Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 9 de septiembre de 2011

No hay humo sin fuego




Llegué a casa muy tarde, estaba muy cansada, no tenía nada de hambre y como de costumbre tampoco sueño. Me quedé un rato viendo la televisión, sin sonido. He leído que es lo que hacen las mujeres interesantes; procura compañía, la tele, y no molesta. Incomprensiblemente – fuera estaba nevando- hacía un calor infernal: las paredes, los suelos, los muebles parecían en llamas. Desde el sillón alargué la mano hasta el primer estante, tomé un libro al azar y lo leí. En un principio, el libro, me asustó, era sobre una mujer insomne que llega por la noche a su casa y se la encuentra en llamas. Frente a la visión del fuego ella no se detiene, no grita, no pide ayuda y como hechizada o sucumbiendo a una fuerza irresistible que tira de ella se adentra, impasiblemente, en el corazón del incendio. Me imaginé que su cabeza, su rostro, sus manos, todo su joven y hermoso cuerpo, en pocos minutos, ya no sería más que un triste pedazo de carne quemada, carbonizada. Y todo había ocurrido en silencio, como en la tele, sin sonido. Pero en el capítulo siguiente estaba más fresca que una rosa. Entonces me pregunté por qué leía esa basura cuando podía estar aprendiendo de memoria las obras completas de Elvira Lindo. No encontré ninguna buena respuesta, así que quemé el libro, apagué la luz y traté de dormir. Puse el despertador a las 6,30. Y bajo la almohada, que parecía arder, guardé las cerillas.


ELOTRO con la inestimable ayuda de R. Chandler

1 comentario:

  1. Amigo Luis. Las mudanzas son cosa buena, sirven, por lo menos para orear.
    Te sigo leyendo.
    Salud
    Francesc Cornadó

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