Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 22 de octubre de 2017

21 de septiembre / 2017

Eric J. Hobsbawm

“El marxismo hoy: un balance abierto”


*




Años interesantes…

“MARX, CIEN AÑOS DESPUÉS
Cual pueda ser el futuro del marxismo es cosa que todavia no sabemos. Sin embargo, a cien años de la muerte de Marx, es posible evaluar con cierta confianza sus extraordinarios resultados.
Ningun otro pensador ha sobrevivido con igual éxito a su lema: "Los filosofos solamente han interpretado el mundo: se trata ahora de transformarlo". Las ideas de Marx se han convertido en las doctrinas que han inspirado a los movimientos obreros y socialistas de Europa. A través de Lenin, principalmente, y de la revolución rusa, sus ideas se han convertido en la quintaesencia de la doctrina internacional de la revolución social en el siglo XX, universalmente aceptada como tal desde China hasta el Perú. A través de la victoria de los partidos y gobiernos identificados con estas doctrinas, algunas versiones de dichas ideas se han convertido en la ideología oficial de Estados en los cuales, en este momento, vive cerca de una tercera parte del género humano, para no mencionar los movimientos políticos de distinta dimensión e importancia que se declaran sus herederos en el resto del mundo. Los políticos pensadores individualmente identificables que alcanzaron una posición parangonable fueron los fundadores de grandes religiones del pasado, y, probablemente con la excepción de Mahoma, ninguno de ellos llegó a triunfar en una escala comparable con igual rapidez. Desde este punto de vista, ningún pensador laico puede ser confrontado con Marx.
En que medida el mismo Marx habría aprobado cuanto se ha hecho en su nombre, y que habría pensado de las doctrinas, a menudo transformadas en un equivalente laico de las teologías, oficialmente aceptadas como incontestablemente verdaderas, es una cuestión que puede conducir a argumentaciones interesantes, pero académicas. Resta el hecho de que, por mas alejadas que tales doctrinas puedan hallarse respecto de sus ideas originarias, tal como nosotros las podemos documentar o deducir, estas derivan históricamente de aquellas, y la derivación puede ser directamente demostrada, en el pensamiento y en la acción: pertenecen a la historia del marxismo. Hasta que punto tales
evoluciones se hallen implícitas en las ideas de Marx es una cuestión distinta y separada, que ha sido objeto de muchas discusiones, sobre todo por el hecho de que los regímenes y los gobiernos constituidos en nombre de Marx (asociado en general, hasta ahora, al de algun dirigente revolucionario venido despues de él y que se declaraba su discípulo: Lenin, Stalin, Mao, etcétera) han tenido todos ellos hasta hoy un cierto parecido de familia, o mas bien porque han compartido la característica negativa de ser diferentes de la democracia liberal.
Responder a tal problema no es la misión de este articulo, pero hay dos observaciones que si pueden hacerse. En la medida en que un conjunto de ideas sobrevive a quien lo ha
elaborado, deja de estar confinado en el ámbito del contenido y de las intenciones originales. Dentro de los limites bastante vastos trazados por la capacidad exegética de
los hombres o incluso de la disposición humana a declarar un nexo con un predecesor amado o predilecto, aquel bloque de ideas es sometido a una serie imprevisiblemente larga de cambios y transformaciones prácticas y teóricas…”




“Así, en junio de 1941, los miembros del Partido, respirando aliviados, retomaron el discurso que habían defendido antes de la guerra, y se volvieron a unir a la masa de los británicos corrientes. Por propuesta mía, conseguí que todos los miembros de la división 560 firmaran, empezando por el sargento mayor de la compañía, un balón de fútbol y lo envié a la embajada soviética de Londres para que lo hicieran llegar a una unidad de ingenieros equivalente a la nuestra del Ejército Rojo. Creo que el Daily Mirror, que entonces ya era en buena medida el periódico de las fuerzas armadas, publicó una fotografía. Después del 22 de junio del 41 la propaganda
comunista más o menos se las arregló como pudo”.

“Vivido desde dentro, un seminario de investigación puede resultar inolvidable, pero visto desde afuera –y pienso en los que yo mismo di en el Institute of Historical Research de Londres durante los años setenta y en 1980– es sólo unas cuantas docenas de personas reunidas a última hora de la tarde en torno a una mesa y rodeadas de libros, discutiendo un artículo leído por una de ellas o por un invitado y que, al salir, se van al pub de la esquina a tomar un par de copas. Viéndolo como argumento de una película no da para un corto”.




“Estoy dispuesto a conceder, con harto dolor en mi corazón, que la Internacional Comunista de Lenin no fue una idea tan buena y que –en este caso sin la menor dificultad, pues nunca he sido sionista– tampoco lo fue el proyecto de Theodor Herzl de crear un Estado-nación judío. Más le habría valido quedarse en la Neue Freie Presse en calidad de columnista estrella. Pero si se me plantea que sostenga el argumento de que la derrota del nacionalsocialismo no valió los cincuenta millones de muertos que costó y los infinitos horrores de la Segunda Guerral Mundial, simplemente no puedo hacerlo”.

(E. Hobsbawm)


*

sábado, 21 de octubre de 2017

20 de septiembre / 2017


"La necesaria confluencia política 
contra el muro del Régimen del 78"

Ángeles Maestro

https://www.lahaine.org/est_espanol.php/la-necesaria-confluencia-politica-contra




***

"En España, ni democracia ni estado social de derecho"

Marcos Roitman 

http://www.jornada.unam.mx/2017/10/21/opinion/022a1mun?partner=rss


***




A vueltas con William Morris…


Contra la seducción

No os dejéis seducir: no hay retorno alguno.
El día está a las puertas,
hay ya viento nocturno:
no vendrá otra mañana.

No os dejéis engañar
Con que la vida es poco.
Bebedla a grandes tragos
porque no os bastará
cuando hayáis de perderla.

No os dejéis consolar.
Vuestro tiempo no es mucho.
El lodo, a los podridos.
La vida es lo más grande:
perderla es perder todo.

(Brecht)



El prestigioso historiador inglés Edward Palmer Thompson (autor del clásico ‘La formación de la clase obrera en Inglaterra), primero marxista ortodoxo y más tarde heterodoxo, escribió un grueso volumen de 800 páginas (su primera gran obra historiográfica) sobre Morris allá por mediados de la década de los cincuenta, y veinte años después, en 1977, apareció una nueva edición corregida de la que su autor suprimió unas cien páginas porque: ‘estaban cargadas de comentarios moralistas y sentimientos políticos propios de la beatería estalinista’ según dejó dicho autocríticamente.




“La abolición de la esclavitud sigue pendiente”
(W. Morris)

Thompson tituló la obra ‘William Morris, de romántico a revolucionario’, señalando ya desde la portada el arco completo, el periplo de evolución ideológica que atravesó, no sin importantes puntos de inflexión, la obra y la vida de Morris.

Thompson (que militó durante una década 1945-1956, en el Partido comunista), y que por entonces, 1955, ejercía de profesor, llegó a afirmar que: ‘mi labor como docente consiste en crear revolucionarios’; en perfecta sintonía proselitista con aquellas palabras con las que Morris solía cerrar sus encendidas conferencias:
“…su propia creación, ese Comercio (Mercado) del que está tan orgulloso, se ha convertido en su amo… (…) al comprar mercancías ¡son vidas humanas lo que comprais!”

“El Capital otorga a la mayoría de los hombres la libertad de aceptar, con un sueldo miserable, el trabajo de esclavos que se hallara más cercano o, por el contrario, verse obligados a morir de hambre”

“Somos conscientes del mundo repugnante que nos rodea y nos oprime…(…) el capitalismo es una sociedad fundada en el robo y en la injusticia… (…) pero hay semillas que están brotando en nuestros días en forma de ‘cartismo’, ‘sindicalismo’ y ‘socialismo’…(…)ahondemos esa brecha revolucionaria que nos abrieron hombres valientes; si nos echamos atrás, haremos que sus esfuerzos, sus sufrimientos, sus muertes, no tengan ningún valor”

‘…os pido que no titubeéis en participar activamente en la lucha por el socialismo constructivo –con ayuda de quien sea, con oposición de quien sea- debe, sin duda, culminar por fin ¡En Victoria!’





Hasta tal grado llegó la identificación de Thompson con Morris que, en su particular y accidentado periplo ideológico tras abandonar el Partido comunista en plena Guerra Fría-Política de bloques, se declaró marxista-morrisiano, una especie de cóctel de marxismo mezclado con restos de la revuelta romántica limitada al campo estético, el fabianismo y su política de paliativos y algo del anarquismo nihilista que acabó adueñándose de la Liga Socialista, además de grandes dosis de humanismo socialista o comunismo utópico. Todo ello mezclado según James Bond, no agitado.



Thompson estaba convencido, instalado ya en sus posiciones intermedias entre el leninismo y la izquierda laborista, de que la rica herencia romántica de Morris (en quien, a partir de 1880 con la experiencia social ya acumulada y sus primeros contactos con el marxismo, no era siempre fácil distinguir –y lo mismo ocurre con el historiador/biógrafo- al intelectual del político) nunca llegó a desaparecer y que continuó desempeñando un papel decisivo en el pensamiento socialista revolucionario de Morris hasta el fin de sus días. Y ya en 1976 confesó el prestigioso historiador reconvertido por entonces a activista político de la New Left y pacifista antinuclear, que personalmente se consideraba más ‘morrista’ que marxista y añadió, ya completamente despendolado, que ‘Morris fue capaz de rellenar los silencios de Marx’ (supongo que esta afirmación la concretaría en algún texto -¿silencios sobre el salto de la expansión colonial a la imperialista, sobre asuntos de la ya por entonces depredación creciente e irreversible que provocaba la fractura del metabolismo entre la sociedad y la naturaleza, o de carácter feminista?-, pero lamentablemente desconozco el paradero del documento sobre ‘los silencios de Marx’ según Thompson).


*
(lo que sigue es cita tomada de un artículo de John Bellamy Foster)

“William Morris, había estudiado atentamente El capital – y especialmente el análisis del proceso de trabajo y la ley general de la acumulación – subrayaba más que ningún otro pensador la relación directa entre la producción socialmente despilfarrada y el trabajo socialmente despilfarrado, extrayendo las consecuencias de esto en lo que respecta a la vida y la creatividad humanas y el medio ambiente en sí. En su conferencia de 1894, “improvisada”, Morris afirmó:

El otro día oí que Mr. Balfour estaba diciendo que el socialismo era imposible porque bajo el mismo deberíamos producir mucho menos que lo que hacemos ahora. Ahora digo que podríamos producir la mitad o un cuarto de lo que hacemos ahora, y sin embargo ser mucho más ricos, y en consecuencia, mucho más felices, que lo que somos ahora; y que al convertir el trabajo que hacíamos, en la producción de cosas útiles, cosas que todos necesitamos, y que (…) rehusarnos a trabajar en la producción de cosas inútiles, cosas que nadie de nosotros, ni siquiera los tontos quieren (…)

Mis amigos, se emplea a muchísimas personas para producir puras molestias, como alambres de púa, cañones de 100 toneladas, carteles publicitarios para deformar los verdes campos a lo largo de las vías ferroviarias, etcétera. Pero aparte de estas molestias, ¿a cuántos más se  emplea para hacer mercancías para los ricos, que no tienen utilidad alguna, salvo para que esos ricos “gasten su dinero”, como se le dice? y nuevamente, ¿a cuántos más se emplea para producir sucedáneos miserables para las clases trabajadoras, porque éstas no pueden pagar nada mejor?


ELOTRO



*

viernes, 20 de octubre de 2017

19 de septiembre / 2017

WILLIAM MORRIS
NOTICIAS
DE NINGUNA PARTE”


*

William Morris

“Arte y Socialismo”


*





William Morris y Sonia Delaunay
(2 / 2)



El folleto de la expo nos presenta a William Morris (1834-1896), hijo de un próspero y culto comerciante y él mismo estudiante en Oxford, con el sobado tópico  ‘un hombre renacentista en plena época victoriana’. Se enumeran pormenorizadamente todos los palillos que tocó (Morris fue el creador del concepto: ‘artes y oficios’), y se hace, adrede,  sin orden ni concierto, sin articular y sin jerarquizar, sin aportar ningún tipo de distinción cuantitativa o cualitativa entre lo esencial, lo subordinado y lo meramente accesorio, con la evidente intención de uniformar, homogeneizar, igualar o aplanar, en definitiva de apabullar con el ‘artificioso y sólido’ bloque-renacentista “… la limitación y endeblez de nuestra mollera”. Tomen nota: diseñador, artesano, empresario, poeta, ensayista, traductor, bordador, tejedor, tintorero, ilustrador, calígrafo, tipógrafo, novelista, conferenciante, editor, impresor… vamos, como cualquier otro ‘hombre del renacimiento’…

-Y yo me pregunto, ¿aunque no atienda por Leonardo?






También se nos cuenta, claro que de aquella manera que barre para casa, que Morris tuvo de maestro a John Ruskin (1819-1900), y que fue éste (‘socialista cristiano’, escritor, sociólogo, crítico de arte y artista)  quien le dio a conocer la obra de Karl Marx pero, y este pero es lo esencial en el estilo del anónimo escriba, nuestro ‘hombre del renacimiento’ leyó estos textos revolucionarios (¿como no podía ser de otro modo?), desde ‘la perspectiva del artista’ (Aviso: si algún lector tuviere información sobre la latitud y longitud de ese peculiar punto de vista de lectura, ruego encarecidamente se ponga en contacto con este ‘renacentista’  blog. Gracias por anticipado). Y por si el detallito anterior  fuera poca cosa, se añade inmediatamente después: ‘Morris defendió a ultranza ‘el placer en el trabajo’. Queda a juicio del lector (y para fundamentarlo nada mejor que leer su conferencia titulada ‘Arte y socialismo’ que encabeza estas líneas) descartar que ‘el económicamente afortunado por nacimiento’ y currante miembro de ‘las clases medias’ Morris, se estuviera refiriendo a los niños y niñas y mujeres y hombres que por entonces se dejaban literalmente la vida (corta y animal) trabajando 14, 16 o 18 horas diarias por salarios (que en el caso de los niños y niñas no siempre cobraban) de miseria en las hilaturas o minas, y durmiendo, fornicando y mal alimentándose hacinados en sórdidos, sucios e insalubres barracones. Sin ir más lejos tal y como nos muestra en un ‘cuadro fiel’ su contemporáneo Federico Engels (por cierto amigo y camarada  de Morris, al que consideraba, a pesar de su talento, como socialista utópico, durante cierto tiempo en ‘La Liga Socialista’ que acabó en manos anarquistas y por ello ambos decidieron abandonar) en su temprana obra (1845) sobre ‘La situación de la clase obrera en Inglaterra’.




Para terminar con esta breve reseña, y tratar un poco sobre la exposición diré que a pesar de lo interesante que pueda resultar la visión in situ de ciertas obras de Morris y su círculo: dibujos, vidrieras, bordados, libros, telas y papeles pintados, mobiliario, grabados, fotografías y proyecciones varias… resulta casi imposible hacerse una idea coherente y veraz de la vida y la obra de Morris. Toda vida y obra artística o producción intelectual está imbricada en un contexto histórico, social, político y cultural concreto que, en su interrelación, le da sentido y significado. Y si no es así, ¿dónde y cómo se producen la significación de una obra? ¿No hay diferencia entre el joven Morris de raigambre y pasión romántica que se rebela sólo ‘teóricamente’ contra la hipócrita sociedad victoriana (‘un imperio que ha devastado la India, han matado de hambre y han amordazado a Irlanda, han torturado  a Egipto…')  y aquel otro socialista entusiasta, utópico y poco práctico, al decir de Engels, que leyó ‘El Capital’ en 1883 y a partir de ahí comenzó su comprometida militancia en organizaciones revolucionarias? ¿Acaso el conferenciante que denuncia que la sociedad, con las clases medias a la cabeza y a la que no niega pertenecer, ha convertido al comercio (Mercado) en una religión sagrada, y que ese comercio pide que en nombre de la vida, destruyamos la razón de vivir?



No se puede entender su defensa del trabajo bien hecho (por ejemplo las costosas y lentísimas estampaciones a mano del papel pintado), útil para los demás y agradable de llevar a cabo por trabajadores debidamente recompensados y sabedores que el trabajo digno nunca les faltará, sin su descubrimiento de la obra de Marx y su asimilación de nociones como alienación, explotación, plusvalía o lucha de clases. Y este tipo de vínculos, de conexiones entre el autor, la obra y las relaciones sociales en las que están inmersos son las que ‘el relato’ de la exposición hurta al visitante, de tal manera que le aboca a un estéril reduccionismo del tipo me gusta no me gusta con la guinda del ‘hombre renacentista’, eso sí, tan verdaderamente multifacética como falsamente ahistorica. Y esa espuria patraña es la que quieren que creamos que hubo, hay y habrá…

(continuará)

ELOTRO


***

jueves, 19 de octubre de 2017

18 de septiembre / 2017

“La venganza de la historia”
Hegemonía y contra-hegemonía en la construcción de un nuevo mundo posible
Emir Sader



*





William Morris y Sonia Delaunay
(1 / 2)

“Todo el espacio interior que nunca vemos…”
(Beckett)


El primero expone, por así decir, en la Fundación del banquero golpista Juan March, la segunda en el museo de la familia de potentados alemanes que financiaron al partido nazi de Hitler, el Thyssen. Han coincidido en este veraniego otoño madrileño y anticatalán que te cagas (a la Feria de otoño del Libro Viejo y Antiguo no ha acudido este año, y menos mal, ni una sola librería catalana por muy españolista que pudiera ser).

Sonia Delaunay tuvo la fortuna de nacer (1885) en el seno de una familia de posibles en la ciudad de Odesa (allí están las famosas escaleras donde rodó Eisenstein la película ‘El acorazado Potemkin’, y también allí residió el ‘Revolucionario Permanente, Wikipedia dixit, León Trotsky) por entonces la Rusia zarista, hoy la Ucrania con nazis pro OTAN en su gobierno puesto por la OTAN. Como toda jovencita de buena familia, Sonia  recibió una educación cosmopolita, pero en su caso además estudió pintura en Karlsruhe y luego en el París de las vanguardias. En 1910 se casó con el pintor Robert Delaunay. El ‘ismo’ que le adjudican, a la obra de ambos, los etiquetadores de la crítica parece ser que fue el ‘simultaneismo’, que, dicen, ‘se asociaba a la vida moderna y al progreso urbano’, ah, siendo así. No se puede negar que la cosa suena muy chic, otra cosa es el significado auténtico de un ‘arte’ que no pasó de lo puramente decorativo (una buena muestra de la distorsión de los valores de uso), como la propia Sonia reconoció en más de una ocasión. La guerra del 14 sorprendió a la artista en la ’neutral’ península ibérica, así que mientras duró el conflicto bélico se quedó a vivir en España y Portugal.  Pero tras el triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia, Sonia dejó de recibir, ¡que infortunio!, las rentas familiares, o sea, su cuota sobre las rentas y plusvalías extraídas a los trabajadores antes esclavizados. En fin, que a la nena de buena familia no le quedó otra que vivir de su trabajo, así que inauguró una boutique en Madrid: ‘Casa Sonia’ diseño de interiores, moda y complementos ('El comercio aviva en el consumidor un deseo febril de excitación barata: la moda' / W. Morris). 

Ya se pueden imaginar con que exquisito gusto aplicó en el negocio del lujo sus ‘artes aplicadas’: sombreros, chaquetas, abrigos, sombrillas, tejidos…   ya digo, arte decorativo de alto copete para el que pueda pagarlo  y punto. En 1925 trasladó la tienda a París: Maison Sonia, que tuvo que cerrar con la crisis del 29. Pero siguió diseñando tejidos ‘artísticos’ para los grandes almacenes holandeses Metz & Co., aunque no abandonó la pintura de caballete.




Un dato curioso es que Sonia participó junto a Robert Delaunay en la decoración de dos grandes pabellones de la Exposición Universal de París. Sí, coincidió con el Guernica,  éste expuesto en el pabellón de España. Pero Sonia, siempre fiel a su arte decorativo ‘ajeno a las ideologías’, que dicen los poetas ombliguistas que ofician en carne viva a todas horas del día y de la noche, prefirió dar la espalda a la lucha antifascista que por entonces se libraba en España y se conformó con  evocar su plácida estancia allí, que si la vibrante luz del sol, que si el flamenco en las cuevas de Granada, que si el colorista  bullicio callejero: ‘…demostrando, una vez más, la profunda huella que esta época dejó en ella’ (el folleto dixit). De no creer si no fuera porque el ‘decorativo’ folleto lo tienen tal cual a su alcance en la red.




Para terminar este apunte sobre la expo de Sonia Delaunay, porque de sus bonitos cuadros y sus bonitas ilustraciones (véase con los textos de Blaise Cendrars) poco tengo que decir, me gustaría sin embargo llamar la atención sobre el espectáculo impagable que ofrecen las demasiado perfumadas señoras y señoritas burguesas que llenan las salas comentando los trapitos que diseñó Sonia… ese me parece a mí que es un complemento ‘ideal’ para entender, y aplicar, el arte decorativo de la Delaunay y su auténtica ‘función social no-ídeológica-ca-ca-ca-ca…’


“Me he perdido, da igual”
(Beckett)


ELOTRO


*

miércoles, 18 de octubre de 2017

17 de septiembre / 2017



“Apuntes sobre la crisis, o las crisis de nuestro tiempo”

Enric Tello


*




“Podría darle diez mil razones triviales, todas falsas y todas verosímiles…”

Últimamente he recuperado la vieja costumbre que tenía de intercalar entre la lectura de ensayos y libros de historia, alguna novelita ‘poco seria’, que decía irónicamente Chandler, o sea, del género policial, policiales o serie negra. He encontrado en mis últimas visitas a la Cuesta de Moyano un buena cantidad de novelas de la serie ‘Crimen & Cia.’ (Versal) a muy buen precio y perfecto estado de conservación, y por fin le he metido el diente a algunas obras de autores a los que no había leído a pesar de que, desde hace bastante tiempo, tenía muy buenas referencias de ellos, escritores como David Goodis (según Piglia y Onetti el mejor de todos) o el matrimonio ‘de marxistas confesos’ formado por Per Wahlöö y Maj Sjöwall ( parece ser que el famosísimo super-ventas Stieg Larsson también se declaraba marxista aunque en su obra, a la que en general nadie le discute la solvencia técnica y la solidez argumental junto a personajes impactantes y  de la que por otro lado reconozco que tampoco conozco demasiado, el llamado punto de vista de la clase obrera -el posicionamiento marxista revolucionario- casi brille por su ausencia).

Precisamente de esta pareja de autores suecos, acabo de leer la obra titulada ‘Los terroristas’ (que no sé si no fue su última novela ya que su publicación y la muerte de Wahlöö coincidieron  en 1975), y francamente me ha parecido una magnífica novela del genero policial que, mire usted por donde, da cobijo (sin detrimento de otras obligaciones) a una muy interesante, instructiva y esclarecedora serie de reflexiones, análisis y digresiones históricas, sociales y políticas. Aunque a decir verdad, en mi opinión más que digresiones que rompan el hilo del discurso lo que en realidad aportan esos ‘paréntesis’ son datos, hechos y opiniones que amplían y profundizan, o sea que enriquecen, el sentido y el significado del complejo asunto principal, del perfil de sus personajes y de su contexto histórico. De hecho, y sin que sirva de precedente, suscribo plenamente estas líneas de la contraportada: ‘En esta magnífica novela de Sjöwall y Wahloo cabe destacar, además de la sátira mordaz de la policía sueca, el carácter premonitorio de alguno de los acontecimientos que en ella se relatan y que la historia ha hecho realidad’. Como ya conocen el título y la fecha de publicación ya pueden imaginar el carácter de lo ‘premonitorio’ que se narra en la obra.

Se nos cuenta de un grupo terrorista que por su financiación, su formación en campos de entrenamiento, sus líderes y componentes y sus clientes es una auténtica multinacional del terror al servicio del mejor postor, se entiende que del bando amigo (GLADIO parfum).  Quién se lo iba a decir a Olof Palme, hoy su asesinato sigue sin ser resueltOTAN.

Aprovechando que un emprendedor tacaño y multimillonario e impotente, es asesinado en la bañera de su nidito de amor, se nos instruye sobre la sórdida industria del cine porno y su conexión con el lucrativo mundo de las drogas y las nenas púberes del proletariado y su mierda de ‘vidorra lumpen’. Si se nos describe el edificio de apartamentos donde se oculta parte del comando terrorista, del tirón conocemos algunos pormenores de la corrupta especulación inmobiliaria en Estocolmo que, ‘premonitoriamente’ se parece demasiado a la que hemos conocido y padecido los españolitos veinte años después en nuestra querida ¡Que viva Spain!

Sobre la calidad de los alimentos que están a nuestra disposición y la ‘colaboracionista’ dejadez de las administraciones a la hora de ‘inspeccionar’ el cumplimiento las leyes sanitarias por parte de las grandes empresas del ramo, también se nos muestran algunas ‘delictivas realidades’. La organización de un plan de seguridad con motivo de la visita a Estocolmo de un senador norteamericano, muy parecido de perfil a Kissinger, se nos relatan hechos históricos (La Guerra Fría en Escandinavia), en los que el ‘arquetípico’ senador jugó su papel protagonista, relacionados en su día con los conflictos de  Vietnam, Cuba o Chile. En fin, los personajes (policías, jardineros, putas, fiscales, abogados defensores, expolicías, amantes…) reflexionan sobre los extraños desvíos de la existencia y sobre los asuntos más variopintos: ecología, consumismo, corrupción política y sindical, burocracia, represión política, cultural y social por parte del Estado, y todas las primaveras traicionadas… sí, los caminos del señor son inescrutables.

Lo dicho, un género éste al que, como a los bufones de la antigua realeza, se le permite manosear ‘en broma’ ciertos temitas que, sin embargo, la llamada ‘literatura seria’ nunca osaría siquiera rozar (entiéndase que con claridad y honestidad. Sirva de muestra un personaje algo facha de la novela que reúne, hablando en 1974, en un ramillete de dictadores totalitarios a Stalin, Mao y al sólo ‘autoritario’ -según la Real Academia de la Historia- Generalísimo Franco. ¿Les suena premonitorio esto también? Digo por el tufillo ‘antitotalitario’ podemita, heredero del eurocomunista: ‘dictadura ni la del proletariado’.) Por cierto, la última palabra del libro, otro totalitario: Marx…

“Eso fue todo, mejor dicho, no lo fue porque no hay todo, no hay final…”

ELOTRO

***