“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

sábado, 17 de noviembre de 2018

17 noviembre / 2018


El éxodo centroamericano y la 'conspiracionitis'

Luis Hernández Navarro


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2018 / Diario

“La Fotografía es el advenimiento de Yo mismo como Otro: una disociación ladina de la conciencia de identidad”
(Roland Barthes)

Que uno viva en lo suyo, es un decir, digamos las tradicionales e identitarias comilonas, no quita que de vez en cuando se de un capricho de sibarita y haga escapadas a otras ‘culturas’ y, por ejemplo, en ocasiones se deje seducir por el colonialismo de la llamada comida basura, conste que rápida y barata, de la hamburguesa y la coca-cola o similares. Y no es infrecuente que, muy gustosos,  algunos decidan quedarse ahí a vivir (víctimas y cómplices), a consumir; digo en la muy golosa ‘cultura’ de la basura rápida y barata. Y es que en esta sociedad de consumo 'teledirigido'  uno es perseguido y perseguidor de la 'basura' en todos sus envases y encarnaciones.

“Compruébalo todo: las cosas que en realidad no sepas por ti, en realidad no las sabes”. 
(Bertolt Bretch

A uno le gusta cuestionar, someter a análisis crítico las cosas más que comer con los dedos. Sobre todo cuestionar aquello que, ‘mayoritaria y convencionalmente’, vía sentido común, es tenido por incuestionable. No digo que no pueda existir (tras el análisis concreto de la situación concreta) puntualmente algo que en un momento del proceso resulte incuestionable, digo que esa concreta cualidad de ‘incuestionable’ no es ni puede ser universal ni eterna: o sea un interesado coladero. La conflictividad siempre latente en las cosas, claro que hablo de las cosas vivas, no deja nunca de interpelarnos, otra asunto es que prestemos oído o no. Y otra cosa es que la cosa haya sido convenientemente silenciada y/o invisibilizada (y a partir de ahí ya me dirán cómo cuestionar con rigor algo que ni tan siquiera se puede conocer y pensar, o sea que se ignora. Y como dijo Marx, nunca a nadie ayudó la ignorancia (tengo muy repetido que 'ellos' leen a Marx con mucho provecho). Y como dice el protagonista de 'Umberto D.' –obra maestra muy recomendable de Vittorio De Sica- todos se aprovechan de los ignorantes... quizás por eso se fabrican en serie). Por lo tanto, lo de ‘realidad incuestionable’ es más bien una frase hecha de periodista perezoso, o, por mejor decir, de avispado ‘activista del paraperiodismo’.
  

"Derribad el viejo edificio del engaño"
(Voltaire)

La ignorancia siempre ha estado entre nosotros, en nosotros (aunque nosotros pensemos que la ignorancia siempre está 'en otra parte'), y siempre ha sido hegemónica (¿Cual es su profesión? le pregunta el juez del caso Watergate a uno de los cuatro mercenarios cubanos que, tras el chasco de 'Bahía de Cochinos', participaron, a cambio de un puñado de dólares, en el asalto a la sede electoral del Partido Demócrata: 'Anticomunista', responde. Y ante las dudas del juez lo repite  por dos veces el orgulloso gusano, tan 'ignorante' como fanático). 

Leyendo a Josep Fontana uno se entera de que hasta todo un vicepresidente de USA, Harry S. Truman, puede ignorar que su propio país, y durante su mandato por muy simbólico que sea, ha fabricado en secreto la bomba atómica. Sólo fue informado, supongo que por el todopoderosos Pentágono, a la muerte del presidente Roosevelt, que fue precisamente quien decidió mantenerle en la ignorancia del ‘irrelevante temita’, cuando el 12 de abril de 1945 fue investido nuevo presidente. Lo que no impidió (¿o estimuló?) que cuatro meses después, el 6 y el 9 de agosto, el otrora ‘ignorante’ Truman ordenara arrojar la ‘secreta’ bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki (250.000 ‘japos’ menos y el comienzo ‘triunfal’ de la criminal ‘guerra fría’). Como pueden ver la ‘secreta ignorancia’ nunca ha ayudado a nadie a vivir... y además al mismo tiempo garantiza que 'las atomizadas luchas populares' sigan funcionando, es un triste decir, con sus niveles habituales de ineficiencia: confusión y dispersión. Por consiguiente pienso que no deberíamos consentir que nos impidan conocer la realidad de los hechos. Y no deberíamos colaborar con ‘ellos’ ni hacerles graciosas concesiones en el fomento de nuestra propia ignorancia. Sabido es que los ‘sabios’ siempre utilizan, y no siempre lo hacen en secreto, a los ‘ignorantes’ para sus propios fines, o sea la perpetuación del criminal orden establecido. Y para colmo y remate y lamentablemente no es infrecuente escuchar entre los nuestros, la masa no instruida, iletrada o directamente embrutecida por las 'pantallas' (Platón: “para pensar hay que arrancarse los ojos”)...


-‘Ignorante nací, e ignorante pienso morir’

-¡No en mis días, puto lacayo! 

(propuesta de texto para el bocadillo del antihéroe en la viñeta final)


ELOTRO

viernes, 16 de noviembre de 2018

16 noviembre / 2018



Y Macrón se fue a la guerra

Rafael Poch


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Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 
Carlos Marx 

Prólogo de F. Engels


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2018 / Diario

Un sujeto completamente encerrado en sí mismo. O, por mejor decir, encerrado en un conformismo al que se ha acomodado hasta el fondo de su ser. Pero lo ha olvidado.


Dicen unos: Solo la revolución es revolucionaria. Por su parte HANNAH ARENDT: “El hecho de que la palabra 'revolución' significara originalmente restauración es más que una mera curiosidad semántica”. Ni lo parece ni es lo mismo, como la risa tonta.


Pensaba que no sabían contar otra cosa, unos cuentos siempre iguales, pero… Por una vez, dije, escucho algo verdadero sobre este asunto. Ahora no puedo recordar el asunto. La terrible inseguridad de mi inexistencia exterior. Siempre en la habitación contigua, siempre desubicado… y como cortado en rodajas.


Mañana fría, paseo descalzo con las pelotas arrugadas como pasas por una calle completamente desierta. Fin de trayecto. Espero, de muy mala gana pero lo soporto, en el portal de una gran casa de vecinos manifiestamente inaccesible. Nadie acude a la cita. Lo esperable. El auténtico sentido de envejecer.


Ella me suelta sus vacías peroratas. A continuación, imposible retener, yo me vacío completamente. En el interior de mis tripas todo queda en silencio. Ella lo nota, pero no mi deseo de una soledad desprovista de reflexión, y calla (es una mera formalidad). Debo enfrentarme únicamente a mí mismo (frase de sermón). Sin su presencia quizá lo consiga… ¿Por qué no puedo hacerlo nunca delante de extraños?

Cuando escribo una cosa enseguida pierde su importancia. Todo este dispendio para esto. ¿Qué es, pues, lo que debo escribir?

Sometido a un poder incomprensible…¿Todo está prescrito? Aquí y allá se oyen chasquidos de cadenas… en algún lugar oculto alguien mueve una palanquita, o tira de los hilos… y he aquí que ya está todo en movimiento. Soy incapaz de soportar solo todas estas cosas. Resistir, me digo. Y añado: Todo lo que he conseguido hacer es producto únicamente de mi soledad. ¿Ya no estaré solo nunca más? Siempre he estado solo delante de la gente. Me temo que no estoy contándolo bien. ¡Mísero de mí!

Ella me malentiende completamente, no sabe ni lo que quiero ni lo que necesito, no tengo nada que ver con ella. Por lo demás no quiero su mal ni el de nadie. Pero sí aislarme, enemistarme con todos, no hablar con nadie. ¿Qué es lo que quiero? Y qué pasa si no quiero… no sé si estoy en el mismo lado del mundo que yo. Eso, por decirlo de forma imprecisa y breve, podría ser algo que acrecentara mi esperanza… mi único anhelo y mi única vocación es la literatura.

ELOTRO (que cita sin comillas)

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jueves, 15 de noviembre de 2018

15 noviembre / 2018



Los crecientes peligros de guerra y la dispersa izquierda occidental

Domenico Losurdo 


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2018 / Diario

“Lenin estaba casi solo; fue «contra la corriente» porque conocía una corriente más profunda”

Henri Lefebvre «¿Qué es la dialéctica?»




La teoría leninista del imperialismo / Néstor Kohan


¿Hay un solo Lenin?

La respuesta a la pregunta que encabeza este epígrafe es evidentemente negativa. Como hipótesis de trabajo se asume que existen muchos Lenin. No solo porque su obra fue variando al calor y al ritmo de la lucha de clases, sino porque las apropiaciones posteriores priorizaron un aspecto de su obra por sobre otro, según el ángulo político de sus interlocutores o seguidores. No es el mismo Lenin el joven que comenzó a estudiar ‘El Capital’ a los 18 años, el que luchaba en 1894 contra el populismo ruso tardío y postulaba a Marx como el fundador objetivista de la sociología y las ciencias sociales (sin haber estudiado todavía a Hegel). El que a comienzos del siglo xx se convierte en teórico de la organización revolucionaria con su inolvidable ‘¿Qué hacer?’ (texto en el cual los medios de comunicación son fundamentales para el pensador bolchevique); el que reflexiona sobre la insurrección de 1905; el teórico del abstencionismo, la organización clandestina y la guerra
de guerrillas; el que polemiza durante 1908 con fracciones liquidacionistas en el exilio, seducidas por el neopositivismo de Mach y Avenarius; el que rompe con sus maestros Plejanov y Kautsky (tanto en la teoría como en la práctica) mientras recopila y reconstruye la correspondencia incendiaria de Marx con Kugelmann. El que polemiza con su admirada camarada Rosa Luxemburg. El que durante la primera guerra mundial estudia en las bibliotecas de Zurich la ‘Ciencia de la Lógica’ de Hegel (revisando sus propios libros anteriores). El que lee y anota en ese tiempo ‘De la guerra’ de Clausewitz, ‘El capital financiero’ de Hilferding, El estudio del imperialismo de Hobson y construye, mientras tanto, su propia teoría del imperialismo que vio la luz en 1916. El que sistematiza la teoría marxista del Estado a partir de sus análisis de la obra de Marx y Engels, al calor de la Comuna de París. El que regresa en el famoso tren blindado y plantea las rupturistas e iconoclastas ‘Tesis de abril’ en 1917 (que descolocan a todo el comité central bolchevique).

El que prepara la insurrección de octubre del mismo año; el que comanda la guerra civil y vence con el comunismo de guerra a varios ejércitos invasores; el fundador de la Internacional Comunista. El que no le queda más remedio que retroceder económicamente con la Nueva Política Económica (NEP) y cambiar la estrategia internacional adoptando el frente único. El que profundamente enfermo deja –ya sin poder escribir con sus propias manos– un testamento donde alerta sobre las enormes dificultades de los demás miembros del comité central para dirigir el partido bolchevique y el estado soviético (Lenin, 1974b; 1987).

¿Fue siempre el mismo Lenin? 

Sí y no. Fue invariablemente el mismo revolucionario indomesticable, radical, inclaudicable. Desde muy joven, hasta su muerte en enero de 1924, tuvo las mismas aspiraciones que jamás abandonaría: cambiar el mundo, demoler las instituciones capitalistas y emancipar, mediante la revolución y el socialismo, a todos los oprimidos y explotadas de la historia. Pero su obra fue cambiando, se fue enriqueciendo y complejizando, con énfasis en uno u otro aspecto de la realidad y de la teoría según el análisis concreto de la situación concreta y según los variados niveles de la relación de fuerzas en el enfrentamiento de las clases sociales, tanto a nivel internacional como a escala nacional. Por tal razón reducir a Lenin a un solo libro, a una sola frase, traiciona o, por lo menos deforma y petrifica, el espíritu de su pensamiento en permanente ebullición…”

Fragmento de:“La teoría leninista del imperialismo” Néstor Kohan


Completo aquí:

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miércoles, 14 de noviembre de 2018

14 noviembre / 2018




2018 / Diario

“Una conclusión que a la luz de la razón no resiste… y en cambio te la crees…” 
(MVM)


Va de pastiche


Entretenerse en hacer una lista, lo más amplia posible, de esas cosas: libros, viajes, obras de teatro, películas, bailes y canciones, costumbres y creencias… todo un revuelto de ingredientes que, en sustancia, han ido a lo largo del tiempo contribuyendo a cimentar y configurar tu actual y concreta identidad cultural, o sea tu, en cierta manera, predeterminada manera de ver, de sentir y medir y pesar, en definitiva de leer y aprehender la realidad, en cierto modo la historia, en la que uno sí o sí  anda o cree andar inmerso.

Uno vive, y digo en todas las esferas sociales, constantemente bombardeado por ‘bondadosos mensajes’ ideológicos (el dogma dominante del que nos nutrimos ‘sin darnos cuenta’ y que, para los consumidores más quisquillosos presume en la letra pequeña de la etiqueta: de aideológico, apolítico y ahistórico. De donde se deduce que es obvio que con esto, la ocultación de los procesos históricos y las realidades políticas e ideológicas,  se pretende escamotear toda crítica y no permitir ninguna posibilidad de acercamiento a lo real), valores que en sí mismos están indisolublemente ligados al artificio, en el cual no sabes dónde empieza la nada y acaba el vacío resultante, de su forma y contenido y que, aunque bien lo parezcan, no resultan inocentes ni neutrales jamás (están escritos a partir de un interesado final), y que sirven para algo muy concreto, preciso y comprobable en lo empírico, en la realidad de los hechos, o sea en la lucha de clases (no digo que todos ni siquiera la mayoría de los actores embarcados en esta contradicción antagónica hayan adquirido consciencia de lo que se juegan y contra quien en estas ‘batallitas’ de clase), como indirectamente además nos revela su muy justificado e imprescindible disfraz ‘moral’ (son mensajes que se abastecen de elementos y variantes lingüísticos y de palabras -fuera de las que antes eliminan o proscriben, como si anulando dichas expresiones eliminaran al mismo tiempo las realidades que nombran- ya contaminadas con su ‘nuevo’ significado, ya sutilmente preparadas para su óptima instrumentalización ideológica).


“…el marxismo es una forma de pensamiento capaz de aprehender a la vez los rasgos evidentemente siniestros del capitalismo y su dinamismo extraordinario y liberador, sin atenuar la fuerza de cada uno de sus juicios”.
 (Frederic Jameson)


De tal manera que en su particular lectura de la realidad (con la ayuda del pensamiento marxista, el materialismo histórico y el análisis dialéctico, uno puede -realizar una investigación, hacia adelante o hacia atrás-, diagnosticar el determinado desorden en el que vive, y conocer el proceso histórico con sus determinantes causas que han llevado a ese desorden, y explicar así por qué se ha producido tal desorden al que, cultura hegemónica mediante, paradójicamente se conoce por ‘orden’), uno puede aprender a, por ejemplo, no tomar la apariencia por la esencia de la cosa, o a descubrir que ciertos universalismos en realidad no pasan de ser meros particularísmos encubiertos:
(“Todavía resuenan las palabras de Ho Chi Minh cuando recordaba sus lágrimas de emoción al leer por primera vez a Lenin y descubrir que con el pensamiento del líder bolchevique el comunismo comenzaba a universalizarse de verdad, dejando de ser un artículo de consumo europeo, blanco, urbano, moderno y exclusivamente occidental. Con Lenin el comunismo pasó a ser de los amarillos, los indígenas, los negros, las clases subalternas y los pueblos sometidos del Tercer mundo.”/ Néstor Kohan)


Y también a desconfiar de esas ‘fomentadas modas de pensamiento’ que a su vez fomentan ‘una visión de la historia, de la realidad, como un puro caos desprovisto de sentido’ (lo que en primer lugar niega la siniestra realidad ‘capitalista’ de la explotación del hombre por el hombre, y al mismo tiempo persigue desviar al explotado de su lógica lucha, en principio ideológica y cultural, contra el explotador). Sentido hurtado por quienes (falsos grupos oprimidos que de hecho son opresores), sólo pretenden enredarnos, confundirnos, engañarnos… y, congruentemente con esto, embaucarnos (saben que si no logramos aclarar conceptos, no podemos acercarnos ni un pelo a la solución material de los problemas)  con polémicas ‘teóricas’ muy bien guarnecidas de formas tan deslumbrantes como hueras, insignificantes e improductivas en sus contenidos.


ELOTRO (que desordena el desorden que va encontrando...)


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martes, 13 de noviembre de 2018

12 noviembre / 2018




Se llamaba Vladimir Ilich


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Diez rasgos para un ecosocialismo feminista y revolucionario


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2018 / Diario

-Su relación con Hollywood siempre ha sido buena pero distante. ¿A qué se debe? 

Robert Redford: Supongo que influye el hecho de que nací en Los Ángeles, en Santa Mónica; que viví y me crie en un barrio trabajador, y que Hollywood nunca me pareció un lugar mágico. No fue mi sueño, como el de muchos otros. La fama llegó de forma inesperada. Empecé como todos, sentado en un banco junto a otros muchos esperando para poder hacer una audición por un papel que alguna vez conseguía, pero la mayoría de las veces no. Y de ahí di el salto a verme tratado como un objeto. El lado oscuro de la fama. Primero uno se siente tratado como un objeto, luego se comporta como un objeto y finalmente, como no tengas cuidado, uno se convierte en un objeto. Hollywood es bueno para los negocios, pero prefiero vivir en otro sitio.

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Juan Gris: “He visto algunas cosas nuevas de Braque, que encuentro blandas e imprecisas. Es un giro hacia el impresionismo. Estoy contento de descubrir que no me gustan porque me quita un gran peso de encima. Porque yo admiraba tanto su obra que me sentía aplastado por ella”.

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Franz Kafka: “Dejarse llevar por la corriente. Probablemente ese dejarse llevar me parece tan deseable porque me trae al recuerdo eso de «ir a remolque».”

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Miguel de Cervantes: “…pero como las comedias se han hecho mercadería vendible, dicen, y dicen verdad, que los representantes no se las comprarían si no fuesen de aquel jaez; y así, el poeta procura acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le pide.”

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Henry Ford sobre el jazz: "El lenguaje de los monos, los chillidos y gruñidos de la jungla" 

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Frank Sinatra sobre el rock: "la forma de expresión más brutal, fea, degenerada y viciosa".

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