domingo, 18 de septiembre de 2011

Zippo



Mascullé entre mis muelas tal cantidad de incendiarias blasfemias y exabruptos que sentía la garganta arder y la lengua como escaldada. Hay días que, sin pretenderlo, parezco otro, como todo el mundo sabe ordinariamente me achanto, pero ayer no pude; creo que –aunque de forma inopinada- ni siquiera lo intenté. Todo fue por el Zippo. Sí, como te lo digo: Ni el Zippo se respeta.

No podría calcular el tiempo que ha pasado desde la aceptación de la derrota, la humillante entrega de las armas y mi capitulación incondicional. Claro que no lo urdió en un sólo acto, tonta no es, aunque pudiese parecer improbable me hubiera dado cuenta, creo. El asunto es que mientras bonitamente me entregaba a la manduca y libación frenética, deserté del “yo”, eso sí, en cómodas letras, que entra mejor. Me abandoné a la rastrera costumbre, al hábito perezoso, a la huida por sistema…yo qué sé… el caso es que me harté de permanecer neciamente despierto, de hacer guardias, de llevar la pesarosa cuenta, de registrar los sórdidos casos, de medirlos, de pesarlos, de calibrarles su importancia, de contabilizarlos… ¡Menuda vida de  contable huevón!

Yo no sería capaz, por evidente falta de destreza, de hacerle a ella una cosa así. Un día amanecí desposeído de territorio: ni una loseta para el chotis ¿se evaporó?, no; lo entregué llave en mano. ¿Se lo comió?, con papas fritas. En la papada roja que le rebosa por el cuello se le nota. Con la infecta combustión la atmósfera se densa, el espeso olor a fritanga te empuja de malas maneras, te arrincona, te aprieta, te remete el embozo, te impide estirarte, no te deja desentumecerte. Despojado, a más a más, del aire velazqueño que circula entre las figuras del cuadro, toso. El canario, con su hojita de lechuga y su agüita, no trina y empieza a boquear…esto, sin perspectiva aérea, no pinta bien, me digo todos los días malgastados.

A base de pescozones infligidos en la herida supurante acabas aprendiendo lo que vale un oportuno enroque. Sin embargo –y sin vuelta de hoja- un collage es un collage; tu aportación particular al conjunto: palanganero.

Y ahora, a modo de espontánea valoración popular:
-¡Qué poca vergüenza! –dijo alguien.
-¡Poca es alguna! –precisó otra.
-Y luego dicen que si dicen que dicen –remató la de más allá.

Vale, pero, ¿dónde hostias respiramos?
¿Adónde “mi” Zippo? – lamenté inconsolable.
¡Es insaciable! – chillé hasta casi desgañitarme.
¡Pero si no fuma! ¡Qué hijaputa! – vociferé por último, en pleno colapso de mi elocuencia.
Perdonen este arrebato pero algo no termina de estar donde debe.


ELOTRO


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