Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 6 de septiembre de 2011

El pisito / Revolutionary road



Divagaciones sobre “El pisito” (1958)
de Rafael  Azcona y Marco Ferreri

Una película en blanco y negro, de un director italiano y un guionista de Logroño, que por aquellos años ya estaba doctorado en derrotas. Yo veo una película en gris, un gris subalterno, sumiso, costroso y pringoso, un gris “calcao” del Seat “1.500” de la policía franquista de los años 60. Un gris ahogado en gris y rodeado de grises. Un gris sucio que mancha y no da explicaciones. Un gris de adoquín y de “porque a mí me sale de los cojones”, con poquita gracia, con mucho “malage”. Un gris aplastante, que desalienta y derrota.


López Vázquez: “Pues me caso con la vieja…voy a ser inquilino con todos los derechos…¡¡Con todos los derechos!! ¡¡Inquilino!! ¡¡Me caso con la vieja!!“El pisito” es un retablo, parece medieval pero retrata a éste país a mediados del siglo XX, en el que figura el zoo de Madrid, bueno, la Casa de fieras de El Retiro, Chus Lampreave de mocita, los tranvías, los vendedores callejeros de castañas y de “chochitos” (decíamos en Sevilla) o altramuces, los edificios de corralas, los realquilados, los mutilados de la guerra y de la paz, un cojo desquiciado con muleta y muy ufano de lo bien que corre, la entreplanta de la cafetería Manila, creo, de la Gran Vía, las Cuevas de Sésamo: lo más parecido a París que había en Madrid, las concurridas salidas de misa, los jefes “negreros” y ripiosos; “señores ha llegado el momento de ingerir el alimento”, los currantes amenazantes; “Como me salga bien lo del circo, a este negrero lo dejo más plantao que una estaca.”
Y los callistas, el vino “agüao”, la Quina Santa Catalina, el anís, el coñá y los polvorones; las “orquestas de señoritas” como en “Con faldas y a lo loco”…bueno, es un decir.
Mary Carrillo: “Es la ocasión de que los niños de mi hermana salgan, tomen el aire…tú vete a empanar los filetes…el coche está pagao ¿no?...pues todos al cementerio…”.Me pasé toda la película acordándome de Gila…


Y curiosamente, de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet y de la película de Sam Mendes: “Revolutionary road”.
Me explico. La novela de Richard Yates en la que se basa esta película, está situada en Connecticut, en una zona residencial, en los años 50. Aquí no hay “corralas” ni realquilados, sí hay gris, pero es en technicolor. Aquí las necesidades “primarias” han sido holgadamente superadas, DiCaprio no quiere ser inquilino, no está obligado a casarse con una vieja “con contrato de inquilina” para evitar que lo pongan de patitas en la calle; es propietario.
Posee trabajo, casa, coche, esposa e hijos y amante. ¿No le falta “dená”? Leonardo y Kate viven (también) en los años cincuenta, sí, pero en otra galaxia.


Es una galaxia en la que, sin embargo, existen graves dificultades de relación y comunicación, en la pareja, en la urbanización, en la empresa, (viene a cuento ahora una escena que me parece magistral en “El pisito”, cuando José Luis y Mary van en el autobús a ver pisos nuevos en las afueras y hay allí una madre sentada con su bebé en brazos y prácticamente todos los pasajeros le preguntan por el niño y hablan entre sí e incluso advierten al que lleva la barra de hielo en el hombro, que ponga cuidado que no moje. ¡Que grande era el de Logroño! ¡Que pintor de galaxias!). Trata de una pareja que (también) sufre una profunda decepción ante la vida, ve como van pasando los años, el hastío los acosa y sus sueños siguen sin poder realizarse. La realidad (también) les ha limado el inconformismo juvenil, se han dejado atrapar (también) por las restricciones (ratoneras) sociales, los han (también) doblegado, “nos estamos volviendo como todos los demás”, alcanzan a ver sin auparse mucho.


Hay una frase que suelta DiCaprio, en su mesa de trabajo dirigiéndose a su amante ocasional, que es muy ilustrativa (y que nunca podría pronunciar José Luis, en su galaxia) : “Saber lo que tenemos, saber lo que necesitamos, saber de qué podemos prescindir: eso es control de existencias”Según el novelista de Nueva York, las parejas “de Connecticut” están condenadas a malgastar sus días. Según el guionista logroñés las desdichadas parejas celtibéricas reciben los días, ya usados, ya gastados.
“Lo peor que se puede hacer en la vida es vivir una mentira” dijo Richard Yates. Nosotros sabemos hoy, Azcona mediante, que la falacia puede ser peor, mucho peor, bajo el miserable gris de una dictadura fascista.


ELOTRO


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario