Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 21 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (6)




Un vacío en el “banco de imágenes”: La negritud.

La exposición se titula “Pintura y otras cosas”, de Kerry James Marshall. Kerry es un pintor norteamericano de raza negra que decidió, en su momento, no seguir la moda vigente de arrinconar la pintura figurativa y abrazar, posmodernamente, la abstracción. Por el contrario él  decidió hacer pintura de representación, así llama a la figuración, y cubrir con su aportación el déficit de contextos sociales, personajes o figurantes de raza negra, lo visible o lo invisible, de que adolecía el arte presente en los museos o en las galerías.









Dice Kerry: “Uno no puede nacer en Birmingham, Alabama, en 1955, y criarse en el Sur de Los Ángeles, cerca de la sede del Partido de las Panteras Negras, y no asumir cierto tipo de responsabilidad social. Tampoco es posible trasladarse al barrio de Watts en 1963 y no hablar de ello. Esas circunstancias fueron determinantes para la evolución de mi obra.” Si él lo dice. Angela Merkel nació y se formó en la RDA, e incluso hizo sus pinitos en el Partido Comunista y luego ya lo ven, Canciller de la Alemania Unida y lideresa mundial del neoliberalismo… evidentemente “el contexto” es un factor de muy variable incidencia en las carreras de la gente… se impone una vez más no caer en perezosas generalizaciones y procurar análisis concretos de situaciones concretas. Además, desear freír un par de huevos no es freír un par de huevos. Y freír un par de huevos no te convierte en cocinero. No sé si me explico. Tampoco hay que descartar que la obra resulte impenetrable para mi particular miopía de juicio o entendimiento y de ahí la imposibilidad de bucear en el "interior conceptual" de la misma. Hay otra cita de Kerry sobre sus “intenciones” en el folletito que también ha llamado mi atención, esta: “La figura siempre será negra, incluso dentro de lo negro”. Mola, ¿no? A mí me parece que sí, y además me lo parece en su doble versión: como enunciado textual y como “hecho pictórico” del que he podido ser testigo  frente a varias de sus obras.
















Aunque pienso que las buenas intenciones “militantes” de este pintor afro-americano  quedan muy lejos o, en mi caso no demasiado aprehensibles en las obras expuestas; debo de reconocer que resulta muy gratificante encontrarse en las salas del Palacio de Velázquez del Retiro a un artista poco convencional, que choca con las “expectativas habituales” y, al menos en mi caso, poco o mal visto. No sé si bien digo.

ELOTRO






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viernes, 18 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (5)




¡En bonito mundo estamos!...¿Quién será tan estúpido que no vea este palpable artificio? Pero ¿quién será tan osado para decir que lo ve?

(Shakespeare, Ricardo III)


Manuel Vázquez Montalbán terminó de escribir su novela “Asesinato en el Comité Central” en 1981, yo la acabo de leer, en Madrid a 12 de julio de 2014 y, qué quieren que les diga, me alegro de haberlo hecho 33 años después de su publicación, entre otras razones porque a estas fechas ya sé, se saben, algunas cosas que ayudan a confirmar por ejemplo cuanto aparece de autobiográfico en la novela y, otras identidades emboscadas como la del llamado camarada Cerdán, en este lado del espejo el filósofo Manuel Sacristán, que en la Barcelona franquista ejerció de responsable político en plena clandestinidad del entonces militante pecero Carvalho/Montalbán.


También hoy resulta más fácil explicarse por qué el ex comunista y descreído Carvalho se declara “provocativamente” ex agente de la CIA. En fin, hoy conocemos que Montalbán, a primeros de los sesenta, fue sutilmente apartado del partido y vigilado de cerca en una micro-célula que le montaron a medida de posible traidor y con plantilla de lujo: Manuel Sacristán, Josep Fontana y Manuel Vázquez Montalbán : total pa no hacer ná. Y aquella falta de actividad fue lo que mosqueó seriamente a MVM. Todo fue debido a ciertas sospechas sobre su posible relación, -visitaba frecuentemente, ¡coño era periodista de sucesos!, una comisaría donde día sí y día también se torturaban comunistas-,  con la policía del franquismo o incluso con la CIA. Sí, más tarde se aclaró todo, entre otras cosas porque además el “sospechoso” fue detenido y enchironado, y la cárcel, ya se sabe, da galones, limpia y  abrillanta el currículum del agraciado. En fin, diez años y una chusca Transición después, el poco olvidadizo escritor ajustó, se entiende que literariamente, cuentas con lo divino y lo humano. Y Con Sacristán y con los policías torturadores que ya para entonces eran “demócratas de toda la vida” con sueldo y vidorra que no se la habían imaginado ni en sus mejores sueños falangistas e imperiales. Una cita: “- La Trilateral (¿o el Partido?) puede matar a un hombre sin quitarle la vida. Puede montarle una campaña de desprestigio aplastante.”



De adolescente yo leía con auténtica devoción todo lo que caía en mis manos con la firma MVM o con alguno de sus múltiples seudónimos, ya fuera en “Triunfo”, en “Por favor”, en “Interviú”, en “La calle”… pero claro, nunca en “Mundo Obrero”. Lo que conocía, que todo hay que decirlo no era demasiado, de la vieja historia del PCE me merecía y me sigue mereciendo todos los respetos, como por otra parte no podría ser de otra manera en alguien que se consideraba y sigue considerando orgullosamente comunista, pero hablando de la línea ideológica y la actuación política y sindical práctica desde finales de los sesenta y especialmente, de lo que fui testigo y no precisamente desde la barrera, o sea, desde el año 1974, de respeto ni mijita.
La estafa de la Transición, operación de maquillaje y homologación europea de la dictadura, hacía años que se venía venir (hoy existen datos y documentos que prueban el diseño y la dirección de la CIA en toda la operación con la colaboración servil y entusiasta de la Internacional Socialista por entonces presidida por Willy Brandt y, desde mucho antes, del Régimen franquista y sus servicios secretos), al menos desde lo que Carrillo llamaba despreciativamente las “cabezas de ratón” de la  extrema izquierda. Por cierto que Sacristán, que ya llevaba tiempo distanciado de la dirección, no tragó con el timo del Eurocomunismo y se largó con su marxismo y viento fresco hacia territorios eco-socialistas. MVM, en cambio se quedó en el PSUC, según él, para salir el último y apagar la luz. Pero esto es un cuento de otra novela.





En “Asesinato…” encontramos todo tipo de ingredientes, desde los ya citados marcadamente autobiográficos hasta un somero repaso por señalados jalones de la “gran” historia del PCE y del movimiento comunista internacional, ya saben, stalinismo, Budapest, Praga… curiosamente ni una sola palabra sobre Pasionaria… y por la “pequeña” historia de sus viejos y no tan viejos dirigentes,  destaca sobre todo el “arquetipo”, otra cosa no, Carrillo/Garrido, el “asesinado” secretario general (al que por cierto y en la realidad realmente existente y justo cuando MVM terminó la novela le quedaba poco más de un año en la “todopoderosa poltrona”.), individuo éste al que, en palabras de Gregorio Morán, “le bastaron 8 horas de reunión con Suárez para acabar malvendiendo y destrozando los 50 años de historia del PCE”. Hoy sabemos, hora más año menos, que lamentablemente, “monarquía y fiesta de la banderita incluida”, así fue.



Pero Carvalho también nos muestra sus múltiples habilidades y saberes culinarios y sus contrastados conocimientos vitivinícolas.
Su particular “Odisea” gastronómica en el Madrid que ya se embalaba hacia la “Movida”, va desde el caviar y el cocido de Lhardy hasta los choricitos a la sidra de Casa Mingo, pasando por Casa Gades, el tapeo en el barrio de Arguelles o el copeo nocturno en el Oliver que fue de Marsillach. Y entre libación e ingestión, introduce párrafos tan jugosos como el que sigue:

“Como habrá comprobado soy trotskista y ahora me preguntará ¿qué hace un trotskista como tú en un partido como éste? Ande, pregúntelo.
-Delo por preguntado.
-Evitarme a mí mismo la tentación de meterme en un partido trotskista. Ya lo dijo el Che: Si hay que equivocarse es preferible equivocarse con la clase obrera. Yo siempre he preferido estar donde estuviera la vanguardia objetiva de la clase obrera real y he abandonado a mucha gente, por ejemplo a mi hermano que es presidente del tiro de pichón de Coria y es amo de media provincia y a mi mujer que es marxista grupuscular. Ha pasado por todos los partidos comunistas pequeñitos porque tiene mucha capacidad de ternura. Le gustan los partidos de izquierda que son una monada. Cuando éramos novios si la quería hacer feliz le regalaba sillitas, cafeteritas. Recuerdo que el regalo que más la ilusionó fue el de una cafetera italiana que sólo hacía café para dos personas. En política era igual. Se apuntaba a la causa de todo aquel que montaba un partido de izquierda con veinte duros de marxismo. Ahora creo que es anabaptista marxista-leninista o algo así. Señor Carvalho, a mí me gusta equivocarme a lo grande. Aquí donde me ve me corresponsabilizo de todos los crímenes de Stalin y de todas las malas cosechas soviéticas desde que se puso en marcha la destrucción de los kulaks y de los pequeños campesinos privados. De lo que no me corresponsabilizo es de los gilipollas como mi mujer o Cerdán (M. Sacristan) que van por ahí montando puestos de baratijas ideológicas o inventando el marxismo jeremisiaco a lo Cerdán. Es obsceno. Van por ahí enseñando las pupas y diciendo: Nos han traicionado. Mierda. Que les den por el culo y mucho.”



Y, desde otra esquina, definitivamente se constata que los episodios de sexo no son el fuerte de MVM. Nadie es perfecto. Y entre lección y lección de historia, por ejemplo, nos cuela un cuento de indios, eso sí, alegórico y rigurosamente histórico, con protas como Caballo Loco, Nube Roja o Little Big Man… y aquí otro detallito envenenado: al “Gerónimo” sobre el que escribió su libro Manuel Sacristán, ni lo mienta. También nos coloca Montalbán, entre quema y quema “selectiva y vengativa” de libros por parte del ex lector y declarado abstencionista  Carvalho alguna que otra bibliografía marxista pelín “heterodoxa”: entre otros muchos (¿Su propia y real biblioteca base de aquellos tiempos?) cita a Lukács (político y filósofo marxista introducido y traducido al castellano por Sacristán), Stalin, Lafargue, Hobsbawm, Mao, Deutscher, Gustavo Della Volpe, Gramsci (Traducido por Sacristan), Togliatti (Político comunista preferido de Sacristán), Bujarin, Arrabal… o el “Escritos sobre Heine” también obra una vez más del filósofo Manuel Sacristán que se ganaba unas pesetas a base de traducir del alemán (Marx, Goethe, Heine…).
Y siguiendo con los ingredientes “literarios” también hay hueco en la novela para pequeñas pero jugosas críticas literario-políticas como las de las obras utópicas y distópicas de Orwell, Zamiatin y Huxley. Recordemos que “1984” estaba a la vuelta de la esquina.
Ese es MVM, un talento y memorión enciclopédico (“el peligro revolucionario nunca es cuantitativo, siempre es cualitativo”) probablemente algo menos amplio, riguroso, analítico y profundo que el de Sacristán, el cual contaba además con la ventaja políglota (latín, griego, alemán, francés…) que le permitía nutrirse de las fuentes originales; pero evidentemente mucho más aprehensible, asequible, apetitoso, digestivo y por supuesto divertido. Y MVM siempre invita a sus lectores "complices" a participar en el juego.
Ya en 1979 MVM, que, digámoslo todo, congenió de puta madre con el muy facha pero por encima de todo muy cuco y gran negociante José Manuel Lara (que incluso le avaló la compra de una magnífica masía) , había ganado el millonario “Planeta”, algo a partes iguales inalcanzable e inimaginable para los talentos y las circunstancias personales  del siempre austero y nada mediático filósofo marxista, Manuel Sacristán (del que por cierto nunca hubo noticias sobre actividad novelística pero sí he leído que escribió una obra de teatro que nunca se ha representado).



MVM en esta obra pone en boca de sus personajes frases que ya han pasado a la pequeña historia de la Transición como: “Contra Franco estábamos mejor” o esta otra en boca de Carvalho referida una vez más a Manuel Sacristán: “-A este hombre le debo un cincuenta por ciento de lo que he sido y absolutamente nada de lo que soy”; o, en otro orden de cosas, aquello que ya formuló Cortázar de: “…la inseparabilidad del objetivo de Marx, cambiar la historia y la del objetivo de Rimbaud, cambiar la vida.” En este sentido y en el tramo final de la novela Carvalho le espeta a Cerdán/Sacristán:
“-¿Has probado con un régimen de bacalao al pilpil, champán frío y follar como un loco?”
A lo que el propio Montalbán que no olvidemos es quien pone voz a Cerdán/Sacristán contesta:
“ –Tengo un humilde sueldo de adjunto. Tú, en cambio, no haces política, ni carrera universitaria, ni nada. Pero te van bien las cosas. Parecías tímido pero eres un hombre de recursos.”
Ya digo, en “Asesinato en el Comité Central” hay más de un ajuste de cuentas… ¿También auto-ajuste?
Por cierto, el asesino existe, y no es Oswald, pero sólo como Macguffin.
Y una conclusión: voy a leer toda la serie político-policíaca de Carvalho, porque pasar un buen rato, salpicado de nostalgia y alguna cosa más, está asegurado. Y sí, no es Chandler, pero es MVM y falta hace. Y, además, los que no hemos nacido sabios, de alguna manera tenemos que aprender. (Aunque tengo entendido que cada vez hay más gente que lee para no saber).


ELOTRO

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El padre de la verdad es el tiempo
y no la autoridad.

(Bertolt Brecht, “Galileo”)

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martes, 15 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (4)





¡En bonito mundo estamos!...¿Quién será tan estúpido que no vea este palpable artificio? Pero ¿quién será tan osado para decir que lo ve?


(Shakespeare, Ricardo III)


“Omar”, una película de Hany Abu-Assad. Un cineasta palestino de nacionalidad israelí. Una de las pocas películas producida en su integridad con dinero palestino. Otro problema son las redes de distribución, de las que carecemos por completo, apunta el director. El estrangulamiento económico es un arma capitalista muy eficaz en la costosísima industria del cine… y si no hay oferta, no hay demanda. El caso es que a pesar de todo “Omar” consiguió llegar a Hollywood nominada pero… el ganador fue “La gran belleza”, ¿O era “La gran cagada?

En fin, el caso es que se estrena “Omar” en Madrid coincidiendo con un nuevo ataque israelí sobre Gaza. Cuando escribo esto ya se cuentan más de 100 muertos, 25 de ellos niños y más de 600 heridos palestinos… y cero muertos israelíes, aunque en el lado de los buenos existen algunos casos de ataques de ansiedad. Y un dato curioso, la televisión norteamericana, ABC News, utiliza imágenes de los bombardeos sobre Gaza y las víctimas palestinas para ilustrar y hablar del angustioso sufrimiento de los israelíes… el no va más de la manipulación y la desinformación. Y luego de tanto crimen y tanta mentira se preguntan los norteamericanos, sus socios protegidos sionistas ni eso, porqué son tan odiados…




Un muy lúcido norteamericano escribió: “Cuando los israelíes en los territorios ocupados ahora afirman que tienen que defenderse, se están defendiendo en el sentido de que cualquier ocupante militar tiene que defenderse de la población a la que está aplastando. No puede defenderse cuando se está ocupando militarmente tierra ajena. Eso no es defensa. Llámalo como quieras, no es defensa. Es un asesinato.” (Noam Chomsky)

Volvamos a Omar, un joven y atlético panadero de Cisjordania que se ha ido a enamorar de una chica que vive al otro lado del Muro de Berlín… uy! Perdón! Que este muro sigue en pie y tiene diez metros de alto y tropecientos kilómetros de largo y, además, ¡es defensivo! (Por cierto, disculpen un dato más: El Tribunal de La Haya sentenció el derribo de este muro de la vergüenza sionista a fecha 9 de julio de 2004, ¿estamos?)





En la peli se nos informa de lo que significa vivir en un territorio ocupado por un ejército racista. El muro y los controles militares con sus habituales provocaciones y humillaciones no facilitan precisamente la libertad de movimiento, las relaciones amorosas o de amistad. El control represivo del ocupante es casi absoluto, presumen de saberlo todo de todos, de tener colaboradores e infiltrados en cada calle, en cada escuela, en cada bar. Una situación límite que determina y lastra las conductas, los sentimientos íntimos, las fidelidades y las traiciones. “Omar” es una historia de amor, con algún rasgo shakesperiano, que discurre dentro de un territorio con una muy concreta y muy “emborronada” situación político-social que todo lo salpica de irracionalidad geopolítica. Pero no nos confundamos, no se trata sólo de una historia localista, de un relato alicorto y reduccionista que pierda “universalidad” o sentido y significado fuera de la Cisjordania ocupada.  Y tampoco es una película para paladares delicados, la materia que se nos ofrece es recia, nervuda, exige buena dentadura y masticación meticulosa y, aún así, la digestión no será fácil.





¡¿cómo hacen los palestinos para no reaccionar al terrorismo cotidiano que se ejerce en contra de ellos?! leo en un artículo de Emir Sader en Página 12. En “Omar” no veo “mensajes explícitos”, sí asistimos desde el punto de vista palestino al espectáculo de la vida cotidiana, y claro está a su denuncia, de un panadero, con sus miedos y sus paranoias (¿con quién estás y contra quién?), que no es indiferente a lo que pasa y le pasa y que por el contrario se compromete en la resistencia, en la lucha contra el opresor, y que del tirón, ¡qué remedio!, se enamora de una joven estudiante hermana de un amigo y compañero de comando y que, ni puede ni quiere resignarse a la humillante e indigna supervivencia que le concede como plato único el ejército sionista invasor. Dice el director: “En general, mis temas son amor, confianza, amistad y traición y cómo se comportan estos valores universales bajo las circunstancias más extremas; en este caso, la ocupación israelí de dos millones de personas en Cisjordania”.




Por cierto, me ha gustado mucho la “factura” de la película. El muy flexible tono narrativo, la calidez y el siempre adecuado “tempo”: ora calmo ora frenético,  ya sean escenas entre los enamorados o familiares o por el contrario espectaculares acciones de carreras o tiroteos; las muy medidas pero muy ilustrativas imágenes de las torturas o peleas carcelarias; las impresionantes escenas de persecución y escalada, los magníficos “bodegones” de la panadería, y los estupendos diálogos. El gag sobre Brando genial, y como otras varias pinceladas de humor, muy bien colocado o estibado, como si el director se tomase un recreo en medio de la tensión. Quizás me equivoque pero algo o mucho de esta manera de contar me ha recordado, saltando al terreno literario, las  obras "sobre la militancia y la lucha" de Erri de Luca y sus interludios llenos de senderismo y escaladas o  encuentros más o menos románticos.
En fin, una película dura pero estupenda, y creo que muy necesaria, digo para ayudar a desemborronar “el complejo y emborronado conflicto”.


ELOTRO


Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas.

(Samuel Johnson)

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sábado, 12 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (3)






Beckett y la incertidumbre de nunca acabar.


“Ser artista es fracasar como nadie se atreve a fracasar”
S.B.

Todos aquellos kilométricos paseos, en compañía de otros caminantes o  en solitario la mayoría de las veces,  por las adoquinadas calles de París, desembocaron finalmente, a finales de los años ochenta, en un sórdido centro municipal para la tercera edad. Beckett necesitaba cada día más cuidados, era cada vez más dependiente y la fiel Suzanne, con la que aún tenía escandalosas trifulcas, también enferma, ya no podía hacerse cargo de él. Habitó una diminuta y espartana habitación –equipada, eso sí, con su correspondiente bombona de oxígeno y suficientes botellas de “Jamenson” su whisky irlandés preferido- con vistas a un jardín que, paradojas de la vida, contaba con un único árbol, un curioso guiño de la realidad a la ficción, a Godot. La vida se hace teatro.
Allí, en ese “escenario”, se dedicaba el vejestorio Beckett a dar de comer a las palomas. ¿Qué ven en las ratas voladoras los ancianos de éste mundo? ¿Absurdo? Y recibía las visitas, por supuesto previamente “autorizadas”, de sus escasos amigos. Cuenta alguno que impresionaba el aspecto de aquel anciano que hasta hacía muy poco parecía una persona pulcra, ágil y en relativa forma física. En los últimos tiempos cayó en el abandono, era un cuerpo que se desmoronaba, aparecía mal afeitado, impresionaba su aspecto general algo más allá del límite de la extrema delgadez, los innumerables surcos profundos y pliegues colgantes de su rostro, el cada día más desproporcionado tamaño  de sus orejas, la torpeza de sus movimientos, y entre otros padecimientos el miedo que proclamaba a las caídas debido al debilitamiento de sus piernas y de todo ese esqueleto de viejo faquir, incluido el viejo costurón pos navajazo, y a los frecuentes mareos y vértigos que sufría como consecuencia de sus  agravados problemas vasculares. Hacía tiempo que había dejado de “matar el rato placenteramente” tocando al piano cualquier pieza de Schubert o Haydn; sus temblorosas y nudosas manos ya no respondían. Estaba cansado y todo lo cansaba: “rara vez me he sentido tan cansado, si es que alguna vez me he sentido así de cansado en mi cansada vida de vejestorio”.



Era muy consciente de su paulatina pérdida de memoria (al cabo del tiempo sus obras se le volvieron extrañas, desconocidas, de algunas de ellas declaró que las releía con aborrecimiento; de “El innombrable” afirmó”: no conozco a este escritor) “y de vocabulario”, se quejaba, pero la peor de sus aflicciones –“tengo las piernas tan cansadas de llevarme como yo de que me lleven”- era la dificultad para caminar.
Poco antes de ingresar en la Residencia de ancianos, tuvo además serios problemas con la vista pero, cuando se recuperó lo suficiente, pudo volver a disfrutar de los pájaros, a los  que solía mirar con prismáticos. Siempre tuvo una inclinación especial por los pájaros y la siguiente anécdota puede ser ilustrativa: “Un día encontró un herrerillo que había anidado en su buzón, un nido de ramitas, relleno de musgo para que resultara más mullido. En el interior encontró las esferas de color del bronce en las que asomaban los picos abiertos. Le conmovió en gran medida y dijo al cartero que no introdujera la correspondencia en el buzón, que le llevase las cartas a la puerta o las dejase a los vecinos.” Así actuaba el solitario Sam.




Y también llegó a decir cosas como está: “A las viudas de los literatos habría que quemarlas vivas como las hindúes”. Éste poco frecuente estallido de ira vino a cuento de la publicación, para él injustificable, de las cartas íntimas que habían intercambiado Joyce y Nora. Culpó de aquella muestra de codicia y falta de sensibilidad, además de una injustificable intromisión en la privacidad de los muertos a la viuda de Stanislaus Joyce, y a los editores y compiladores que participaron del negocio. ¡La indigencia moral, de la que tanto escribió para abrirnos los ojos!

El insomnio fue un fiel compañero de viaje durante toda la vida de Beckett. Abreviaba las horas en las que duermen los demás, acostándose tarde, bebiendo “Jamenson” porque ayuda, oyendo las noticias de la BBC o más tarde viendo deportes y noticiarios en televisión. Llegó a presenciar las imágenes (09-11-1989) de la caída del Muro de Berlín: “Todo esto va demasiado rápido”, dijo. Samuel Beckett murió el 22-12-1989, debido a un fallo respiratorio.

“Sea cual sea la opinión que nos plazca mantener con respecto a la muerte, podemos estar seguros de que carece por completo de sentido y valor. La muerte no nos ha pedido que le reservemos un día libre”. Escribió 55 años antes.





Según nos cuenta su biógrafo, Beckett pasó sus últimos días rodeado de dudas y desasosiegos ( dejó escrito: “que todos los guías que se quieran tener eran poco de fiar, y que era preferible vivir y reconocer que uno vive en completa incertidumbre: preferible por ser más honesto”. Una situación equiparable a la de Didi y Gogo junto al árbol, esperando “la salvación o lo que sea”) y atormentado por lo que pensaba había sido su trato cruel para con las tres mujeres más importantes de su vida: su madre, Suzanne y Bárbara.
En su último año sus lecturas se limitaron a una biografía de Samuel Johnson, al que había tenido por un héroe toda la vida, y a leer una vez más “La Divina Comedia” de Dante.

ELOTRO

(obras de Louis le Brocquy, Jasper Johns, Avigdor Arika: tres colaboradores de S.B.)

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“Cuando fracasemos en esa empresa, cuando seamos derrotados por completo y estemos lamiendo nuestras heridas en el más lamentable de los estados, entonces sí que comenzaremos a preguntarnos si en verdad no habíamos tenido razón antes, es decir, que la tierra se mueve”.

Bertolt Brecht. “Galileo”



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miércoles, 9 de julio de 2014

Tal vez me equivoque (2)








POP por partida doble en Madrid. ¡¡POP,POP!!


Insuficientemente dotados
para cosmonautas
elegimos el duro
tobogán de las humanidades.

(Manuel Vázquez Montalbán)


Madrid es un pueblón lleno de paletos, (eso sí, todos ellos venidos de fuera: como servidor) que cada verano se disfraza para el turismo-beodo-cultureta (hordas de garrulos que hablan en extranjero) de ciudad guay, cool, cosmopolita.

Habrá quien piense (imaginaciones mías que utilizo aquí a la manera de de Macguffin) que esta afirmación es propia de un patán quizá acomplejado e incapaz de ir más allá de una postura torpemente  apriorística y sistemáticamente negativa; practicante asiduo de una tendenciosa y adversativa “lectura” de la realidad; de alguien incapacitado “ideológicamente” para valorar y reconocer “lo positivo”, al menos en parte, en las iniciativas sociales, políticas y culturales de las instituciones y, además o al menos, en el trabajo de los demás.

Bueno, pues por mi parte (ahora como que me siento interpelado) pienso que quizá esa “no edita” apreciación crítica del improbable lector sea inexacta e injusta. Al menos en gran parte. En fin, intentaremos exponer nuestra visión crítica (y radical y realizada sobre el propio “registro” de la realidad) una vez más. A ver si hay suerte y conseguimos fracasar mejor.






En el Museo Reina Sofía Richard Hamilton y en el Thyssen “Mitos del POP”. El POP, (con la expo nos circunscribimos exclusivamente a su vertiente pictórica ya que el ciclo paralelo de cine, al que no he asistido, no lo puedo tener en cuenta). ¿Nos suministra información susceptible de metabolizarse en conocimiento? Por su parte uno de sus pioneros artistas, Richard Hamilton nos informa rotundamente de una de sus fundamentales cualidades: “El pop es un gran negocio”. Esto es un hecho históricamente comprobado y que resulta a todas luces indiscutible. Otra cosa no, pero franqueza no le falta a este avispado “artista”. Lo escribo entre comillas porque tengo serias dudas sobre la condición de artista, según mi personal criterio "poquito creativos y muchito imitativos" , de la mayoría de los “ilustradores, decoradores, estilistas y grafistas” orgullosos de su "foto-mirada-fija de la trivialidad" y encuadrados en el glamuroso e indigente, desde el punto de vista rigurosamente artístico, movimiento POP.

Y antes de seguir por este pantanoso camino me gustaría dejar claro que no incluyo dentro de ese grupo de seudo-artistas-negociantes a gente con obra seria y rigurosa como Richter, Polke, Kitaj, Equipo Crónica… que, en mi opinión, solo comparten con este movimiento la coincidencia temporal, generacional y en algunos casos amistad, y, si acaso, a los auténticos impulsores, montadores, animadores y amos del negocio POP: marchantes y galeristas y mangoneadores de grandes museos guías. Son estos últimos los que se apoderaron del "agua de dominio público que fluía desde hacía décadas y la llevaron a su acequia "privatizada". Por así definir la maniobra torticera "bendecida" por los expertos en nómina.


Junto con esa descarada usurpación de ciertos artistas que poco o nada tienen que ver con “el negociete de Leo Castelli en compañía de otros” para mayor gloria del POP, asistimos al interesado ocultamiento de artistas y obras que precedieron en varias décadas “a los originales y extraordinarios hallazgos” de los Warhol y compañía… Basta echar un vistazo a los collages de Picasso y Braque, a las obras de Juan Gris o Leger, a los constructivistas rusos, a las obras Dada o de expresionistas alemanes de entreguerras, a las pinturas o collages de Schwitters, Ernst, Arp o el norteamericano Stuart Davis…  llenos de formas y contenidos etiquetados y comercializados como rabiosamente modernos, vanguardistas y Made in POP.

Pero, aún así, seamos prudentes y dejemos una puerta abierta, y demos una oportunidad a “lo contrario” ya que, como decía aquel: “El arte se toma su tiempo”… mientras tanto… tratemos de erosionar o incluso desmontar parte del mito-timo.





En fin, de regreso a este tiempo “concreto”  y lugar “concreto” que compartimos aunque la mayoría de las veces no lo parezca, convendría quizás detenernos a observar algunos rasgos de este “fraudulento tinglado” que en opinión de algunos minoritarios críticos, entre los que falsa y modestamente me cuento, es mayormente el fenómeno POP.
Reseño una anécdota creo que significativa del “estado de cosas” de la que fui testigo en plena visita al Thyssen. Una guía “explicaba” una obra de Warhol, concretamente se trataba de uno de aquellos dibujos publicitarios de “zapatos”. La criatura respondía a una pregunta al grupito de perfumadas y “estiradas”, en todas sus acepciones, señoronas entraditas en años que, en pleno montaje de la expo surgieron dudas y pidieron información a los propietarios de la obra sobre la “significación” de los títulos warholianos, quizá frases hechas o de argot local, para su correcta traducción al castellano. La respuesta de los “expertos” consistió en el envío de numerosos y significativos mamotretos llenos de muy diversos y contradictorios significantes que ocupaban  miles de páginas. Ni que decir tiene que decidieron no tocar ninguno de los títulos originales. Así que, la lógica “experta” resultó aplastante frente a las infames acusaciones de banalidad y superficialidad intencionada o no. De tal manera que la riqueza “sustancial” de la obra de Andy, el tristísimo, quedaba avalada por “la imponente documentación experta” que ella misma ha generado y sigue produciendo hasta por asuntos tan aparentemente nimios como son los títulos de sus obras.







Así que un dibujito publicitario, trabajo a todas luces alimenticio y anterior a su obra pictórica y su éxito mediático-comercial, y para más datos caligrafiado por la madre de la tal figura cimera del POP, bastaba para descalificar cualquier cuestionamiento, fundamentado o no tanto, sobre el calibre, la dimensión y la transcendencia de las aportaciones “originales” del tal artista al tal movimiento, ya no “ismo” y este detalle no es precisamente moco de pavo, a la historia oficial del arte. Si eso es rigor que venga…
¿Exagero?... es posible, pero pienso que sólo en la forma caricaturesca de contarlo; nada de la grotesca escena que narro es falso. Y sobre las toneladas de papeles impresos sobre el fenómeno POP, a la apabullante bibliografía existente y en “proceso” les remito. Y no quiero decir que se trate sólo ni exclusivamente de Warhol, que aquí es un botón “parcial” (por otro lado una parte de su obra siempre me ha parecido muy interesante) de muestra.
A este costado del charco tenemos a Richard Hamilton con el que ocurre más o menos lo mismo. Me refiero al exagerado y descarado engorde-experto-bibliográfico de su raquítica obra… digo en cuanto a criterios de excelencia y calidad.





¿Cuestión de gustos? Puede, pero no lo creo. Como decía Paul Veléry: “Una obra de arte debe de ser necesaria o no es nada”. Y el propio Richard califica el arte POP como “prescindible”. Observen el caso concreto del sobrevalorado Hamilton y su expo en el Reina. No he conseguido ver una sola obra suya del nivel, que tampoco es estratosférico, de ese collage  (Just what is it that makes today's homes so different, so appealing?) que siempre aparece en cualquier sitio donde se hable del POP. Toda su obra desde los años cincuenta hasta su muerte en 2011, al menos la que he podido ver y no sólo en esta expo, no es más que una chusca amalgama de estilos escandalosamente subsidiarios de artistas y obras ajenas: Warhol, Picasso, Duchamp, Bacon… que para colmo acaban desmereciendo aún más, ¡sí se puede!, porque al lado de las demasiado evidentes apropiaciones… no hay nada más, ni siquiera un “vacío” digno de su nombre. Digo en las obras. Porque si tienen la ocasión de tener en sus manos el inenarrable folletito que regalan y tienen además  el humor de leerlo, entonces descubrirán que están ante la obra de: “uno de los más agudos observadores de imágenes procedentes de distintos ámbitos de la cultura contemporánea…” Y ahí es donde se te empieza a poner cara de gilipollas… ahí comienzas a culpabilizarte… ahí te das cuenta de que careces de la sensibilidad adecuada, al menos como receptor de cierto nivel, para la belleza moderna, o sea, POP y siguientes; para la problemática del “consumo”: zapatos, sopa en latas, cocacola, Marilyn, Kennedy, Estatua de la Libertad, detergentes y otros productos del líneal o de la cabecera de góndola del Wal-Mart o del Carrefour… para la mezcla conceptual e indagatoria  de lo artificial con lo natural, y la de la apariencia con la realidad… ¿aparente? No sé, eso no lo pone. Mala pata.








En fin, el caso es que el londinense sagaz y observador POP también diseñó el álbum blanco de Los Beatles, y eso no me negarán que en el mundo y el negocio del ARTE con mayúsculas son palabras mayores… (Recuerdo ahora el rotundo NO y el “a mí usted no me tutee que no le conozco de nada”, que le propinó M.C. Escher al líder de los Rolling Stone cuando le encargó, como si le hiciera un favor “artístico e histórico”, una portada para un disco del grupo. ¿Sería la que terminó haciendo Warhol? ¡Nadie a mi izquierda… POP!) y también llegó a manipular una foto de Mick Jagger esposado  cuando lo detuvieron por consumo de drogas… y otra de Tony Blair al que le puso dos pistolas…  y aún se echa de menos a Ferrán Adriá, otro “artista”, de quien el chorbopop era coleguilla y, ya de camino, comensal asiduo en El Bulli. Ya digo, el tipo estaba en todas las salsas… ¡del negocio! (Pero se nos informa que procedía de una familia de clase obrera, no se crean).






Otro día, más… que la perorata ya resulta demasiado larga… y está quedando poco POP.

ELOTRO


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“Tendrá que abandonar usted muchas imaginaciones engañosas antes de llegar a ser un bedel apto.”
(Kafka)

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