Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 18 de mayo de 2016

Marx revisitado





“…y que no me escuche más
callarme”
(Samuel Beckett)

Comencemos con dos citas que el propio Marx incluye oportunamente en “El Capital”: “…que la mano del hombre convierta en seda la secreción de un insecto” (Pietro Verri). “El trabajo es el padre, y la tierra, la madre.” (William Petty).

Y lo hace como preámbulo para confesar que: “El punto de partida de nuestra investigación (El Capital) será el análisis de la ‘mercancía’, forma elemental de la riqueza en el modo de producción capitalista” (Marx, en el prólogo al primer tomo de ‘El Capital’). Se nos dice que el ‘producto’ (valor de uso) que adopta la forma ‘mercancía’ (valor de uso y valor de cambio) es la célula económica de la sociedad burguesa. Así que, avisados estamos: se comienza por la parte (lo particular) para terminar con el todo (lo general).

Y Marx añade otra oportuna aclaración dirigida al lector,‘culto o ignorante’ (“Hablo, naturalmente de los lectores que quieran aprender algo nuevo y, por consiguiente, pensar por su cuenta”): “Prescindiendo del capítulo sobre la forma del valor, no se podrá decir que este libro resulte difícil de entender” (Marx Ibíd.)

Prácticamente en su totalidad, los escritos de Marx (“dotado de uno de los espíritus analíticos más eminentes”), a pesar de la enorme complejidad y de los especializados y farragosos asuntos científicos de que tratan (“Su modo de exposición, confiere a las más áridas cuestiones económicas un encanto ‘charm’ especial”) poseen un lenguaje, estilo y método  expositivo que  “pone el tema al alcance de todo el mundo”.

Sin duda se trata de una preocupación (paliar al máximo las dificultades de lectura y  comprensión), e intención permanente e irrenunciable del autor. Y más ‘marxista’ añadiría, más “de clase proletaria” (recuerden el contexto social y cultural de la segunda parte del siglo XIX). Resulta admirable leer, por poner un solo ejemplo concreto (‘Salario, precio y ganancia’), la amenidad, claridad y sencillez de discursos dirigidos a los trabajadores de la AIT (Primera Internacional), sobre “cuestiones demasiado especializadas”: la explotación del trabajo asalariado, la plusvalía o el carácter reformista de la “estricta” lucha sindical, etc…

 “La organización de la clase obrera es más consecuencia que presupuesto del proceso revolucionario”
(R. Luxemburgo)

Más consecuencia que presupuesto, enfatizaba Rosa. Marx por su parte nos regala esta definición del trabajo: “En tanto que produce valores de uso, que es útil, el trabajo es, en cualquier forma de sociedad, la condición indispensable de la existencia humana, una necesidad eterna, el mediador de la circulación material entre la naturaleza y el hombre” (Reuerden aquello de: "No los levantó la nada,/ ni el dinero, ni el señor,/ sino la tierra callada,/ el trabajo y el sudor." De Miguel Hernández), y nos ilustra sobre la mercancía: “La mercancía es un objeto externo, una cosa que, en virtud de sus propiedades, satisface necesidades humanas de cualquier clase, (“El deseo implica la necesidad. El apetito del espíritu es tan natural en él como lo es el hambre al cuerpo. Debido a ello tienen un valor la mayoría de las cosas” / Nicholas Barbon citado por Marx). “La naturaleza de estas necesidades, el hecho de que tengan su origen en el estómago o en la fantasía, no cambia para nada la cuestión”. Y sigue: “Al traje le da lo mismo ser llevado por el sastre o por su cliente. En ambos casos sirve de valor de uso (…) Pero la tela, el traje, cualquier elemento de la riqueza material no suministrado por la naturaleza, debe siempre su existencia a un trabajo productivo especial encaminado a asimilar las materias naturales a las necesidades humanas. (…) Los valores de uso, tela, traje, es decir, los cuerpos de las mercancias, son combinaciones de dos elementos: materia y trabajo”…

En fin, sirva de pequeño apunte y señal de esta nueva lectura que acabo de comenzar sobre la obra cumbre de Marx, su pormenorizada investigación y análisis de la Historia y, sobre todo, el origen y desarrollo del modo de producción capitalista (El Monstruo) y las estructuras y los procesos de  relaciones sociales que ha ido generando y genera.

Retomando el “más consecuencia que presupuesto” de Rosa Luxemburgo, podemos insistir en algo que define el carácter de la investigación de Marx, que no parte de ningún presupuesto, objetivo o teoría apriorística, sino de un estudio y análisis profundo, extenso y materialista de la Historia, y sólo desde ahí pudo el autor abordar y concretar, en consecuencia, aquello que expresó en sus ‘Tesis sobre Feuerbach’: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” Y sí, ese es el carácter fundamental de la obra de Marx, su espíritu inconfundiblemente revolucionario. Por eso nos ha legado, a la clase obrera digo, un formidable instrumento teórico que, unido a un pensamiento crítico, de base materialista y fundamento dialéctico, ilumina la praxis revolucionaria de los explotados y sometido por el Capital.

Terminemos con otra paródica “autocrítica”, cita del propio Marx, que puede reflejar en mi opinión, la talla del más grande y decidido  pensador revolucionario que ha conocido la historia: “Perseo se cubría con una nube para perseguir a los monstruos. Nosotros nos metemos de lleno en la nube, hasta los ojos y las orejas, para poder negar la existencia de monstruosidades”.

Pues eso, El Capital de Karl Marx, para los que, como servidora, quieran aprender algo nuevo y, ya si eso, pensar por su cuenta.

ELOTRO


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martes, 10 de mayo de 2016

Lukács se retracta…




“…sin perjuicio de todos los contenidos conservadores del pensamiento de Hegel” escribe Lukács, matizando su alta  valoración, coincidente con el propio Marx, sobre el gran filósofo alemán, y su lógica, y su dialéctica “idealista”. Ciertamente, como dijo Bunge del Chomsky lingüista (del político no parla), no existe ninguna obligación de adquirir “el paquete integral” (lo mismito que le ocurre a servidora con el propio Bunge). Y, claro está, no hay por qué renunciar a las “partes” verdaderamente revolucionarias o progresivas, en nombre de las que podemos y debemos  evaluar como contrarrevolucionarias o regresivas. Una vez más el sí dentro del no y el no dentro del sí, de Brecht. Hay que currárselo.

“Lo que diferencia al marxismo –continúa Lukács- de la ciencia burguesa no es la tesis de un predominio de los motivos económicos en la explicación de la Historia, sino el punto de vista de la totalidad”, y recuerdo que esta misma tesis defendía Lukács, aplicada a la literatura y el arte, en la famosa controversia de los años cincuenta del pasado siglo, frente a Brecht y otros, sobre el realismo.  Recuerdo que en un primer momento, esta postura de Lukács me desconcertó. Prácticamente despreciaba o calificaba de arte burgués decadente, toda obra que renunciara al punto de vista de la “totalidad” o que apostara directa y exclusivamente por la parte, aislada del “todo”, o sea, de la entera y compleja “realidad”. Creo recordar en concreto un furioso ataque a la forma “collage”. Ahí mordió en lo más profundo. Por mi parte siempre he tenido debilidad, hablo en el territorio de la creación artística, por las formas mestizas, híbridas, bastardas… por el collage, el pastiche, el palimsepto… y vine a descubrir que mi admirado Lukács, eso me parecía, despreciaba y descalificaba sin ningún tipo de reservas, todas estas limitadoras y manipuladoras formas de arte.

Como suele ocurrir de forma muy habitual, tras nuevas lecturas y relecturas y algunos exámenes más atentos y extensos, uno mismo descubre su propia ineptitud y desmedida exuberancia a la hora de sacar conclusiones, apresuradas y a partir de sólo la parte (visible, conocida, explorada), en este caso de una tesis, sin esperar a conocer el todo de la proposición y argumentación.

Efectivamente Lukács escribe unas líneas más allá: “El aislamiento de los elementos es, obviamente, inevitable. Pero es sólo un medio para el conocimiento del todo. Para captar el problema con más claridad”. La cosa cambia radicalmente, y a no olvidar que Lukács luchaba permanentemente contra la recurrente vulgarización, deformación y trivialización del marxismo. Y no se cansaba, ya desde sus obras de los años veinte, de subrayar: “El dominio omnilateral y determinante del todo sobre las partes, es la esencia del método que Marx tomó de Hegel. (…) El dominio de la categoría de totalidad es el portador del principio revolucionario en la ciencia”

Lukács ahondó como pocos en el concepto de reificación, de cosificación. Bajo el capitalismo, la alienación, la inversión sujeto-objeto, la fragmentación, la atomización, el sistemático aislamiento o los fenómenos estrictamente parciales, oscurecen e impiden de facto a los sujetos sociales la aprehensión, incluso la propia prueba de existencia, del todo. Ese Lukács que pertenecía a una familia de ricos banqueros judíos y que ya a los 17 años publicó sus primeros trabajos de estética y crítica literaria, tuvo una muy accidentada militancia política, y una no menos borrascosa experiencias con sus innumerables obras teóricas. Aparte de su extraordinaria “Historia y consciencia de clase”, donde el joven Lukács aventuró proposiciones y tesis de gran calado y originalidad dentro del pensamiento marxista, y que muchos años después, a la publicación de los famosos “Manuscritos económicos-filosóficos” de Marx, que ni él ni nadie conocía, pudo comprobarse, para sorpresa de la mayoría, sus más que numerosas “coincidencias” con el pensamiento del joven Marx. Lukács, está más que confirmado, “llegó demasiado pronto”, a espacios insospechados por sus estrictos contemporáneos. ¿Cuán pronto es “pronto”? dejó escrito Galileo, otro que también hubo de retractarse, para salvar el pellejo y para poder terminar la faena. Lukács se las vió con Lenin, con los capos del Partido comunista húgaro y con el mismísimo Stalin: tantas veces se retractó, tantas sobrevivió. A Lukács le debo el placer y el provecho obtenido de las lecturas de sus magníficos ensayos sobre Lenin, imprescindible, el joven Hegel o Rosa Luxemburgo, Gramsci…

Ahora que se habla tanto de “pensamiento rezagado”, es buen momento para revisitar las excelentes obras de este auténtico clásico del pensamiento marxista. Ya verán dónde quedan los llamados pensadores posmodernos… cuando el viejo Lukács ya duchadito descansa en el hotel de la cima, tras la línea de meta. Que para él sólo es un jalón más…

ELOTRO



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martes, 3 de mayo de 2016

Citas de Rousseau, Pavese, Handke…




“Con tan poca relación como la que por lo común tienen las ideas de la víspera con las del día siguiente” (J. J. ROUSSEAU)


Cesare Pavese (El oficio de vivir):

Son unos estúpidos los etnólogos que creen que basta acercar a las masas a las varias culturas del pasado –y del presente- para acostumbrarlas a entender y tolerar y salir del racismo, del nacionalismo, de la intolerancia. Las pasiones colectivas son movidas por exigencias de intereses que se disfrazan de mitos raciales y nacionales. Y los intereses no se borran.


En el sueño, eres autor y no sabes cómo acaba.


Stendhal-Hemingway. No narran el mundo, la sociedad, no dan la sensación de acceder a una amplia realidad, al interpretar selectivamente, a voluntad, como Balzac, como Tolstói, como etcétera. Tienen una constante de tensión humana que se resuelve en situaciones sensorio-ambientales expresadas con absoluta inmediatez. Otras no se podrían expresar como lo hacen los susodichos. Sobre esta constante han edificado una ideología, que es, en resumidas cuentas, su oficio de narradores: la energía, la claridad, la no-literatura.
Flaubert elegía un ambiente; ellos no.
Dostoievski construía una mundo dialéctico; ellos no.
Faulkner estiliza atmósferas y mitologiza; ellos no.
Lawrence indagaba una esfera cósmica y la enseñaba; ellos no.
Son los típicos narradores en primera persona.


Las lecciones no se dan, se toman.


Somos todo costumbre.


El arte de vivir consiste en hacer todas las canalladas sin estropear nuestra compostura interior.


¿Pero a quiénes sirve esta jodienda general?


El sentimentalismo consiste precisamente en el trastorno de los valores.


Contar las cosas increíbles como si fuesen reales- sistema antiguo; contar las cosas reales como si fuesen increíbles- moderno.


Los pueblos que han tenido una mitología rica son los pueblos que luego han filosofado encarnizadamente: indios, griegos, germanos.


Quién sabe de cuántas maneras diferentes veré todavía mi pasado y descubriré en él acontecimientos insospechados.




Jean Jacques Rousseau (Sueños de un paseante solitario)

A veces se marra el golpe, pero la intención nunca falla el tiro.


Está bien haber cortado el mal, pero eso es haber dejado la raíz


No me afecta el mal que preveo, sino el que padezco.


He aprendido a llevar el yugo de la necesidad sin rechistar. Me esforcé por tener apego a mil cosas, ahora reducido a mí mismo, he recobrado por fin mi sitio. Al no atarme ya a nada, sólo me apoyo en mí.


…no se quiere ya saber sino demostrar que se sabe…


Jamás he creído que la libertad del hombre consistiera en hacer lo que quiere, sino más bien en no hacer nunca lo que no quiere.


…en fin, me amo demasiado a mí mismo como para odiar a nadie. Sería estrechar, comprimir mi existencia. El malestar cesa no bien desaparece el objeto que lo causa. Prefiero huirlos a odiarlos.


…no puedo prohibirme el desprecio que merecen ni abstenerme de testimoniarlo.


No he hecho sino envolverme más y darles incesantemente nuevos asideros.


Al no poder ya empeorar mi estado, no podían inspirarme ya alarma. Una situación que no puede ya empeorar con nada.


Plutarco es casi el único autor al que nunca he leído sin sacar algún fruto.


Pluma que cae al río, ¿puede alterar el curso del agua?


La rectitud y la franqueza constituyen en este mundo crímenes horribles. Hay que ser falso y pérfido, como ellos.


Vivo en un caos incomprensible donde nada percibo; y cuanto más pienso en mi situación presente menos puedo comprender dónde estoy.





Peter Handke (El peso del mundo):

Recuperar para la vida las formas de existir prudentemente hermosas de la vieja literatura


Pensar en las innumerables amas de casa que se cortan el dedo por la mañana y a las que luego, por la noche, se les cae el esparadrapo mientras friegan los platos; ahora, en multitud de cocinas, hay esparadrapos mojados y enrollados descansando al lado de los platos que gotean



Psicoanalista: “Tengo la impresión de que ha congelado Ud. ciertas áreas de sentimiento. Se ha construido Ud. una empalizada


A algunos se les reprocha tener sentimientos –porque dicen que es un “lujo” (ahí empieza la indigencia)



Vivencia de la Historia significa para mí liberarse de ella, haberse liberado de ella



21 de abril-1975
De compras: todo está envasado, empaquetado, nada es palpable; huevos, leche, queso, carne, hasta las manzanas: todo empaquetado



Hoy no tuve vivencias de identidad: me limité a seguirme



(un día de párpados incomunicados)



Algo para odiar: las librerías religiosas (“La Librairie de l’Eglise”)



Placer: al hojear un libro, notar en la leve adherencia de las páginas que uno es el primer lector



ELOTRO (por la transcripción)



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lunes, 25 de abril de 2016

Cualidad, cantidad… / Mario Bunge



El producto final de la ciencia es el CONOCIMIENTO en tanto que el de la técnica es un ARTEFACTO.
(Mario Bunge)


Me doy cuenta, cuantifico y mido, de las “novelas”, por lo “híbridas y polifónicas”, que me monto cada vez que quiero dejar anotadas algunas de mis lecturas con sus correspondientes y particulares  apostillas. Lástima que haya empezado a cumplir, en realidad a aprender a leer, esta grata y útil labor tan tardíamente. Mi otrora buena memoria, ha pasado a la historia, y ya no encuentro en la confusa negrura, cuando más los necesito, asideros firmes para avivar y reconstruir el recuerdo con un mínimo de precisión.

Hoy el feliz e inesperado encuentro en el mercadillo ha sido con un libro de Mario Bunge titulado: “La relación entre la sociología y la filosofía”, flamante, por un euro. Que recuerde, ustedes saben, es el primer libro, al margen de algunos artículos, reseñas y entrevistas, de Bunge (¡Cuantas lagunas!) que leo. Tras un somero vistazo al índice (costumbre rutinaria y mayormente placentera, que ni puedo ni quiero retrasar tras la adquisición y el primer posado de nalgas), picoteo en el atractivo capítulo 4º: “Cualidad, cantidad, seudocantidad y medición en las ciencias sociales”.

“La cuantificación y la medición se han considerado como el sello de la ciencia moderna desde que Galileo nos impuso medir todo lo que sea medible.”

De un tiempo a esta parte, disculpen la torpe y probablemente  irrelevante digresión, nunca se me olvida, ya es hábito sistemático, medir/controlar, entre otras cosas, el número de galletas, ciruelas pasas (ése determinante tránsito intestinal) o tostadas que tomo en el desayuno. O el exacto tiempo de exposición al microondas para que  el café con leche humee como es debido.  Tal y como hago con las pastillas contra la puñetera alergia o para el galopante colesterol o la caprichosa tensión (Y que me dicen sobre la medición del tiempo, del tiempo que empleamos en hacer las cosas, tantas cosas, tan escaso tiempo disponible, de ahí esa velocidad que nos impide ver, tocar, sentir, ser uno con lo que se está haciendo, y, si se tercia, por qué no, disfrutarlo pausadamente). La “cantidad” previa y presuntamente calibrada como necesaria para la “calidad” del resultado anhelado. Recuerden, la dosis es el veneno. La dosis, ingerida consciente o inconscientemente, digamos de tele, de sedentarismo, de horas frente a la pantalla del ordenador, el móvil o el videojuego o lejos de un libro (no confundir con best-seller, autoayuda, colorín semanal, manuales o catálogo de IKEA, premios Planeta…) o, como es usanza, con la mente apagada/stand by (o sea, a la espera de recibir órdenes y estímulos consumistas).

“Nada que tenga importancia –la mente, sobre todo- es medible” dice Bunge que defendían los filósofos románticos: Fichte, Hegel, Herder… y que se rebelaron en bloque contra la cuantificación y la medición. Y añade Bunge: “Estas creencias han sido revividas recientemente por la nueva ola romántica, en particular por el posmodernismo (…) Así, teóricos críticos, sociólogos fenomenológicos, teóricos feministas, ambientalistas radicales y sus afines, vilipendian la precisión… (…) en la idea de que la imprecisión es fructífera: presumiblemente, solo porque la mayoría de las ideas fructíferas cuando nacen son imprecisas. La moraleja es clara: procura que el bebé no se desarrolle”.




Bunge pasa a continuación a tratar un asunto que los antiguos lectores de manuales filosóficos marxistas (véase el de Georges Politzer), tal que servidora, recordarán no sé si con cierta y más que justificada incomodidad: “Lo que vale en el reino conceptual no tiene por qué reflejar lo que ocurre en el mundo externo. En especial, en el mundo físico o en el social no es cierto que la cualidad preceda a la cantidad o al revés. En éstos cualidad y cantidad vienen juntas. (…) …la expresión “transformación de cantidad en calidad” no tiene sentido. Esta expresión, un sello de la dialéctica, debe entenderse como la abreviatura de “En (todos o algunos) procesos de crecimiento o descenso cuantitativo hay puntos críticos en los cuales emergen nuevas cualidades o desaparecen las viejas”. O sea, que “Todos los ítems fácticos son al mismo tiempo cualitativos y cuantitativos en grados determinados. (…)…la construcción de algún concepto cuantitativo presupone por lo menos un concepto cualitativo, tanto lógica como epistemológicamente”. Lo que nos da una nueva perspectiva, verdaderamente dialéctica, sobre los llamados “saltos cualitativos” supuestamente justificados, en el mundo físico y en el social, por el cumplimiento (acumulación) de una norma estrictamente cuantitativa.

“Parece obvio que la existencia es una cualidad: no hay grados de existencia… (…) la existencia es una variable dicotómica, de sí o no.”

Lo que si interesa -continúa Bunge-, es la cuestión de si conocemos alguna razón para que no toda propiedad, distinta de la existencia, pueda cuantificarse. En mi opinión, no conocemos ninguna de este tipo. (…) Todo científico social contemporáneo serio está familiarizado con conjuntos de datos y matrices, histogramas y distribuciones de probabilidad, promedios y desviaciones estándar, series y tendencias temporales, coeficientes de correlación y similares. Y remata: La cuantificación y la medición se han generalizado tanto en los estudios sociales que a veces encubren la pobreza teórica.



Pues sí señor Bunge, tiene usted toda la razón en eso de la pobreza teórica, además sonrojante en demasiados casos, y todavía se queda corto, porque prácticamente todos ellos ejercen con contento (aunque ocultando su relación de complicidad con la clase dominante)  de “intelectuales orgánicos” del sistema, que no hacen más que aportar, adobadas con sofisticadas memeces, ingentes cantidades de datos sin más criterio de selección y almacenaje que el de crear el caldo de cultivo adecuado a las medidas políticas, económicas y sociales que promueven y protegen los partidos políticos que gestinan por delegación los intereses del la oligarquía financiera internacional y, en su caso, provincial. Algo que podemos percibir en la casi totalidad de los “sociologos instalados”, de culto, sin exagerar, o de postín que frecuentan los poderosos medios oficiales de desinformación y las monopolísticas editoriales especializadas (en las mercancias que demanda el mercado) más famosas y, por lo tanto, necesariamente exitosas en ventas.

Y en otro párrafo: “La estadística social no se extendió ni se convirtió en rama académica hasta aproximadamente 1830, principalmente gracias a Adolphe Quetelet. A partir de entonces ha crecido exponencialmente…(…) Lamentablemente, el descomunal crecimiento de la estadística social tuvo durante un tiempo solo impacto marginal sobre la teoría social. En efecto, tardó casi un siglo y medio en influir en la economía, y más de un siglo en ejercer su influencia sobre el resto de ciencias sociales”. Pues vaya, nunca lo hubiese pensado, visto desde la situación actual, parece mentira que la clase dominate, y sus intelectuales orgánicos, tardara tanto en sacar rendimiento a tan eficaz y maleable herramienta de conocimiento, de manipulación de la opinión pública y de instrumento vital en la construcción y apuntalamiento de la hegemonía ideológica y cultural que tanto les facilita el control y el consentimiento del tejido social a sus trapacerias (esta palabra tenía que meterla). Y termina: “…muchos intentos de cuantificación han terminado en aborto. Me explico. Como cualquier otra actividad intelectual, la cuantificación puede ser auténtica o fraudulenta, y la impostura puede ser deliberada o inconsciente.”




Últimos apuntes: “…desde un punto de vista filosófico, la cuestión principal es que la medición es una operación de laboratorio o de campo, y no una operación completamente conceptual como la cuantificación. (…) Ninguna cantidad de sofisticación matemática puede compensar la investigación empírica, del mismo modo que ningún montón de datos puede sustituir a una teoría. (…) ¿Realizan mediciones los científicos sociales? En mi opinión, la mayoría de ellos apenas han medido algo, al menos personalmente. Cuando alguna vez emplean números, confían casi exclusivamente en las cifras que les aportan no científicos, tales como los agentes del censo, los contables y los inspectores de la Administración. (…) Una razón por la que los científicos sociales no miden mucho, consiste en que la mayoría de ellos nunca, o rara vez, se encuentran con los objetos que estudian.”

Pues vaya, en fin.

ELOTRO (por la transcripción)

“Debemos neutralizar el prejuicio romántico contra la exactitud y, sobre todo, contra la cantidad, porque entumece el cerebro y obstaculiza la exploración y el control de la realidad.”

(Mario Bunge)


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lunes, 18 de abril de 2016

Peter Weiss “Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat”.



Llevaba mucho tiempo retrasando involuntariamente la lectura del drama de Peter Weiss “Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat”. Y ahora por fin ha caído en mis manos, previo pago de un euro,  una interesante versión editada por Grijalbo en 1969, y traducida y prologada por Alfonso Sastre.
(En youtube se puede ver la versión de Peter Brook: https://www.youtube.com/watch?v=dvvcfCytDeA )





Gracias a las notas de Alfonso Sastre me entero de que existe una versión de la obra de Weiss traducida por Manuel Sacristán (que por cierto traducía casi en exclusiva para Grijalbo), y otra del cubano Virgilio Piñera. También informa de que él (cuyo trabajo le fue encargado por Adolfo Marsillac) se ha servido especialmente de la versión de Jean Baudrillard. En fin, un racimo de nombres (traduttore, traditore) ciertamente representativo de aquella más que convulsa izquierda “sesentera”.

Transcribo un párrafo de la nota introductoria de Sastre sobre la censura sufrida por la obra (recordemos, año 1968, pleno franquismo):
“En cuanto a la supresión de los cuadros 13 y 14 –“La liturgia de Marat” y “Lamentable intermedio”- fue forzada por las circunstancias, es decir: independiente de  nuestra voluntad. Conversando Marsillac con el autor, éste se avino a que se suprimieran…” En fin, ahí queda el dato.





Sobre el mundo del teatro en general, y el oportuno estreno de Marat-Sade, en aquél concreto momento histórico, escribe Sastre: “¡A estas alturas! ¿El pobre B.B., como él mismo se llamó, ha sido, pues, en balde?” (…) En este medio, depresivo y agitado (podría decirse: enfermo), suena como un lúcido grito la voz de Peter Weiss: una negación verdaderamente dialéctica, revolucionaria, de la “legalidad” teatral vigente tanto en el área del teatro de consumo como en la de la actividad que se autopresenta como “inconformista”. Se trata, a nuestro modo de ver, de una verdadera síntesis, altamente superadora de los elementos anteriores –el teatro neo-dramático, el absurdo, la forma épica…- fraguados por ella.” Y añade: “Con todos los respetos para el trágico espectro de Artaud, hay que decir que Weiss trabaja en otro plano: es un autor posterior a Brecht -¡verdaderamente posterior a Bertolt Brecht!- y al drama neo-aristotélico (Miller, Sartre) y al “teatro del absurdo” (Beckett), con todo lo que eso supone y significa: contribuir a la construcción de un teatro de hoy. Ni eterno (o arquetípico), ni, mucho menos, oprtunista (o actualoide)… Teatro escrito en el corazón de la Historia, que es donde residen la verdadera actualidad y la verdadera permanencia.”




Recordemos el título completo de la obra de Peter Weiss: PERSECUCIÓN Y ASESINATO DE JEAN-PAUL MARAT (Representados por el Grupo Teatral de la Casa de Salud de Charenton bajo la dirección del señor SADE) y pasemos a leer algunas apostillas del propio Weiss:

“Antes de su detención en el Fuerte de Vincennes y en la Bastilla, Sade dirigía ya representaciones teatrales en su castillo de La Coste. Durante los trece años de su encarcelamiento (desde sus 33 a sus 46 años), escribió, aparte de sus grandes obras en prosa,  diecisiete dramas.” (…)

“Desde 1801 hasta su muerte, en 1814, vivió internado en el Hospicio de Charenton, donde tuvo, durante algunos años, la posibilidad de montar espectáculos con los enfermos y de trabajar él mismo como actor.” (…)

“Para los círculos distinguidos de París, era una distracción selecta asistir a las representaciones que daba Sade en ese ‘reducto reservado a los desperdicios morales de la sociedad burguesa.” (…)



“Su confrontación con Marat, que nosotros ponemos ahora en escena, es sin embargo totalmente imaginaria, y se refiere sólo al hecho de que fue Sade quien pronunció el elogio fúnebre de Marat cuando el entierro de éste; e incluso su relación con Marat en este discurso es bastante ambigua, ya que no lo pronunció más que para salvar su propia cabeza, pues se encontraba en aquel momento amenazado de nuevo, figurando su cabeza en la lista de la guillotina.
Lo que nos interesa en la confrontación de Sade y de Marat, es el conflicto entre el individualismo llevado al máximo y la idea de la agitación política y social.” (…)

“Y cuando Sade declara haber sido perjudicado por las medidas del Antiguo Régimen, no hay nada en ello que le pueda convertir en un héroe, pues no había sido detenido por razones políticas, sino por la acusación de excesos sexuales, y fueron esos mismos excesos, ilustrados en sus escritos monstruosos, los que causaron una vez más su caída, ahora bajo el nuevo régimen.” (…)




“De qué modo concebía él su rebelión, lo vemos en la siguiente carta, que escribió desde la prisión a su mujer en 1783:
“Nadie puede aceptar mis ideas, dices tú. ¿Y eso qué importa? ¡La tontería está en proponer tales o cuales ideas a los demás! Mis ideas son el fruto de mis reflexiones, forman parte de mi vida, de mi temperamento. No está en mí el poder de cambiarlas, y aunque pudiera no lo haría. Estas ideas que tú desapruebas son lo único reconfortante de mi vida, alivian mis sufrimientos en esta prisión, constituyen toda mi alegría en esta tierra, las prefiero a mi propia vida. No son mis ideas las causantes de mi desgracia sino las ideas de los demás.” (…)




“Si es de nuestra invención, lo de confrontarle con Marat en sus últimos instantes, por el contrario la situación de Marat corresponde a la realidad. La enfermedad sicosomática de la piel que había contraído a fuerza de privaciones, y que le hizo sufrir tanto durante los últimos años de su vida, le forzaba a pasarse muchas horas en su bañera para aliviar la molestia de sus picores. Y en esta misma posición fue apuñalado por Charlotte Corday el sábado 13 de julio de 1793, después de que ella había conseguido introducirse en la casa por medio de tres visitas.
Las declaraciones de Marat en el curso de la acción reflejan (a menudo, incluso literalmente) el contenido de los escritos que dejó.”. (…)

¡Dictador, esa palabra debe desaparecer; odio todo lo que evoca a los patronos y a los patriarcas!
(J. P. Marat)

Ya saben, Marat-Sade, de Peter Weiss.

ELOTRO (por la transcripción)


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