera de cada uno, o de la costra tras la que se esconde o del grado de  receptividad/sensibilidad ante “la naturaleza” o mejor dicho ante sus manifestaciones menos “escandalosas”. Dice Pilar, (también conocida como la pesada que repetía hasta la saciedad aquello de: ¿Habéis visto cómo se está poniendo el melocotonero?) la única de la familia que se ocupa y preocupa del jardín, (como una Idea Vilariño cualquiera)  que el melocotonero debe de tener unos diez años, tres meses y diez días, pero que  no hay manera de saber si esta cifra es exacta.



 En el brevísimo espacio-isla de tierra junto al muro, dispuesto así para la hiedra, debió de caer accidentalmente o alguien escupió descuidadamente, el seminal hueso de melocotón. Y de esta “irrelevante” manera, años después, la parte más instalada en la desdeñosa “sordera” de la familia, advierte que un árbol “le habla”, le interpela, seasedenotá y lo hace, si no de qué,  generosamente, con sus sabrosos frutos, como tetas turgentes, por delante. Después de largos años “luchando por la vida”, a la intemperie, en la más absoluta soledad, (al fondo suenan violines desgarradores) sin “relaciones influyentes” ni “enchufes”, (ahora suena La Internacional) contra las inclemencias del tiempo -heladas, vientos huracanados, lluvias torrenciales, nieve, temperaturas de 40 grados en verano y de 10 bajo cero en invierno-, (truena ahora esa obra llena de rayos y truenos de Guersüin), en la villa de Navacerrada, a 1.800 metros de altitud y la indiferencia de todos menos una; y hete aquí que se nos planta: robusto, erguido, lleno de guiños verdes y mensajes amarillos y en placentera armonía verde-anaranjada con todo lo que le rodea (ahora suena el otoño de Vivaldi o cualquier cosa barroca con protagonismo de oboes) y sin el menor gesto arrogante o rencoroso hacia aquellos  que lo habíamos castigado con nuestros despreciables desaires justo hasta el preciso momento en que “nos dio” sus frutos…de gratis, (suena como cierre música de anuncio publicitario respetuoso con el medio ambiente de Plutón.) Fundido en colores otoñales…

ELOTRO

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