Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 31 de mayo de 2012

ERNST LUDWIG KIRCHNER (1880-1938)








En 1901, con 21 años, Kirchner fue a estudiar arquitectura a Dresde. (Finalmente consiguió su diplomatura como ingeniero)
En 1903 se trasladó a Munich y se matriculó en pintura en la escuela de Bellas Artes. (Curiosamente él y sus críticos siempre destacaron en sus obras las huellas del autodidacta)









En 1905 fundo el grupo “El Puente” junto con tres compañeros arquitectos, Fritz Bleyl, Erich Heckel y Karl Schmidt- Rottluff.

“Con la fe en la evolución, en una generación nueva tanto de creadores como de destinatarios de arte, convocamos a toda la juventud y, como juventud portadora de futuro, deseamos procurarnos libertad de movimientos y de vida frente a las fuerzas bien establecidas y más viejas. Está con nosotros todo el que refleja, directamente y sin falsearlo, aquello que le impulsa a crear,” (Fragmento del Programa del “Grupo de Artistas Puente”)



















El grupo se inspiró, por un lado en el arte primitivo, el gótico tardío alemán y la estatuaria de las culturas no occidentales. (Hacía 1910 el estilo del grupo, muy vitalista y emparentado con las corrientes “naturistas” de la época, se radicaliza bajo el influjo de una pieza de arte primitivo, la llamada “Viga de Palau”: un gran leño procedente de una casa del archipiélago de las Palau exhibido en el Museo Etnográfico de Dresde. Este dato nos revela un curioso paralelismo con la exposición de las máscaras africanas en París y su influencia sobre Picasso y el cubismo)







Y por otro lado, resulta notoria la influencia de artistas que van desde Grünewald a Goya o Munch, también de Gauguin y van Gogh y por último Matisse y los “fauves” franceses. (Kirchner, no entiendo por qué razón, negó siempre haber sido influenciado por Matisse. Claro que sus obras y las del grupo le desmienten.)








“El Puente” se constituyó junto con el grupo “El Jinete Azul” (Kandinsky, Marc…), en la vanguardia del movimiento expresionista. Una de sus grandes aportaciones fue la recuperación y revitalización de la “xilografía” o grabado sobre madera. Técnica de origen medieval que llevaba siglos abandonada en occidente –no así en Japón o China- arrinconada por otras técnicas de grabado más modernas y versátiles como el aguafuerte, la litografía y en otro orden técnico, la serigrafía.
(Kirchner apreciaba especialmente las obras realizadas sobre madera por Munch, y fue él quien  introdujo la xilografía en el grupo. Sobre este asunto de las aportaciones “individuales” al colectivo, Kirchner siempre se arrogaba un protagonismo y una superioridad que acabó por exasperar a los demás miembros, provocando finalmente la disolución del grupo.)








La obra gráfica sobre madera se mostró como el medio ideal para ese estilo expresionista compuesto de líneas anchas y fondos planos de colores chillones y contrastados; extraños espacios de imposibles perspectivas y carencia casi absoluta de volúmenes. Y todo ella se ensamblaba a la perfección y potenciaba la “expresividad” de las turbadoras temáticas que predominaban en sus obras: los ambientes prostibularios y los tugurios de costumbres poco respetables, los bailes y las músicas más transgresoras, las provocativas escenificaciones teatrales, las mujeres solitarias, el alcohol, las drogas… pero también el retrato y el paisaje pasaron bajo el “filtro” formal y cromático del primer expresionismo alemán.  Kirchner vivió en Dresde hasta 1911 y luego se trasladó a Berlín, a la gran “Metrópolis”, donde se zambulló en la agitación de la vida urbana y en sus “locuras” modernas, mientras distraídamente iban estallando los peores augurios prebélicos.










Kirchner había adoptado las ideas de Maurice Denis, quien había afirmado que un cuadro, más allá de la anécdota representada, era esencialmente “una superficie plana recubierta de colores asociados según un orden determinado”.
Kirchner negaba radicalmente la frontera entre el arte y la vida. Buscaba la fuente primigenia de ese “Grito original” creativo, en contraposición a la “pasividad” del movimiento impresionista. Él concebía el arte como “la naturaleza vista a través de un temperamento”.









Kirchner fue un artista muy versátil y muy prolífico. A lo largo de más de treinta años ejerció como pintor, dibujante, grabador, escultor, (Precisamente las esculturas son, lamentablemente, la parte de su obra menos representada en esta muestra) arquitecto, decorador de interiores (Este detalle también me resulta curioso. Coincide aquí en Madrid estos días una exposición del gran Piranesi, que, habiendo deseado ser por encima de todo arquitecto, tuvo que conformarse con ganarse la vida como grabador y sobre todo: decorador de interiores.) y fotógrafo (desde mi punto de vista sus fotos tienen más valor testimonial que artístico). Realizó más de 20.000 dibujos, 1400 óleos, más de 2000 grabados, 150 esculturas, miles de fotografías…








Es sin duda en los años que van de 1906 hasta la guerra del 14, cuando los componentes del grupo realizan sus grandes obras. Con más razón en el caso de Kirchner que en 1914 fue movilizado. Sufrió una gravísima crisis nerviosa (“Sus obras aparecen con frecuencia impregnadas por una marcada deformación y ansiedad, que revela una inquietud personal y psíquica que conducirá, al final de esta etapa, a una fuerte crisis nerviosa.”) que coincidió en el tiempo con el momento álgido de su consumo abusivo de alcohol y otras drogas, además de su extenuante dedicación al trabajo. En 1915 fue declarado inútil para la milicia. (quiero dejar aquí anotado aquella constatación que hizo Picasso, -al que por cierto Kirchner consideraba el más grande artista contemporáneo- al final de la guerra: “De los que volvieron, ninguno era ya el que había sido”)
A su deficiente salud mental se unió otra desgracia: sufrió un atropello.
Estuvo años deambulando por varios sanatorios. Por fin decidió trasladarse a Davos (Suiza)









En su refugio de Davos siguió pintando, fundamentalmente paisajes alpinos, de un nivel claramente inferior a sus obras anteriores.
Kirchner, y esto es algo que se aprecia con toda claridad en su obra, aunque bien es verdad que con algunas extraordinarias excepciones, nunca volvió a ser “Kirchner”, perdió su vigor, sus obras se hicieron repetitivas y en general se perdieron en un “decorativismo” banal.
En 1937 su obra fue declarada por los nazis “arte degenerado” y fue retirada de los museos. Y en muchos casos destruida.
Su precaria situación emocional empeoró, tras la anexión de Austria por los nazis, Kirchner creyó que ocurriría lo mismo con Suiza. No lo resistió, decidió destruir parte de su obra y se suicidó en 1938.









Para cualquier amante del arte será un auténtico lujo poder disfrutar de esta exposición. Kirchner es uno de los grandes artistas de la vanguardia europea de principios del siglo XX. La contemplación de su obra es una gozosa experiencia, además de turbadora y, en otro orden de cosas, muy  instructiva…

ELOTRO


(Ernst Ludwig Kirchner / En la Fundación Mapfre de Madrid del 26 de mayo al 2 de septiembre de 2012)

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miércoles, 30 de mayo de 2012

Por si sí o por si no.









Aquel pobre diablo, sin casa, sin familia, sin trabajo, sin dinero… no parecía abrigar, a pesar de todo y contra lo que cabría esperar,  la menor arrogancia social.

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En aquella pintura todo me resultaba incomprensible, además de la espantosa moldura.

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Un perdedor vocacional es aquel que se ha encariñado con el fracaso modestamente retribuido.

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“Pase lo que pase”, vale; pero, ¿y si no pasa nada ni nadie, qué pasa entonces con “lo que”?

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El éxito resulta notablemente incompetente en el asunto del fracaso.

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El consuelo infalible es que todo acabará en nada. Aunque es la discutible dimensión temporal de ese “acabará” lo que podría cuestionar  la “infalibilidad” del referido consuelo y, en su caso, su, por dilatada, mermada eficacia consoladora desde el fastuoso reino del todo hasta las indigentes tinieblas de la nada. No sé si me entiendo, aunque si sí, no crean que me consuela ni a medias.

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Si todo en esta vida está predestinado, el destino, ¿de qué vive?

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El rasgo más descollante de un iceberg, a la vista está. (sobre todo submarina)

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¿Quién no siente que le arrastra un brazo invisible? (Leído en Melville.)


ELOTRO

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lunes, 28 de mayo de 2012

De boca cerrada no salen moscas cojoneras.







Por si las moscas me tapo la boca, cierro los ojos y me tapono los oídos. Tres monos en uno ¡Que mono! Hay quien escribe el producto de lo que ha visto y de lo que ha oído ¡Qué interesante! Hay quien le añade algún invento, a modo de refugio para los más cultos y exquisitos ¡Qué tierno! Yo fabulo (miento) a partir de mi ceguera, de mi sordera, de mi mudez y de mi falta de imaginación: de esa imaginación que echa raíces en los “sentidos”, quiero decir. No deseo ni necesito descubrir o construir “un mundo”, “un sistema completo”, “un todo cerrado”, de ninguna manera. Ni aunque supiera y pudiera. En mi opinión ya existen demasiados “mundos inmundos”, tantos como mundos reales o virtuales, como para que los plumillas se dediquen a excretar algunos miles más. Por otro lado, esas tareas hercúleas, es un decir jocoso (aquí risas enlatadas), seguro que estriñen. Por ese lado no quiero riesgos, me conformo con tratar de conocer, de entender o comprender a algún trozo (que bien puede ser “un todo válido por sí mismo”) o algún fragmento que ande por ahí extraviado, superviviente de algún oscuro naufragio, con rumbo preciso o sin él, pero eso sí, con proa a contraviento. Los que estén acostumbrados a hacer de cuerpo “divinamente” cada  día me comprenderán. Infiernos, los injustos. Ese es mi fanatismo. Es menester poner fin a esas mascaradas de malditismo de salón protagonizadas por los “malditos genios malditos” mejor apoltronados y más convencionales del gremio de los genios funcionarios. ¡Control exhaustivo de la cagalidad de mundos inmundos! Hete ahí un slogan contra esa panda de cagones. Ya está bien, ¡hostias!
De acuerdo, ya sabemos que esas bufonadas son las  que les dan de comer; pero, a cambio, ¿no sería razonable por su parte interpretar, a precio de mayorista naturalmente, el papel de comemierdas? Se me acaba de ocurrir que sería una bonita forma de cerrar el circuito, ¡el círculo maldito!,  boca-ano-boca-ano, hasta el infinito. En cuanto a su proverbial halitosis, a la de los plumíferos lameculos me refiero,  no creo que se fuese a notar mucho la diferencia.
Ya les digo, déjense de tragar chorradas vestidas de malditismo de chichinabo y atrévanse a soltarle una buena patada al reclinatorio casualmente plantado, sí, casualmente juran, frente a la caseta de firmas del autor de la patochada más firmada (los electrónicos, electrónicamente) y vendida del bullicioso recinto zoológico (los monos, para colmo, ya ni compiten a escupitajos con los mirones, ¿Qué pensará K. indebidamente sepultado bajo ese mundo infra-kafkiano? ¿Y Verdi en Busseto? Con la mala hostia que se gastaban ambos, prefiero no pensarlo, la verdad…)








Pero dejemos las honduras filosóficas y escatológicas y centrémonos, sí, ya sé que esto implica un enorme esfuerzo,  en lo que no importa: miremos lo cercano; apreciemos lo inacabado, que, siempre acaba revelando cosas nuevas; estimemos lo que nos alumbra sin cegarnos; lo que vive ajeno a los oropeles y la pomposidad; lo inferior e insignificante; lo que no exige ni impone pero tampoco se conforma mansamente; lo que de ordinario solemos desdeñar, despreciar, ningunear; lo que no enjuicia ni evalúa ni tasa; lo que huye de las untuosas e interesadas lisonjas y el falaz lenguaje relamido propio de los miserables rebaños de aduladores,  que lo son, y siempre, “por la puta pela”, sí, digo bien, ya que en la “pela” cabe tó.
Así las cosas, ¿no deberíamos hacer algo? Volvamos, aunque sea de visita, a las viejas manías de cuando éramos supuestamente más pobres y supuestamente  más jóvenes y menos sabios y nos encantaba todo; de cuando vivíamos con toda la intención, de cuando no nos dábamos cuenta, ay, de que en esos momentos concretos éramos lo más felices, quién lo diría, que llegaríamos a ser… si lo hubiéramos sabido… (Y eso que quedaban todos los libros por leer, todo el garrafón por trasegar, todos los amorosos naufragios por experimentar, todas las imperdonables renuncias, las oportunidades por perder y todas las “aventuras” turísticas por inmortalizar en formato JPG.) Sería como un pequeño acto, -a la fuerza, qué se le va a hacer,  salpicado de nostalgia-  de supuesta higiene y resistencia, digo. 
O acaso ya no interesa saber qué coño palpita al otro lado de la alambrada… o en este.

ELOTRO

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