Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 27 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (8)




Erri de Luca nació en el seno de una familia obrera en Nápoles. Tenía 18 años, 1968, los “años de plomo en Italia”, cuando se integró en la organización de extrema izquierda “Lotta Continua”. Allá por 1970 empezó a escribir, pero el primer libro no lo publicó hasta 1989 con el título de “Aquí no, ahora no” (Venía de una isla pero era campesina. Sabía que la tierra, como el mar, eran ricos y, como los ricos, avaros.) libro que junto a “El contrario de uno” (No pidas permiso para ir al retrete, dice, si tienes ganas, háztelo encima, total, se seca en seguida.) y, en estos días, “Montedidio”, todas ellas lecturas jugosas, didácticas y placenteras.
Para mí descubrir a un escritor como de Luca, también poeta, periodista y traductor, fue todo un acontecimiento, un sorprendente y gratísimo encuentro y lo mejor del caso es que me queda casi toda su obra por leer. Un ex obrero militante de la izquierda radical, con el paso del tiempo intelectual brillante e internacionalmente premiado, que no ha acabado de lacayo palanganero de Berlusconi, ¡hostia!,  la excepción de la regla (ya, ya sé que hay muchos más, pero “como no llegan a salir en la foto”) que tanto jode al “sistema de pesos y contrapesos del Sistema”.



Y, como dicen por ahí, ya nunca más tendré el placer de leer a de Luca… “por primera vez”, es decir, con los ojos y la mente limpia, entiéndaseme, no lastrada o encarrilada por juicios o condicionantes previos ya sean estos propios o ajenos ("Para quien no puede tener más una experiencia, no hay consuelo", escribe Walter Benjamin a propósito de un célebre verso de Baudelaire). Viene esto a cuento para subrayar una de las características que más me gustan y valoro en la escritura de Erri de Luca: cada uno de los libros, pocos, que he tenido la oportunidad y el placer de leer tiene su sello o huella inconfundible y, al mismo tiempo y esa es la feliz paradoja, son muy distintos entre sí, en la forma, el tono, incluso en la construcción sintáctica… y en el asunto, tema o contenidos. Todos sus libros son básicamente autobiográficos, la vida, su variada y movidísima vida, es sin duda la fundamental materia prima de su obra. Es decir, nada, o poco, de oídas o leídas; el autor sabe de lo que habla, de su sabor, de su color, de su textura, de su peso, incluso de su valor de uso o de cambio y de su precio en el “mercado”. Sabe lo que vende, a quién se lo vende y dónde lo vende. Este ex militante de “Lotta Continua” ha ejercido también de albañil, camionero, operario en la FIAT, o en el aeropuerto de Catania (Sicilia), y ha tenido otras ocupaciones en Francia, algunos países de África o en la antigua Yugoslavia durante aquella maldita guerra en labores humanitarias y posicionado contra los bombardeos de la OTAN. Asimismo es un consumado y apasionado alpinista, un viajero infatigable, un vehemente lector no-creyente de la Biblia, un solitario que ya ha escrito varios guiones e incluso protagonizado alguna película ¡premiada en el festival de Tribeca-2013!... que habrá que ver; además de un autodidacta en varios idiomas incluyendo el hebreo antiguo y el yiddish… sí, el nota no se puede quejar, puede tomar un poco de aquí y otro poco de allá o acullá, tiene de donde elegir, anda sobrado de  potencial “materia literaria”.



Y a ello suma una deslumbrante imaginación que se proyecta a la hora de ensamblar y trazar itinerarios: ora de lo particular a lo general, ora de lo general… y sabiduría narrativa superponiendo capas, independientes pero conectadas, eslabonadas, en algún punto entre sí, que, respetando la lógica interna del relato, realizan aportes reales-racionales (la joroba del zapatero judío) o, en su caso, llamativas escapadas reales-irracionales (las alas angelicales que crecen bajo la joroba) Es decir, del hecho "literal" al hecho "aumentado" que decía Barthes. O insertando historias dentro de historias (en “Montedidio”, por ejemplo, el divertido microrrelato del maestro ebanista sobre el “pescador de pollos”, y la flota americana, y las minas que plantaron los nazis) …y una tan sobria como exquisita concisión en el lenguaje, (lenguaje de la calle entrelazado con la voz del narrador, expresiones del dialecto napolitano o hebreas… pero no se permite ni un puto “adorno o perifollo estilístico” como relleno o engorde, y eso que a sus lectores nos ahorra y que justamente le agradecemos al pie de cada página) para urdir, “en una loseta”, historias duras y dolorosas y de luchas oscuras o luminosas, de golpes y humillaciones, de miedos, de descubrimientos y frustraciones, de resistencia y dignidad, ya sea en la infancia, en la adolescencia, en la madurez, se refieran al individuo o a la tribu…en un refugio de montaña, en un calabozo policial o en el mugriento taller de carpintería… como la vida, su vida y la de los suyos, misma (“neorrealistas” dicen los críticos de suplemento, solapa y faldilla,, siempre tan currantes y originales en sus ¡rebuscadas! memeces, en el caso de “Montedidio” se ve que no había una “etiqueta vacía de contenido concreto y significante” más a mano para contextualizar, ¡coño! ¡si es que el autor la pone a huevo naciendo en Nápoles y en 1950!) y salpicadas de un “humor popular” (nada que ver con el folklórico y artificioso “populismo”), incisivo y mordaz cuando no corrosivo pero eso sí, siempre pegado a la vida-terrenal, a lo que realmente acontece bajo la ley de la gravedad en las casas, en las azoteas, en las calles, en los bares y comercios, en el curro, en el cine, en la iglesia… y también, en muy medidas dosis, con sus vuelos-poéticos que, a mi parecer, resultan más épicos y arraigados a las viejas leyendas o mitos del terruño y a la cultura “oral” heredada de la ancestral parentela y demás  paisanaje, que oníricas expansiones “flotantes” o lírico-bucólicas.

Se trata de un autor extraordinario que nos muestra cuánto hay de extraordinario en las “rémoras de lo real”, en lo vulgar-soporífero, en lo corriente-tedioso, en lo ordinario-fastidioso ¡y en lo extraordinario que, vaya usted a saber por qué, no percibimos!… en fin, con este hatillo de torpes y deslavazados considerandos obtenidos con mi peculiar hermenéutica (si no les valen lo siento pero, de momento, no tengo otros. Y sí, ya sé que hay lectores exquisitos a los que este tipo de autores aburren y mortifican sobremanera, porque a ellos lo que de verdad les entretiene y  divierte son esas obras con personajes que proclaman ya en la página tres que, a ellos y a su generación, la Documenta de Kassel del año no sé cuantos les cambió radicalmente la vida. Y, claro, a partir de ahí los “orgasmos-cualitativamente-inteligentes” se suceden en cascada imparable página sí, página también… es decir, en el mejor de los casos, los temas más alejados de mis intereses indisociablemente unidos a las  más hueras formas estéticas que tanto repugnan a mi poca o mucha sensibilidad.) sólo pretendo -además de seguir compartiendo afinidades- recomendar ¡a base de “concretos” y definidos  fundamentos!, la lectura, siempre amena, de su obra.

ELOTRO





Como aperitivo dejo aquí un párrafo, creo que ilustrativo de lo señalado más arriba, de “Montedidio”:

“Acompaño a Rafaniello a los lavaderos, sube a saltos las escaleras, no sabe caminar. Se asoma por el pretil, mira hacia el sur y el este. Ensancha el blanco de los ojos, sobresale el cerco verde que fija la ruta, pronto nos despediremos, le pregunto en qué piensa. Es mediodía de Navidad, todo el mundo está en casa, sólo nosotros estamos fuera y resplandece el aire de mar. Habla así, asomado, sin mirarme: “En mi país hay un proverbio que dice: “Esto es cielo y ésta es tierra”, para señalar dos puntos opuestos. Aquí arriba se juntan”. Claro, don Rafanié, en la cumbre de Montedidio, de un salto se llega al cielo. “Harán falta varios, mucho impulso. Cuando sueñas que vuelas no llevas peso, no tienes que convencer a la fuerza de que te sostenga en el aire. Pero cuando llegan las alas y el cuerpo se tiene que preparar para elevarse, necesitas una violencia que te desprenda de la tierra, un salto como un cuchillo que te arranque del suelo con un corte. Soy zapatero, un sândler, como se decía en mi país. Reparo zapatos, sé de pies, entiendo su apoyo, cómo hacen para mantener en equilibrio todo un cuerpo sobre ellos, comprendo la utilidad del arco, la dureza del talón, el muelle que en el hueso astrágalo permite saltar a lo largo, a lo ancho y hacia arriba. Conozco los dolores del pie y la felicidad de sostenerse en todas las superficies, hasta en una cuerda tensa. Una vez le hice un par de zapatos de piel de gamo a un funambulista del circo. En Nápoles he aprendido que los pies saben navegar, he reparado los zapatos de los marineros que deben igualar el péndulo del mar. Los pies me han traído hasta este Montididio, ellos me han salvado. En mi país se dice que los pies, no los dientes, dan de comer a los lobos. Tengo incluso una joroba que me empuja hacia abajo. ¿Qué pinta alguien tan terrestre como yo aleteando en el cielo bajo las estrellas?”


Erri de Luca, Montedidio, pp. 106-107

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jueves, 24 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (7)





Henri Cartier-Bresson (1908-2004).


“Vi, de pronto, con una claridad meridiana, lo que yo entendía por imaginación: Imaginación es lo posible.”
(Eva Forest. “Diario y Cartas desde la cárcel”)



“No hubo un único Cartier-Bresson, sino más bien varios.” Se puede leer en el folleto de la expo que ocupará todo el verano las salas de la Fundación Mapfre. Muy cierto. Conocemos muy bien al extraordinario fotógrafo de la Agencia Magnum, de la que fue cofundador, que recorrió el mundo entero y nos obsequió con sus espléndidos fotorreportajes publicados en las más prestigiosas revistas. Pero no tan bien o prácticamente nada de esos “otros” Cartier-Bresson que también son importantes partes “constitutivas” del gran artista del siglo XX.

En las primeras salas la muestra, en total más de quinientas obras que se te hacen pocas, se nos ilustra sobre su llamado primer periodo, de 1926 a 1935. Como punto de partida vemos dibujos, pinturas (HCB estudió pintura durante dos años con André Lhote) y fotografías de su época de formación y nos da a conocer su temprana fascinación por el movimiento surrealista. HCB asistía a los cafés parisienses y, aunque, debido a su juventud y timidez, muy en segundo plano y por supuesto sin decir ni mu, ya empezaba a no estar estando, tomaba buena nota de los delirantes y acalorados debates que mantenían aquellos tertulianos “politizados” y vanguardistas.









El cine le atrajo desde muy joven y parece que intentó trabajar de ayudante con Luis Buñuel, pero no pudo ser. Sí lo consiguió en cambio con Jean Renoir con el que colaboró como asistente y algunas veces como actor ocasional. En pantallas intercaladas a lo largo de las salas podemos visionar varias proyecciones  que forman también parte fundamental de la expo; No olvidemos que el propio Cartier–Bresson dejó dicho que: “el cine me ha enseñado a ver”. A destacar y de 1937, Victoria de la Vida (Victoire de la vie), Documental sobre los hospitales de España Republicana. HCB ya había visitado España en el año 1933, tomando una serie de fotografías extraordinarias en  Sevilla, Valencia, Madrid o Barcelona, pero su creciente compromiso político con publicaciones comunistas y su solidaridad militante con la lucha antifascista en España, el “internacionalismo”, le llevará a rodar el documental: “España vivirá” (L’Espagne Vivra), sobre la guerra civil española y los años de postguerra. El artista calificado “el ojo del siglo” también nos abrió los ojos, nos ayudó a  ver, con “fotogramas en movimiento”. Las imágenes oníricas del movimiento surrealista llenas de poderes asociativos e interpretativos, Bretón dixit, (aquellas que “derramaban la sal de la deformación”) quedaban atrás y cedían el paso al primer plano a las masas y sus luchas y sus condiciones de vida, las manifestaciones, los mendigos, las putas, los indigentes… una buena parte de la “constitutiva” realidad social realmente existente y habitualmente escamoteada. Podría decirse que  la "foto-monólogo"  tornó en "foto-diálogo". De tal manera que, parafraseando el título del libro de un amigo de HCB: “la fotografía se convertía en un arma de clase” en la lucha de los explotados (“desplazados de lo visible”) contra los explotadores (nunca visibilizados como tales).






En 1935 había aprendido los fundamentos de la cámara de cine en USA, en el seno de una cooperativa de documentalistas muy influenciados por las ideas políticas y estéticas soviéticas y donde coincidió con Paul Strand, fotógrafo y cineasta comprometido con el antifascismo y que también rodó en 1940 una película sobre la España republicana: “Heart of Spain”.








Y es en ese segundo periodo que los organizadores marcan entre 1936 y 1947 donde se manifiesta de una forma más nítida “otro” Cartier-Bresson (el intelectual que progresivamente se radicaliza y se comprome políticamente; el que no se queda “de miranda” en la grada, el que baja a la arena donde se ventila el combate y se mancha las manos; el que no ignora “la situación”, por así seguir con la metáfora sartriana) en la lucha internacionalista contra el auge del fascismo (¿instante histórico decisivo?) en Italia, España o Alemania.










Y nuevo ciclo, de 1947 a  1970, creación de la cooperativa Magnum Photos con Capa, Vandivert, Seymour… es la etapa  de los grandes fotorreportajes y seguro la más conocida: URSS, China, India, México… hasta que cayó en la cuenta de que los criterios con los que nació la agencia se escoraban inexorablemente hacia objetivos demasiado comerciales y serviles con las “líneas editoriales” de los grandes grupos de comunicación. Decidió entonces que para él se acabaron los fotorreportajes… abandonó la fotografía “de encargo”, pero siguió tomando fotos para sí mismo, siguió viajando y echándose a las calles a mirar y, “si pican”, apropiarse de fragmentos “recortados” de la realidad con su Leica (No quisiera dejar de señalar un pequeño fragmento de una película que se exhibe en la sala final, y en la que podemos ver a Cartier-Bresson en plena faena callejera. Sí, en cierto sentido haciendo la calle, buscando cliente. Es todo un espectáculo observar cómo dribla paseantes y se desplaza y escurre entre el inadvertido personal, mientras persigue, con la cámara pegada al ojo y acechante como el más atento y tensionado de los depredadores, y con toda la intención, uno de esos “instantes decisivos” que sólo él es capaz de oler con la suficiente antelación, y que le permita sujetar el instante, fijarlo  y así condenarlo a la eternidad. El cámara que le graba, además, nos regala unos primeros planos de su “juego de piernas”, mientras busca y rebusca, que resultan una autentica danza que más que al genial Cassius Clay nos recuerda al no menos genial Jacques Tati. Un making-of impagable.)  e intentar captar y convertir en lenguaje fotográfico, esos fugaces momentos casi siempre inobservados, esos encuadres prodigiosos, esos implícitos interrogantes de otra manera condenados a disolverse, a desaparecer, a no ser tenidos en cuenta o a ser olvidados…






HCB retomó en sus últimos años el dibujo, es decir, una forma de regreso al comienzo, al que había sido su punto de partida. Para nada se trata de una vuelta atrás; siguió su camino, que por cierto nunca fue un caminar por caminar, un pasatiempo alimenticio, sino más bien un hacer camino que es al mismo tiempo  un hacerse en el camino; y así, pienso yo, llegó, de nuevo, al dibujo; y lo hizo después de superar, y en cierto modo agotar, los jalones de la fotografía y los fotogramas. El dibujo permite interrogarse a sí mismo, cada línea es parte de la pregunta que a suvez contiene algún que otro tanteo de respuesta. Ese ojo que miró el siglo, acabó por detenerse también ante su propia imagen reflejada en el espejo, y quizás fue así como se dibujó (se pensó, se elaboró, se diseccionó) a sí mismo. “La fotografía, -dejó dicho-, es una acción inmediata; el dibujo, una meditación”. También se interesó mucho por el pensamiento Zen, y recomendaba a todo el que se ponía a tiro, un libro: “Zen, en el arte del tiro con arco”, de Eugen Herrigel. Por cierto, se puede descargar el PDF en la red. Que ustedes lo mediten bien.


ELOTRO

No me importa lo que mis obras “parecen”, me importa la idea que se expresa en ellas.
(Marcel Duchamp)





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lunes, 21 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (6)




Un vacío en el “banco de imágenes”: La negritud.

La exposición se titula “Pintura y otras cosas”, de Kerry James Marshall. Kerry es un pintor norteamericano de raza negra que decidió, en su momento, no seguir la moda vigente de arrinconar la pintura figurativa y abrazar, posmodernamente, la abstracción. Por el contrario él  decidió hacer pintura de representación, así llama a la figuración, y cubrir con su aportación el déficit de contextos sociales, personajes o figurantes de raza negra, lo visible o lo invisible, de que adolecía el arte presente en los museos o en las galerías.









Dice Kerry: “Uno no puede nacer en Birmingham, Alabama, en 1955, y criarse en el Sur de Los Ángeles, cerca de la sede del Partido de las Panteras Negras, y no asumir cierto tipo de responsabilidad social. Tampoco es posible trasladarse al barrio de Watts en 1963 y no hablar de ello. Esas circunstancias fueron determinantes para la evolución de mi obra.” Si él lo dice. Angela Merkel nació y se formó en la RDA, e incluso hizo sus pinitos en el Partido Comunista y luego ya lo ven, Canciller de la Alemania Unida y lideresa mundial del neoliberalismo… evidentemente “el contexto” es un factor de muy variable incidencia en las carreras de la gente… se impone una vez más no caer en perezosas generalizaciones y procurar análisis concretos de situaciones concretas. Además, desear freír un par de huevos no es freír un par de huevos. Y freír un par de huevos no te convierte en cocinero. No sé si me explico. Tampoco hay que descartar que la obra resulte impenetrable para mi particular miopía de juicio o entendimiento y de ahí la imposibilidad de bucear en el "interior conceptual" de la misma. Hay otra cita de Kerry sobre sus “intenciones” en el folletito que también ha llamado mi atención, esta: “La figura siempre será negra, incluso dentro de lo negro”. Mola, ¿no? A mí me parece que sí, y además me lo parece en su doble versión: como enunciado textual y como “hecho pictórico” del que he podido ser testigo  frente a varias de sus obras.
















Aunque pienso que las buenas intenciones “militantes” de este pintor afro-americano  quedan muy lejos o, en mi caso no demasiado aprehensibles en las obras expuestas; debo de reconocer que resulta muy gratificante encontrarse en las salas del Palacio de Velázquez del Retiro a un artista poco convencional, que choca con las “expectativas habituales” y, al menos en mi caso, poco o mal visto. No sé si bien digo.

ELOTRO






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viernes, 18 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (5)




¡En bonito mundo estamos!...¿Quién será tan estúpido que no vea este palpable artificio? Pero ¿quién será tan osado para decir que lo ve?

(Shakespeare, Ricardo III)


Manuel Vázquez Montalbán terminó de escribir su novela “Asesinato en el Comité Central” en 1981, yo la acabo de leer, en Madrid a 12 de julio de 2014 y, qué quieren que les diga, me alegro de haberlo hecho 33 años después de su publicación, entre otras razones porque a estas fechas ya sé, se saben, algunas cosas que ayudan a confirmar por ejemplo cuanto aparece de autobiográfico en la novela y, otras identidades emboscadas como la del llamado camarada Cerdán, en este lado del espejo el filósofo Manuel Sacristán, que en la Barcelona franquista ejerció de responsable político en plena clandestinidad del entonces militante pecero Carvalho/Montalbán.


También hoy resulta más fácil explicarse por qué el ex comunista y descreído Carvalho se declara “provocativamente” ex agente de la CIA. En fin, hoy conocemos que Montalbán, a primeros de los sesenta, fue sutilmente apartado del partido y vigilado de cerca en una micro-célula que le montaron a medida de posible traidor y con plantilla de lujo: Manuel Sacristán, Josep Fontana y Manuel Vázquez Montalbán : total pa no hacer ná. Y aquella falta de actividad fue lo que mosqueó seriamente a MVM. Todo fue debido a ciertas sospechas sobre su posible relación, -visitaba frecuentemente, ¡coño era periodista de sucesos!, una comisaría donde día sí y día también se torturaban comunistas-,  con la policía del franquismo o incluso con la CIA. Sí, más tarde se aclaró todo, entre otras cosas porque además el “sospechoso” fue detenido y enchironado, y la cárcel, ya se sabe, da galones, limpia y  abrillanta el currículum del agraciado. En fin, diez años y una chusca Transición después, el poco olvidadizo escritor ajustó, se entiende que literariamente, cuentas con lo divino y lo humano. Y Con Sacristán y con los policías torturadores que ya para entonces eran “demócratas de toda la vida” con sueldo y vidorra que no se la habían imaginado ni en sus mejores sueños falangistas e imperiales. Una cita: “- La Trilateral (¿o el Partido?) puede matar a un hombre sin quitarle la vida. Puede montarle una campaña de desprestigio aplastante.”



De adolescente yo leía con auténtica devoción todo lo que caía en mis manos con la firma MVM o con alguno de sus múltiples seudónimos, ya fuera en “Triunfo”, en “Por favor”, en “Interviú”, en “La calle”… pero claro, nunca en “Mundo Obrero”. Lo que conocía, que todo hay que decirlo no era demasiado, de la vieja historia del PCE me merecía y me sigue mereciendo todos los respetos, como por otra parte no podría ser de otra manera en alguien que se consideraba y sigue considerando orgullosamente comunista, pero hablando de la línea ideológica y la actuación política y sindical práctica desde finales de los sesenta y especialmente, de lo que fui testigo y no precisamente desde la barrera, o sea, desde el año 1974, de respeto ni mijita.
La estafa de la Transición, operación de maquillaje y homologación europea de la dictadura, hacía años que se venía venir (hoy existen datos y documentos que prueban el diseño y la dirección de la CIA en toda la operación con la colaboración servil y entusiasta de la Internacional Socialista por entonces presidida por Willy Brandt y, desde mucho antes, del Régimen franquista y sus servicios secretos), al menos desde lo que Carrillo llamaba despreciativamente las “cabezas de ratón” de la  extrema izquierda. Por cierto que Sacristán, que ya llevaba tiempo distanciado de la dirección, no tragó con el timo del Eurocomunismo y se largó con su marxismo y viento fresco hacia territorios eco-socialistas. MVM, en cambio se quedó en el PSUC, según él, para salir el último y apagar la luz. Pero esto es un cuento de otra novela.





En “Asesinato…” encontramos todo tipo de ingredientes, desde los ya citados marcadamente autobiográficos hasta un somero repaso por señalados jalones de la “gran” historia del PCE y del movimiento comunista internacional, ya saben, stalinismo, Budapest, Praga… curiosamente ni una sola palabra sobre Pasionaria… y por la “pequeña” historia de sus viejos y no tan viejos dirigentes,  destaca sobre todo el “arquetipo”, otra cosa no, Carrillo/Garrido, el “asesinado” secretario general (al que por cierto y en la realidad realmente existente y justo cuando MVM terminó la novela le quedaba poco más de un año en la “todopoderosa poltrona”.), individuo éste al que, en palabras de Gregorio Morán, “le bastaron 8 horas de reunión con Suárez para acabar malvendiendo y destrozando los 50 años de historia del PCE”. Hoy sabemos, hora más año menos, que lamentablemente, “monarquía y fiesta de la banderita incluida”, así fue.



Pero Carvalho también nos muestra sus múltiples habilidades y saberes culinarios y sus contrastados conocimientos vitivinícolas.
Su particular “Odisea” gastronómica en el Madrid que ya se embalaba hacia la “Movida”, va desde el caviar y el cocido de Lhardy hasta los choricitos a la sidra de Casa Mingo, pasando por Casa Gades, el tapeo en el barrio de Arguelles o el copeo nocturno en el Oliver que fue de Marsillach. Y entre libación e ingestión, introduce párrafos tan jugosos como el que sigue:

“Como habrá comprobado soy trotskista y ahora me preguntará ¿qué hace un trotskista como tú en un partido como éste? Ande, pregúntelo.
-Delo por preguntado.
-Evitarme a mí mismo la tentación de meterme en un partido trotskista. Ya lo dijo el Che: Si hay que equivocarse es preferible equivocarse con la clase obrera. Yo siempre he preferido estar donde estuviera la vanguardia objetiva de la clase obrera real y he abandonado a mucha gente, por ejemplo a mi hermano que es presidente del tiro de pichón de Coria y es amo de media provincia y a mi mujer que es marxista grupuscular. Ha pasado por todos los partidos comunistas pequeñitos porque tiene mucha capacidad de ternura. Le gustan los partidos de izquierda que son una monada. Cuando éramos novios si la quería hacer feliz le regalaba sillitas, cafeteritas. Recuerdo que el regalo que más la ilusionó fue el de una cafetera italiana que sólo hacía café para dos personas. En política era igual. Se apuntaba a la causa de todo aquel que montaba un partido de izquierda con veinte duros de marxismo. Ahora creo que es anabaptista marxista-leninista o algo así. Señor Carvalho, a mí me gusta equivocarme a lo grande. Aquí donde me ve me corresponsabilizo de todos los crímenes de Stalin y de todas las malas cosechas soviéticas desde que se puso en marcha la destrucción de los kulaks y de los pequeños campesinos privados. De lo que no me corresponsabilizo es de los gilipollas como mi mujer o Cerdán (M. Sacristan) que van por ahí montando puestos de baratijas ideológicas o inventando el marxismo jeremisiaco a lo Cerdán. Es obsceno. Van por ahí enseñando las pupas y diciendo: Nos han traicionado. Mierda. Que les den por el culo y mucho.”



Y, desde otra esquina, definitivamente se constata que los episodios de sexo no son el fuerte de MVM. Nadie es perfecto. Y entre lección y lección de historia, por ejemplo, nos cuela un cuento de indios, eso sí, alegórico y rigurosamente histórico, con protas como Caballo Loco, Nube Roja o Little Big Man… y aquí otro detallito envenenado: al “Gerónimo” sobre el que escribió su libro Manuel Sacristán, ni lo mienta. También nos coloca Montalbán, entre quema y quema “selectiva y vengativa” de libros por parte del ex lector y declarado abstencionista  Carvalho alguna que otra bibliografía marxista pelín “heterodoxa”: entre otros muchos (¿Su propia y real biblioteca base de aquellos tiempos?) cita a Lukács (político y filósofo marxista introducido y traducido al castellano por Sacristán), Stalin, Lafargue, Hobsbawm, Mao, Deutscher, Gustavo Della Volpe, Gramsci (Traducido por Sacristan), Togliatti (Político comunista preferido de Sacristán), Bujarin, Arrabal… o el “Escritos sobre Heine” también obra una vez más del filósofo Manuel Sacristán que se ganaba unas pesetas a base de traducir del alemán (Marx, Goethe, Heine…).
Y siguiendo con los ingredientes “literarios” también hay hueco en la novela para pequeñas pero jugosas críticas literario-políticas como las de las obras utópicas y distópicas de Orwell, Zamiatin y Huxley. Recordemos que “1984” estaba a la vuelta de la esquina.
Ese es MVM, un talento y memorión enciclopédico (“el peligro revolucionario nunca es cuantitativo, siempre es cualitativo”) probablemente algo menos amplio, riguroso, analítico y profundo que el de Sacristán, el cual contaba además con la ventaja políglota (latín, griego, alemán, francés…) que le permitía nutrirse de las fuentes originales; pero evidentemente mucho más aprehensible, asequible, apetitoso, digestivo y por supuesto divertido. Y MVM siempre invita a sus lectores "complices" a participar en el juego.
Ya en 1979 MVM, que, digámoslo todo, congenió de puta madre con el muy facha pero por encima de todo muy cuco y gran negociante José Manuel Lara (que incluso le avaló la compra de una magnífica masía) , había ganado el millonario “Planeta”, algo a partes iguales inalcanzable e inimaginable para los talentos y las circunstancias personales  del siempre austero y nada mediático filósofo marxista, Manuel Sacristán (del que por cierto nunca hubo noticias sobre actividad novelística pero sí he leído que escribió una obra de teatro que nunca se ha representado).



MVM en esta obra pone en boca de sus personajes frases que ya han pasado a la pequeña historia de la Transición como: “Contra Franco estábamos mejor” o esta otra en boca de Carvalho referida una vez más a Manuel Sacristán: “-A este hombre le debo un cincuenta por ciento de lo que he sido y absolutamente nada de lo que soy”; o, en otro orden de cosas, aquello que ya formuló Cortázar de: “…la inseparabilidad del objetivo de Marx, cambiar la historia y la del objetivo de Rimbaud, cambiar la vida.” En este sentido y en el tramo final de la novela Carvalho le espeta a Cerdán/Sacristán:
“-¿Has probado con un régimen de bacalao al pilpil, champán frío y follar como un loco?”
A lo que el propio Montalbán que no olvidemos es quien pone voz a Cerdán/Sacristán contesta:
“ –Tengo un humilde sueldo de adjunto. Tú, en cambio, no haces política, ni carrera universitaria, ni nada. Pero te van bien las cosas. Parecías tímido pero eres un hombre de recursos.”
Ya digo, en “Asesinato en el Comité Central” hay más de un ajuste de cuentas… ¿También auto-ajuste?
Por cierto, el asesino existe, y no es Oswald, pero sólo como Macguffin.
Y una conclusión: voy a leer toda la serie político-policíaca de Carvalho, porque pasar un buen rato, salpicado de nostalgia y alguna cosa más, está asegurado. Y sí, no es Chandler, pero es MVM y falta hace. Y, además, los que no hemos nacido sabios, de alguna manera tenemos que aprender. (Aunque tengo entendido que cada vez hay más gente que lee para no saber).


ELOTRO

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El padre de la verdad es el tiempo
y no la autoridad.

(Bertolt Brecht, “Galileo”)

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martes, 15 de julio de 2014

Tal vez me equivoque. (4)





¡En bonito mundo estamos!...¿Quién será tan estúpido que no vea este palpable artificio? Pero ¿quién será tan osado para decir que lo ve?


(Shakespeare, Ricardo III)


“Omar”, una película de Hany Abu-Assad. Un cineasta palestino de nacionalidad israelí. Una de las pocas películas producida en su integridad con dinero palestino. Otro problema son las redes de distribución, de las que carecemos por completo, apunta el director. El estrangulamiento económico es un arma capitalista muy eficaz en la costosísima industria del cine… y si no hay oferta, no hay demanda. El caso es que a pesar de todo “Omar” consiguió llegar a Hollywood nominada pero… el ganador fue “La gran belleza”, ¿O era “La gran cagada?

En fin, el caso es que se estrena “Omar” en Madrid coincidiendo con un nuevo ataque israelí sobre Gaza. Cuando escribo esto ya se cuentan más de 100 muertos, 25 de ellos niños y más de 600 heridos palestinos… y cero muertos israelíes, aunque en el lado de los buenos existen algunos casos de ataques de ansiedad. Y un dato curioso, la televisión norteamericana, ABC News, utiliza imágenes de los bombardeos sobre Gaza y las víctimas palestinas para ilustrar y hablar del angustioso sufrimiento de los israelíes… el no va más de la manipulación y la desinformación. Y luego de tanto crimen y tanta mentira se preguntan los norteamericanos, sus socios protegidos sionistas ni eso, porqué son tan odiados…




Un muy lúcido norteamericano escribió: “Cuando los israelíes en los territorios ocupados ahora afirman que tienen que defenderse, se están defendiendo en el sentido de que cualquier ocupante militar tiene que defenderse de la población a la que está aplastando. No puede defenderse cuando se está ocupando militarmente tierra ajena. Eso no es defensa. Llámalo como quieras, no es defensa. Es un asesinato.” (Noam Chomsky)

Volvamos a Omar, un joven y atlético panadero de Cisjordania que se ha ido a enamorar de una chica que vive al otro lado del Muro de Berlín… uy! Perdón! Que este muro sigue en pie y tiene diez metros de alto y tropecientos kilómetros de largo y, además, ¡es defensivo! (Por cierto, disculpen un dato más: El Tribunal de La Haya sentenció el derribo de este muro de la vergüenza sionista a fecha 9 de julio de 2004, ¿estamos?)





En la peli se nos informa de lo que significa vivir en un territorio ocupado por un ejército racista. El muro y los controles militares con sus habituales provocaciones y humillaciones no facilitan precisamente la libertad de movimiento, las relaciones amorosas o de amistad. El control represivo del ocupante es casi absoluto, presumen de saberlo todo de todos, de tener colaboradores e infiltrados en cada calle, en cada escuela, en cada bar. Una situación límite que determina y lastra las conductas, los sentimientos íntimos, las fidelidades y las traiciones. “Omar” es una historia de amor, con algún rasgo shakesperiano, que discurre dentro de un territorio con una muy concreta y muy “emborronada” situación político-social que todo lo salpica de irracionalidad geopolítica. Pero no nos confundamos, no se trata sólo de una historia localista, de un relato alicorto y reduccionista que pierda “universalidad” o sentido y significado fuera de la Cisjordania ocupada.  Y tampoco es una película para paladares delicados, la materia que se nos ofrece es recia, nervuda, exige buena dentadura y masticación meticulosa y, aún así, la digestión no será fácil.





¡¿cómo hacen los palestinos para no reaccionar al terrorismo cotidiano que se ejerce en contra de ellos?! leo en un artículo de Emir Sader en Página 12. En “Omar” no veo “mensajes explícitos”, sí asistimos desde el punto de vista palestino al espectáculo de la vida cotidiana, y claro está a su denuncia, de un panadero, con sus miedos y sus paranoias (¿con quién estás y contra quién?), que no es indiferente a lo que pasa y le pasa y que por el contrario se compromete en la resistencia, en la lucha contra el opresor, y que del tirón, ¡qué remedio!, se enamora de una joven estudiante hermana de un amigo y compañero de comando y que, ni puede ni quiere resignarse a la humillante e indigna supervivencia que le concede como plato único el ejército sionista invasor. Dice el director: “En general, mis temas son amor, confianza, amistad y traición y cómo se comportan estos valores universales bajo las circunstancias más extremas; en este caso, la ocupación israelí de dos millones de personas en Cisjordania”.




Por cierto, me ha gustado mucho la “factura” de la película. El muy flexible tono narrativo, la calidez y el siempre adecuado “tempo”: ora calmo ora frenético,  ya sean escenas entre los enamorados o familiares o por el contrario espectaculares acciones de carreras o tiroteos; las muy medidas pero muy ilustrativas imágenes de las torturas o peleas carcelarias; las impresionantes escenas de persecución y escalada, los magníficos “bodegones” de la panadería, y los estupendos diálogos. El gag sobre Brando genial, y como otras varias pinceladas de humor, muy bien colocado o estibado, como si el director se tomase un recreo en medio de la tensión. Quizás me equivoque pero algo o mucho de esta manera de contar me ha recordado, saltando al terreno literario, las  obras "sobre la militancia y la lucha" de Erri de Luca y sus interludios llenos de senderismo y escaladas o  encuentros más o menos románticos.
En fin, una película dura pero estupenda, y creo que muy necesaria, digo para ayudar a desemborronar “el complejo y emborronado conflicto”.


ELOTRO


Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas.

(Samuel Johnson)

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