viernes, 2 de septiembre de 2011

Pequeño manuscrito encontrado en Moratalaz






(garabatos ilegibles)… Después de recibir en su trasero algunos suaves fustazos, madame, algo azorada, hizo varios remilgos, bufó, apretó los puños y rugió… luego, fingió vacilación y contrariedad. Tras unos escasos segundos en los que examinó con gravedad el asunto… (parecía evidente que se había quebrantado su aplomo ordinario)… llegó por fin a la conclusión que comunicó de inmediato al adusto y cejijunto cochero: “Juzgo señor mío  lo más aconsejable acatar por mi parte los designios, sin oponer la más leve resistencia, del caprichoso destino. Es por tanto que tengo el placer de comunicarle que dejaré hacer con absoluta complacencia, sin reparo y al modo y manera que el señor juzgue más conveniente. En esta, no por inesperada menos prometedora circunstancia, me parece que tal decisión resultará de lo más gozoso para todas las partes implicadas en este avatar. Estimo que así debe ser dada la enorme, desequilibrada y afortunadamente incorregible correlación de fuerzas realmente  existente; es, sin asomo de  duda, usted,  señor mío, quien posee el absolutista poder que legítimamente otorga tanto la castigadora fusta como  el enorme y membrudo mango, atributos ambos a los que servidora, y usted lo debe como poco sospechar, profesa antigua e inquebrantable devoción,- mire cómo se me pone el vello-, y ante los que  se volverá a inclinar sumisamente las veces que haga falta… ¡Faltaría más!.

Y, ni que decir tiene que, tratándose de un bigardo tan guapetón como usted  -me estremece solo pensarlo- con muchísimo gusto además. Por último, y si me lo concede a modo de modesta sugerencia y sin pretensión alguna de desmerecer otros cachivaches, me arrebata especialmente, anótelo, el fiero y vigoroso mango…ésa, sir, es mi secreta preferencia… ¿por qué callarla?…Déjeme que le diga, sir, que me he pasado tres cuartas partes de mi vida matrimonial (un porrón de años) sofocando las fogatas que me quemaban, pajeándome, culpable, sí,  por los oscuros confines de mi  cama… y sin embargo nunca dejé de  hacer grandes esfuerzos por parecer alegre ante los demás; Mas… ¡Un buen cacho de mango y los dulcísimos tormentos que suele infligir, ¡Oh!... esa es mi  fantasía favorita, la que más me podría contentar...¡la que me pone como una perra!...la que me pierde… ¡prométame brutalidad y desmesura!...esa sería la cumbre de mi dicha…(como no conseguía dominar los latidos de su corazón, lo dejó desbocarse un poco) …en fin, señor cochero –miró al suelo, estaba congestionada y como abatida- por mis partes ni una palabra  más, y, si es su deseo aliviarse, arremeta, sir, cuando guste…



-Levante esa cabeza, madame, y no se me desanime –dijo el cochero poniéndole distraídamente la mano en el culo y apretando la nalga con fuerza-, francamente la felicito, ha sido un discurso muy conmovedor, más que fogoso yo lo calificaría de ardiente y desde luego altamente estimulante, pero, permítame indicarle que a todas luces innecesario, al menos para cualquier veterano miembro, con carnet al corriente de pago, del selecto “Gremio de la Fusta”. Además, todo el mundo sabe que de las treinta y cinco especies de cocheros que se conocen, tan solo tres o cuatro practican la fornicación furtiva con damas de cierta alcurnia (lo que viene siendo gente fina, para entendernos). Y aún así -se interrumpió para obsequiar a la madame con un sonoro beso en la nalga derecha- atacan menos a las señoras que las señoras a ellos. Lo cual, dicho sea de paso,  no tiene por qué resultar en mi caso particular, óbice o impedimento para aceptar gustosamente su atractiva invitación… (dijo esto mientras una deliciosa y creciente excitación se apoderaba de él) en cualquier caso, madame, posteriormente le enviaré mis honorarios… no se preocupe, será una cantidad exorbitante…y sin más preámbulos chorras…


-Madame quedó en pelota picada en un santiamén-
…(garabatos ilegibles unos y no reproducibles otros)…
…Venga aquí, yegüita…no me vaya a coger un catarro…(le ordenó mientras se desabrochaba los pantalones.)
…(garabatos ilegibles)…
…Vaya despacio, cielo, y no sea ansioso…
…Anda ladrona, come y calla…y otorga…
…¡Oh, qué guasón es usted!...
…(garabatos irreproducibles)…
…¡Sujéteme, sir!…¡Sir, suélteme!...
…nena, no mareemos…
…¡Sir!.........
…¿Y ahora qué…?...
………¡SIRRR!........
…Y dale…
…¡Sir, me voy……………(*)”

(*) Y, de momento,  esto es todo amigos.

ELOTRO 

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