En 1901, con 21 años, Kirchner fue a estudiar arquitectura a
Dresde. (Finalmente consiguió su diplomatura como ingeniero)
En 1903 se trasladó a Munich y se matriculó en pintura en la
escuela de Bellas Artes. (Curiosamente él y sus críticos siempre destacaron en
sus obras las huellas del autodidacta)
En 1905 fundo el grupo “El Puente” junto con tres compañeros
arquitectos, Fritz Bleyl, Erich Heckel y Karl Schmidt- Rottluff.
“Con la fe en la evolución, en una generación nueva tanto de
creadores como de destinatarios de arte, convocamos a toda la juventud y, como
juventud portadora de futuro, deseamos procurarnos libertad de movimientos y de
vida frente a las fuerzas bien establecidas y más viejas. Está con nosotros
todo el que refleja, directamente y sin falsearlo, aquello que le impulsa a
crear,” (Fragmento del Programa del “Grupo de Artistas Puente”)
El grupo se inspiró, por un lado en el arte primitivo, el
gótico tardío alemán y la estatuaria de las culturas no occidentales. (Hacía
1910 el estilo del grupo, muy vitalista y emparentado con las corrientes
“naturistas” de la época, se radicaliza bajo el influjo de una pieza de arte
primitivo, la llamada “Viga de Palau”: un gran leño procedente de una casa del
archipiélago de las Palau exhibido en el Museo Etnográfico de Dresde. Este dato
nos revela un curioso paralelismo con la exposición de las máscaras africanas
en París y su influencia sobre Picasso y el cubismo)
Y por otro lado, resulta notoria la influencia de artistas
que van desde Grünewald a Goya o Munch, también de Gauguin y van Gogh y por
último Matisse y los “fauves” franceses. (Kirchner, no entiendo por qué razón,
negó siempre haber sido influenciado por Matisse. Claro que sus obras y las del
grupo le desmienten.)
“El Puente” se constituyó junto con el grupo “El Jinete Azul”
(Kandinsky, Marc…), en la vanguardia del movimiento expresionista. Una de sus
grandes aportaciones fue la recuperación y revitalización de la “xilografía” o
grabado sobre madera. Técnica de origen medieval que llevaba siglos abandonada
en occidente –no así en Japón o China- arrinconada por otras técnicas de
grabado más modernas y versátiles como el aguafuerte, la litografía y en otro
orden técnico, la serigrafía.
(Kirchner apreciaba especialmente las obras realizadas sobre
madera por Munch, y fue él quien introdujo la xilografía en el grupo. Sobre
este asunto de las aportaciones “individuales” al colectivo, Kirchner siempre
se arrogaba un protagonismo y una superioridad que acabó por exasperar a los
demás miembros, provocando finalmente la disolución del grupo.)
La obra gráfica sobre madera se mostró como el medio ideal
para ese estilo expresionista compuesto de líneas anchas y fondos planos de
colores chillones y contrastados; extraños espacios de imposibles perspectivas
y carencia casi absoluta de volúmenes. Y todo ella se ensamblaba a la
perfección y potenciaba la “expresividad” de las turbadoras temáticas que
predominaban en sus obras: los ambientes prostibularios y los tugurios de
costumbres poco respetables, los bailes y las músicas más transgresoras, las
provocativas escenificaciones teatrales, las mujeres solitarias, el alcohol,
las drogas… pero también el retrato y el paisaje pasaron bajo el “filtro”
formal y cromático del primer expresionismo alemán. Kirchner vivió en Dresde hasta 1911 y luego se
trasladó a Berlín, a la gran “Metrópolis”, donde se zambulló en la agitación de
la vida urbana y en sus “locuras” modernas, mientras distraídamente iban estallando
los peores augurios prebélicos.
Kirchner había adoptado las ideas de Maurice Denis, quien
había afirmado que un cuadro, más allá de la anécdota representada, era
esencialmente “una superficie plana recubierta de colores asociados según un
orden determinado”.
Kirchner negaba radicalmente la frontera entre el arte y la
vida. Buscaba la fuente primigenia de ese “Grito original” creativo, en
contraposición a la “pasividad” del movimiento impresionista. Él concebía el
arte como “la naturaleza vista a través de un temperamento”.
Kirchner fue un artista muy versátil y muy prolífico. A lo
largo de más de treinta años ejerció como pintor, dibujante, grabador,
escultor, (Precisamente las esculturas son, lamentablemente, la parte de su
obra menos representada en esta muestra) arquitecto, decorador de interiores
(Este detalle también me resulta curioso. Coincide aquí en Madrid estos días
una exposición del gran Piranesi, que, habiendo deseado ser por encima de todo
arquitecto, tuvo que conformarse con ganarse la vida como grabador y sobre
todo: decorador de interiores.) y fotógrafo (desde mi punto de vista sus fotos
tienen más valor testimonial que artístico). Realizó más de 20.000 dibujos,
1400 óleos, más de 2000 grabados, 150 esculturas, miles de fotografías…
Es sin duda en los años que van de 1906 hasta la guerra del
14, cuando los componentes del grupo realizan sus grandes obras. Con más razón
en el caso de Kirchner que en 1914 fue movilizado. Sufrió una gravísima crisis
nerviosa (“Sus obras aparecen con frecuencia impregnadas por una marcada
deformación y ansiedad, que revela una inquietud personal y psíquica que
conducirá, al final de esta etapa, a una fuerte crisis nerviosa.”) que
coincidió en el tiempo con el momento álgido de su consumo abusivo de alcohol y
otras drogas, además de su extenuante dedicación al trabajo. En 1915 fue
declarado inútil para la milicia. (quiero dejar aquí anotado aquella
constatación que hizo Picasso, -al que por cierto Kirchner consideraba el más
grande artista contemporáneo- al final de la guerra: “De los que volvieron,
ninguno era ya el que había sido”)
A su deficiente salud mental se unió otra desgracia: sufrió
un atropello.
Estuvo años deambulando por varios sanatorios. Por fin
decidió trasladarse a Davos (Suiza)
En su refugio de Davos siguió pintando, fundamentalmente
paisajes alpinos, de un nivel claramente inferior a sus obras anteriores.
Kirchner, y esto es algo que se aprecia con toda claridad en
su obra, aunque bien es verdad que con algunas extraordinarias excepciones,
nunca volvió a ser “Kirchner”, perdió su vigor, sus obras se hicieron
repetitivas y en general se perdieron en un “decorativismo” banal.
En 1937 su obra fue declarada por los nazis “arte degenerado”
y fue retirada de los museos. Y en muchos casos destruida.
Su precaria situación emocional empeoró, tras la anexión de
Austria por los nazis, Kirchner creyó que ocurriría lo mismo con Suiza. No lo
resistió, decidió destruir parte de su obra y se suicidó en 1938.
Para cualquier amante del arte será un auténtico lujo poder
disfrutar de esta exposición. Kirchner es uno de los grandes artistas de la
vanguardia europea de principios del siglo XX. La contemplación de su obra es
una gozosa experiencia, además de turbadora y, en otro orden de cosas, muy instructiva…
ELOTRO
(Ernst Ludwig Kirchner
/ En la Fundación Mapfre
de Madrid del 26 de mayo al 2 de septiembre de 2012)
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