Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 1 de septiembre de 2014

Tal vez me equivoque. (20)







«La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente»

(Rosa Luxemburgo)


Hace más de un siglo Rosa Luxemburgo, mujer, extranjera –había nacido en 1871 en una ciudad polaca, Zamosc, por entonces perteneciente al imperio ruso. En 1898 se casó y obtuvo la ciudadanía alemana-, revolucionaria, coja de nacimiento y judía…  escribió, entre otras obras, un interesantísimo librito titulado “Reforma o Revolución (1899)”, para refutar las tesis reformistas que por aquel tiempo dominaban en el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).

Años después, ya sabrán, se opuso radicalmente a la  participación de los socialdemócratas en la I Guerra Mundial (1914): por ser un «enfrentamiento entre imperialistas» (A diferencia de su partido, en Rosa era más fuerte su conciencia de clase que su “sentimiento patriótico”. Pero ya sabemos, en las filas del SPD dominaban los reformistas y triunfó por abrumadora mayoría el belicismo. Ante aquel fracaso, Rosa llegó a plantearse el suicidio.). En 1916 participó activamente en la creación de la Liga Espartaquista (en homenaje al gladiador tracio),  grupo marxista origen del  Partido Comunista de Alemania (KPD). En 1919, tras la frustrada revolución de Berlín, en la que participó pero contra la que se había posicionado, fue encarcelada, torturada y asesinada a manos de los “freikorps” (15 de enero de 1919) junto con Karl Liebknecht   y otros  cientos de revolucionarios (Por cierto, en el gobierno el SPD).




A pesar de los 114 años transcurridos desde la publicación de este librito me ha parecido que el asunto que aborda, es decir, la denuncia del oportunismo, del reformismo burgués en las filas y sobre todo en los puestos de dirección de la organización obrera “supuestamente” marxista y revolucionaria, sigue estando, a mi parecer y para desgracia sobre todo de la clase obrera, lo que PODEMOS calificar de máxima actualidad (Y no me refiero sólo al súbito enriquecimiento personal de la mayoría de los parlamentarios de aquel SPD).

Sí señores, esta comunista, coja y judía, refutó, con la misma firmeza pero ciertamente con bastante menos aspereza de lo que acostumbraba a hacer don Karl, una por una todas las patrañas que el señor Eduard Bernstein había puesto negro sobre blanco en un burdo intento de dotar de una base teórica (“…reuniendo hasta el último escombro de confusión teórica que le fue posible hallar. ¡Ni la sombra de un pensamiento original!”) a su dominante y boyante  sector “reformista”, y mayoritario, dentro del SPD.

Rosa enseñó marxismo y economía en el centro de formación del SPD en Berlín antes de la I Guerra Mundial. Uno de sus alumnos fue el que más tarde se convertiría en líder del SPD y primer presidente de la República de Weimar, Friedrich Ebert. Y, hablando de “actualidad”, les recuerdo que fue la “Fundación Friedrich Ebert” la que, sirviendo de tapadera a la CIA, financió en la transición al “nuevo” PSOE de Felipe y Arfonso. Como los documentos alemanes y norteamericanos desclasificados han confirmado de manera fehaciente. (Ver “Soberanos e intervenidos” de Joan Garcés).




Retomando la reseña de “Reforma o revolución”, nos cuenta Rosa cómo el antiguo socialista Bernstein acaba deslumbrado por los “progresos” del capitalismo (“La situación de los obreros, lejos de empeorar, está mejorando. La burguesía es políticamente progresista y moralmente sana. No podemos hablar de reacción ni opresión. Todo está perfectamente en el mejor de los mundos posibles…”), y, en consecuencia, decide que la “socialdemocracia”, el partido de la clase obrera, debe renunciar a la conquista del poder y dedicarse “al mejoramiento de la situación de la clase obrera dentro del orden imperante”. ¿Recuerdan a Felipe y Arfonso renunciando al marxismo? ¿Han escuchado farfullar a Iglesias, Monedero o Errejón sobre la “ciudadanía” (“…sin distinciones, identifican al hombre en general con el burgués, y a la sociedad humana con la sociedad burguesa”), sobre “otra forma de hacer política”, sobre que el problema no es la lucha de clases sino la “casta” y un poco también “esos que son de una clase mucho más baja que la nuestra” (y encima, para justificarse del lapsus que “lamentablemente” había sido grabado, y en plena apoteosis de estolidez, cita -¡torticeramente, como Bernstein!- a Marx para sustento de su vil opinión sobre el lumpenproletariado!) y sobre la “transversalidad” social de sus propuestas?
Como decía aquel escritor judío, es tal la pericia que se gastan en el asunto del disfraz, que resulta difícil saber con cuántos hijos de puta se ha cruzado uno en la vida.

Sobre las posibilidades e instrumentos que pueden permitir a los trabajadores detectar a los “falsos” dirigentes, escribe Rosa: “No se puede arrojar contra los obreros insulto más grotesco ni calumnia más indigna que la frase ‘las polémicas teóricas son sólo para los académicos’” (…) “Mientras el conocimiento teórico siga siendo el privilegio de un puñado de ‘académicos’ en nuestro partido, éstos corren el peligro de desviarse”.
Como Gramsci, Rosa Luxemburgo lo tenía muy clarito, la clase obrera no puede dejar -¡seguir dejando!- en manos de estos mierdecillas pequeñoburgueses, los asuntos (“del dominio del pensamiento”) teóricos, filosóficos, históricos –pasado, reciente y actual-, ideológicos, científicos, políticos… culturales en toda su extensión y profundidad.
Un siglo después hasta el más ciego puede ver que el sistema capitalista ha conseguido, gracias a su hegemonía cultural sustentada en la propiedad de todos los grandes medios de producción y difusión propagandística y publicitaria, el pleno y sumiso “consentimiento” –a sus crímenes- de una gran mayoría de la población. Y es precisamente este control ideológico el que les permite reservar la represión más violenta, para los sectores que escapan, aunque sólo sea en parte, a dicho tratamiento “anestesiante”.



Ya por estos pagos, no se pueden permitir malos ejemplos -¡derrotas!- como el de Gamonal. Eso significó un fallo imperdonable (¡de control!) para el Sistema. Y que los muertos de hambre del SAT tuviesen los santos cojones de meter en Madrid millón y medio de personas manifiestamente hartas del puto sistema capitalista, tampoco fue plato de gusto. Un poquito de semiótica política sobre “el significado” y el porqué del “prodigio” PODEMOS, y quizás alguno abra los ojos y aprenda a “leer”, la “atrofiada” realidad sin las “patrocinadas” anteojeras de los medios de control y desinformación.


ELOTRO


¿PODEMOS recordar?: “Los jesuitas combatían teóricamente a Maquiavelo mientras eran en la práctica sus mejores discípulos”
(Gramsci y ELOTRO)




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viernes, 29 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (19)





“Primero vive, después filosofa”. Ahora bien, hay quien “vive” únicamente, quien está constreñido a un trabajo servil, extenuante, etc., sin el cual algunos no tendrían la posibilidad de verse exonerados de la actividad económica para filosofar. 
(A. Gramsci)



Teoría y praxis (¿Cómplices de inoperancia?).

Hay teorías (disculpen pero lo que se lleva es no concretar) que pueden estropearnos la vida práctica para siempre. Te pones a cavilar (¿Desde dónde hasta adónde?) y no vives. Sabemos que después de toda teoría, nada. Y aún antes. Aunque menos. Todo es ponerse a pensar (lo escribo, una vez más el signo de los tiempos, como si sólo existiese una manera) y dejas de existir (ídem de ídem). Los que no piensan (y mira que da rabia pensarlo) son los que viven. Buena o mala vida es otra cosa: pero (más vale que obviemos calidades) siempre ocurre en otra parte, según pensamiento enunciado por Kundera.

Para algunos pensar (y llegar sin ningún esfuerzo a la conclusión de que todo está hecho un asquito) es un atajo-tobogán hacia el suicidio. ¿Quién no se ha suicidado más de una vez? (hay quien tenía premeditado y programado el suyo –no hay suicida que no se pirre por llamar la atención sobre su poético ombligo pre-suicida- nada menos que con veinte años de antelación: Gabriel Ferrater, sujeto conocido por su destreza a la hora de “registrar realidad”, aunque no nos aclaran si cuando montaba en moto, bebía, ligaba y follaba, lo “registraba” en el plano teórico o en la esfera práctica).

Hay otras vidas (más prosaicas que las de los señoritos intelectuales de la gauche divine barcelonesa) en las que se suicida uno por todo; sin ningún miramiento. Bien es verdad que los que saben, “empíricamente”, de la buena vida (por haber escarmentado en experiencia de hígado ajeno o por disfrutar -desde la mismísima cuna- de acceso a información privilegiada) sólo se suicidan en la inofensiva dimensión teórica, convenientemente perfumada de “malditismo cultureta”; por el contrario, en la práctica, son más de explotar, oprimir, joder y asesinar despacito, muy despacito, a congéneres de ambos sexos y económicamente inferiores (el primer y único –en la práctica- mandamiento de esta gentuza: “En la vida como en la lucha de clases”, y saben hacerlo sin que se note demasiado, les conviene evitar la publicidad de las conductas contraproducentes para los propios propósitos).




La praxis (y es una viciosilla manía que “prácticamente” le viene de fábrica) desnuda el pensamiento “puramente teórico” de su ropaje místico. Eso si existe el referido grado de pureza, si no, también. En el terreno empírico las teorías se la juegan (y ahí no valen “salvoconductos” emitidos en las teóricas instancias celestiales). En la barriobajera realidad práctica (donde las partidas se juegan sometidas a la ley de la gravedad), concurren teorías respetables y ridículas, desagradables y eficaces o agradables e inútiles (siempre nadando en el caldo de las contradicciones dialécticas. Por cierto, en este asunto tan difuso de la dialéctica, he creído entender que la clave está, además de en su fundamento materialista, en el enunciado: "a la vez"). Y, eso sí, por lo mismo, todas impuras.

Aquí no se conoce praxis que no esté constituida (debido al lógico roce e intercambio -¿de fluidos?- dialéctico) por sus respectivas dosis o fragmentos de teoría (pluralidad dentro de la unidad) ni se concibe práctica (por ídem de ídem) que carezca de antecedentes y componentes teórico-prácticos. Lo cual, todo hay que decirlo, no puede descartar completamente (el prodigio de la infalibilidad es otro camelo procedente del milagrero mundo celestial) el riesgo de asimetría teórica o  cojera práctica (pero sí consigue limitarlo de manera sustancial) en ciertos “andares” teóricos o prácticos o teórico-prácticos.

Resumiendo por así decir: que armados de un conjunto de “materiales-instrumentos-teórico-prácticos-lubricados en modo dialéctico”, también intitulado: “una guía para la acción”, hacemos camino al andar, sin olvidar de dónde venimos; y al mismo tiempo pensamos y valoramos nuestros pasos y el calzado que gastamos  y los juanetes que sufrimos y la huella que marcamos; y tanteamos con atención las señales del terreno (no es que no nos fiemos, es que no nos fiamos) , de su superficie y de más abajo, allí donde sabemos que se  afana, en el mismo afán, nuestro camarada “El viejo topo”; y a cada nuevo paso estudiamos las inclemencias del tiempo, la  resistencia del aire y las burdas ofertas de la propaganda enemiga; y repasamos la ruta y confirmamos o no  el trazado del camino o la voladura de “teóricos” puentes precariamente sustentados (siempre he olido de lejos al cartón fallero) en ortografías difusas; y analizamos nuestros voluntariosos presupuestos y objetivos objetivos y aquilatamos las fuerzas y los obstáculos que nos enfrentan; y los dignos motivos por los que nos pusimos, tomando el relevo sin más remedio, en lucha y en marcha (alguno habría que se aburría sin hacer nada) y las posibles razones (errores médicos o de la malherida naturaleza) de tanto fracaso; y la firme determinación de no abandonar, (nada por perder, todo por ganar) de aplicarnos con denuedo (la propia supervivencia de la especia humana en el esquilmado planeta ha dejado de ser cuestión “para pasado mañana”) en la tarea de seguir fracasando, de fracasar cada día mejor… hasta enterrarlos en el mar.
O algo así.


ELOTRO

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Ideas de Foucault sobre la incomunicabilidad: figuras de cera, injertos de piel, la presencia inhumana de los objetos.
(Susan Sontag, “Diarios”)

 


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martes, 26 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (18)





Aquel hombre era a la vez célebre y tonto… “cosas que van muy bien unidas”, apostillaba el canijo y comedrogas Baudelaire.
(Manuel Vázquez Montalbán)


Alguien dijo que el mundo sólo empieza a estar claro (o en su caso fatalmente ilegible, añado yo), con uno mismo (todo lo fragmentado que se quiera) adentro (por supuesto consciente de). Claro que, en todo caso, conviene no escamotear la aportación de los mil “otros” que más o menos articulados o enlazados nos constituyen y tal. El mundo en nosotros y nosotros en el mundo, ¿un magma común?

El mundo sin nosotros, (que no dudamos que existir ya existía y que nada indica que con nuestra baja voluntaria no siga existiendo), nos da igual. Pero un mundo al que no pertenecemos, o hemos dejado de pertenecer, no nos ocupa más allá de algunas birutillas de nostalgia que inexplicablemente (otro enigma a la mochila) no acabamos de barrer aunque sigan supurando. ¿Antes suprimir el daño que vivir temiéndolo? Por descontado que desde ese mundo, del que en su momento decidimos soltar amarras y escapar, no nos han vuelto a cursar invitación alguna a eventos, festejos o bailes, circunstancia esta que evidentemente no sólo no  lamentamos sino que (sin alardes)  celebramos (en la intimidad), ya que, entre otras “solapadas formas de hipocresía” y bajadas de calzón, nos ahorra el consabido, convenido y estéril cambio de máscara (disfraz). “Máscara” aquí como sinónimo de “persona”, al parecer de los sabios antiguos, y el tal aserto no perdona ni a bobo rabicorto ni a listo rabilargo. Cierto que tampoco sospechamos, y habría que volver al hurgo, cuál pudo ser nuestro mérito (¿quizá el de no estorbar?) para la  ganada dispensa, para la licencia del tal trajín. ¿Cuál fue a sus pareceres nuestro afán para merecerlo? Una vez más estamos a oscuras, vamos, que ni puta idea, y no, no son ganas de lastimar, despreciar u ofender a los del “otro” mundo; más bien son ganas de comprender(nos). En fin, al asunto.

Pero, ¿qué asunto? ¿el mundo con el “YO” y “ELOTRO” ramoneando dentro? Hay mundos, muchos, probablemente demasiados, dentro de “el mundo” –“Ese mundo en el que los locos guían a los ciegos”-, que ofrecen dicen que “por ná y menos” (O sea, tasa de ganancia el triple del costo) un seguro refugio –una fortificación, un amurallamiento, convertible en una cerrazón (de postigos) miedica y despectiva… ¿o consistirá  más bien en un autoenjaulamiento?- contra el azote de los inevitables y muy testarudos vientos hostiles. Y hablando de vientos hostiles: Observen a ese Marx acarreando (en pleno parto de “El capital”) cucharillas de plata maciza –procedentes de la dote de su señora esposa- al Monte de Piedad (A su modo un castillo almenado con profundo y cenagoso foso y hambrientos cocodrilos incluidos) en Londres. Es sólo a modo de ejemplo y por supuesto ”No marxista”, Marx dixit. Recuerden aquello: “El arte de la necesidad es admirable: vuelve valioso lo mísero” (Bien se ve cómo iba y cómo va el mundo. Venga, el último, por hoy, de los crímenes ejemplarizantes: “Tenemos que impedir durante veinte años que este cerebro funcione”; son palabras del fiscal de Mussolini dirigidas a Gramsci. Era el verano de 1928 y los jueces fascistas le condenaron a 20 años, 4 meses y 5 días. Murió, el diagnóstico era clarísimo, desatendido si no empujado ( y bien que con reiteración y grosera saña se lo hicieron saber –¿lo primero, quita de ahí Hipócrates de Quíos, el juramento al fascio?-, ¿creen que se puede considerar una eximente política?) por los médicos fascistas de la clínica-cárcel, el 27 de abril de 1937. Basta de lamentaciones y lloriqueos. Hay que hacer algo, y ya…  ¿Aunque sea lo último que hagamos? (Pregunta, retórica si se quiere, dirigida a los NO escarmentados y otras especies inmoderadamente recalcitrantes.)



Dicen que la verdadera altura de la cumbre sólo la llega a conocer el que desde allí cae a plomo, pero, ¿quién lo dice, algún resucitao poseído del infalible axioma: “nadamos a favor de la corriente: no podemos fracasar” y consecuentemente ciego a las regresiones que…(“¡coño! ¿pero quién podía preverlo?”), nos acaban derrotando una y otra vez… ¡según nuestros propios e irrefutables cánones!?  No tienen ustedes idea de lo que significa que “el tiro de gracia” te lo peguen con tu “propia” escopeta en tu propio cogote.

Nos ahuyentan (esos que aún “no han cesado de vencernos” y no dejan de restregárnoslo), activamente en dirección a la resignación derrotista, contemplativa, pasiva y fatalista, a la catástrofe “en continuum” por ellos organizada -no, pero qué digo, ya les gustaría (por muchos doctorados honoris causa que adornen las paredes de sus prostibularias cavernas), a esas bárbaras alimañas, seamos pues algo más precisos: “provocada”).

Repito: Algo hay que hacer. Y no lo digo por halagarme.


ELOTRO

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-Veo que son ustedes muy amigos.
-No tanto…, es que ahora nos necesitamos.

( ELOTRO - Ramón y Cajal)



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sábado, 23 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (17)








¿Así baja de revuelto el río de la Historia?

“La política no tiene por objeto hacer a los hombres santos, sino conseguir que su vida en sociedad sea justa”
(Inmanuel Kant)

Yo tenía un camarada –quizás fuera por entonces uno de los responsables máximos de Catalunya- en el PTE (creo que este caso puede ser un buen ejemplo práctico  de cómo para el capitalismo-opresor-explotador ningún partido u organización que inquiete o pueda llegar a, es inexpugnable a sus infiltraciones) que atendía al nombre de Joan Anton Sánchez Carreté. Un día de no sé qué año (finales de los setenta) leí en algún documento del partido que había sido expulsado del mismo (¡a las tinieblas exteriores!) por tampoco recuerdo qué razón concreta (¡El enemigo se introduce a través de nuestras rendijas! Y como si se tratase de ejércitos compuestos de hambrientas bacterias, una vez “dentro”: se cobra un gran número de víctimas, cuando no a la organización completa).
Ahora, más de treinta años después, me entero de que el pollo ejerce, desde hace la tira de años, de asesor fiscal del molt-honorable- ladrón-nacionalista Jordi Pujol y de cerebro en la sombra de todas sus operaciones fiscales que, por supuesto, son tan fraudulentas como las multimillonarias y secretas donaciones al partido, CDC, de la oligarquía catalana o las personales cuentas secretas suizas y andorranas. El sujeto es un grandísimo sinvergüenza con meritorio currículum: ya en 1993 fue condenado a dos años de cárcel y el pago de 1,2 millones de euros, al cambio, por fraude fiscal (que consistió en unos setecientos millones de pesetas de la época. Sería finalmente indultado por el gobierno de Zapatero). El caso se destapó en 1991 pero leo que Jordi Pujol le propuso, (para que luego hablen los papanatas “de la novedad” de las puertas-rotatorias-política-empresa… pues no majetes, ¡normal ayer, normal hoy!) como consejero de la eléctrica ENHER en 1996. (La mafia premia o castiga siguiendo sus ritos de siempre, ya sea en Cataluña, Andalucía o Madrid. La mafia, gracias a la Constitución de 1978,  es Una, Grande y Libre de toda sospecha en toda España).

El abyecto caso de este “ex camarada rufián” no es ni muchísimo menos el único con el que cada cierto tiempo nos tropezamos los antiguos militantes del PTE que, según proclaman los “triunfadores”: no “hemos sabido prosperar” y de ahí, remachan, nuestra amargura, nuestro mal conformar y nuestro incurable rencor.






A lo largo de los años se ha podido constatar cómo se puede llegar, desde la extrema izquierda, a, por no ir más lejos, director de “El País”, sencillamente dejando de airear y criticar los  turbios y criminales manejos de la Trilateral y pasando a trabajar para los intereses de los “amos  enturbiadores”.  O cómo se puede llegar a ejercer de mano derecha de Zapatero (y otro igualmente despreciable converso mano de extrema derecha  de Aznar) en temas de medios de comunicación, destrozando lo poco que quedaba de los medios públicos, después de haber denunciado, “en los papeles”, a los amos, de la (des)información en España. O cómo un inepto, pero muy mediático, economista se hace multimillonario asesorando internacionalmente a los bancos y casi, casi, casi llega a Gobernador del Banco de España. O cómo un charnego sin demasiadas luces, pero experto y certero lamedor, llega a President de la Generalitat… y otro que se aburría, según confesión propia, tocándose los huevos en un despachito ministerial es aupado por el PSOE, nada más ni nada menos que, a director de la Guardia Civil y la Policía Armada… o… en fin, no seamos demasiado cansinos...
El caso es que ninguno de ellos quiere recordar ni lo más mínimo su estancia o paso por aquel partido de extrema izquierda que se definía como organización revolucionaria de ideología marxista-leninista-pensamiento mao-tse-tung. Yo hablo del PTE porque se trata del partido al que a mucha honra pertenecí y del que sigo estando orgullosísimo (fuera de la mayoría de los dirigentes, no todos, y de algún que otro cretino de base) de haber pertenecido. De dirigentes con deriva parecida, peor imposible, militantes de la ORT, MC, LCR y demás no me corresponde a mí entrar en controversias. Aunque podría, largo y tendido. Pero hoy me parece que viene muy a cuento tratar este asunto, digo el de los “dirigentes” y el de la estructura y funcionamiento de los partidos u organizaciones políticas que tan adecuadas han demostrado ser para que los más viles y abyectos trepen a las poltronas y allí se eternicen al mando o la utilicen de trampolín hacia “pesebres” más golosos, abastecidos por los poderosos amos del “Sistema”.
Lo digo porque, gracias a la desmemoria patrocinada, cada día parece más claro: PODEMOS volver a caer, digo los que seguimos luchando por abolir la esclavitud capitalista, en el mismo pozo de mierda.
O, tal vez me equivoque.

ELOTRO

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“…me reservo el precioso e inalienable derecho de evolucionar o de retrogradar al compás de las enseñanzas de los tiempos”
(S. Ramón y Cajal)

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miércoles, 20 de agosto de 2014

Tal vez me equivoque. (16)








En la sustitución del antiguo relato por la información y la información por la “sensación” se refleja la atrofia progresiva de la experiencia.
(Walter Benjamin, “Sobre algunos temas en Baudelaire”)


Castilla del Pino y su autobiografía “PRETÉRITO IMPERFECTO”

“Wie zween munch in einer predig gefangen zu Brog im Flandern haben sodomitigsche gottlosigkeitt des Closters, der Obrigkheit an gegeben”

Lo que más o menos quiere decir en castellano: “De cómo dos monjes en un sermón en una prisión de Brujas, en Flandes, denunciaron a la superioridad haber impiedad sodomítica en el convento”

Pie de una litografía de Franz Hogenberg fechada en 1578 adquirida por Carlos Castilla del Pino en 1941 en el Rastro de Madrid.

Texto transcrito de la formidable autobiografía (primer tomo que abarca desde 1922 hasta 1949) de Carlos Castilla del Pino titulada “PRETÉRITO IMPERFECTO”, que acabo de leer.
 No sólo se trata de la autobiografía de un intelectual  de valía extraordinaria (neurólogo, psiquiatra y escritor), -nacido en una familia andaluza burguesa tirando p’arriba, de esos propietarios, “cuasiterratenientes”, de grandes fincas (luego de la guerra muy venida a menos) , y, por supuesto, muy de derechas, muy reaccionarios, muy del Antiguo Régimen- con una vida inusualmente rica y accidentada, intensa y variada en experiencias de todo tipo: políticas, militares, científicas, sociales… sino de un jugoso libro de historia “a contrapelo”, de la historia de este país contada, con varias décadas de distanciamiento, mediante prosa excelente y apasionada y notoria intención de objetividad y  buenas dosis de sinceridad crítica y autocrítica… y todo ello rebozado en un sutil e irreverente sentido del humor, digamos de calibre cachondo-agridulce,  por un testigo singularmente dotado, (“Máximo Temple” se hacía llamar en los billares madrileños) de penetrante ingenio y talento irreverente.

Y que temporalmente abarca desde mediados de los años veinte hasta finales de los cuarenta del pasado siglo –es decir, desde la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), pasando por la “dictablanda de Berenguer” (1930-1931), la proclamación en abril del 31 de la II República, el golpe de estado militar del 36 y, tras su fracaso en primera instancia en gran parte de España debido a la respuesta popular, la posterior Guerra Civil, el triunfo fascista (1939) y la criminal posguerra-  hasta el final de la década de los cuarenta. Como pueden apreciar, el periodo de por sí tiene tela… tela marinera… y el catedrático de psiquiatría que a sus 74 años publica este ensayo memorístico compuesto de 543 páginas de letra apretada no escamotea ni el más nimio de los pormenores, puntualizaciones o valoraciones –incluyendo relatos, entrevistas  y versiones de protagonistas recogidas muchos años después- del sinfín de acontecimientos: desde sus primeros recuerdos infantiles en San Roque, sus estudios en internados de Ronda (Salesianos) o Sevilla (Escolapios), el asesinato de sus familiares en julio del 36, su adscripción al Requeté, sus primeras experiencias como ayudante de forense en las autopsias o de Histología o Biología animal, o simples vivencias: su primera lectura, a los quince años,  de los diecisiete volúmenes de las obras completas de S. Freud, su afición a las corridas de toros de la mano de gitanos expertos en tauromaquia, a la música, a la literatura…    y anécdotas personales del más variado pelaje que jalonaron su azarosa vida durante esos primeros treinta años de existencia.

El niño de los Castilla (luego familia intocable, por mártir, a partir de julio del 36, aunque eso no le libró más adelante de algún rapado a cargo de falangistas locales) no puede asistir a la escuela pública, demasiados alumnos y de bajo nivel por clase que impide a los profesores volcarse en un trato personalizado, en su natal San Roque y es enviado interno a un centro salesiano de Ronda. Ahí padece un auténtico quirinal, conoce la brutalidad de aquellos curitas “indocumentados”, animales fanáticos  que disfrutan maltratando físicamente a los alumnos -y metiéndose en la cama con sus “preferidos”-, censurando el correo y las lecturas e impidiendo la más mínima intimidad o iniciativa individual fuera del sumiso y domesticado rebaño. Es el comienzo y primer fundamento práctico de lo que sería su consolidado pensamiento anticlerical y antirreligioso. De la misma manera que sus vivencias durante la guerra –los Castilla fueron la familia de derechas con más asesinados (en realidad, casi la única), cuatro miembros, en San Roque- y después de la “victoria”, en Segovia, cumpliendo el servicio en las llamadas “Milicias Universitarias”, significaron su definitivo distanciamiento del militarismo patriotero reinante “en la vida cuartelera embrutecida y chabacana” -protagonizada por tanto militarote y “falangista valeroso”- y su desafección progresiva del autotitulado: glorioso Movimiento Nacional.



Narra Castilla del Pino de manera precisa sus vivencias de estudiante de medicina en aquel “áspero Madrid de 1940 donde era duro sobrevivir”.  Describe la ciudad del frío inclemente y de las chinches que en la pensión  te comen vivo; de la achicoria que sustituye al café, de las batatas y boniatos a falta de patatas y de las castañas asadas a peseta el cartucho como toda cena; del chusco de pan y de las “envenenadoras” gachas de almorta y el temible y criminal “piojo verde”; de la compraventa de ropa y libros y del estraperlo de alimentos y medicinas (Chicote); de los carteles: “Piel, venéreas y enfermedades urinarias”; de su hambre incontenible y su afición a la leche condensada y de los conciertos de música clásica -“la “novena” no, no existía coro alguno”- en el Monumental y de los burdeles (“no tenía experiencia alguna de coito”) y prostitutas callejeras que abundaban por los alrededores de Antón Martín; de los decretos que prohibían titular con nombres extranjeros a cafés, teatros, cines y comercios: El famoso Café Lyon d’Or pasó a llamarse León de Oro. También nos recuerda que en Sevilla el golpista Queipo de Llano prohibió por decreto “el luto” en las calles. Se ve que el negro generalizado en las vestimentas de los familiares de las víctimas visualizaba demasiado los asesinatos franquistas. Nos habla también de “la miseria que no se deja ver porque avergüenza”, como en el caso de magníficos investigadores o científicos que, tras el triunfo fascista, habían sido despojados -"depuraciones políticas"- de sus cátedras “por rojos republicanos” y que sobrevivían a duras penas en cuchitriles inmundos mendigando traducciones a las escasísimas editoriales o esclavizándose “como negros” al servicio de los nuevos titulares, ¡los nuevos prebostes!: “ignorantes hasta un grado inconcebible”…


Da cuenta también de sus encuentros o contactos con Baroja, Benavente, Marañón, López Ibor (que en su primer contacto le espetó: ¡Olvide a Freud!), Criado del Val, Martín Santos, Juan Antonio Vallejo Nájera, (hijo del nazi Vallejo Nájera –coronel y catedrático- al que servidor tuvo la mala pata de conocer por motivos de trabajo, diseñar la portada de uno de sus libros, en un despacho madrileño de la editorial Planeta y comprobar que a esta gente lo único que le importa es la pasta, ¡todo por la pasta!), Gonzalo Torrente Ballester entonces profesor de instituto en Ferrol...
...el futuro ministro Gregorio López Bravo o el portentoso Manuel Fraga Iribarne primero de la segunda promoción de Caballeros Aspirantes a Alféreces de Complemento… o, entre otras muchas y significativas anécdotas, una impagable escena callejera de enfrentamiento violento entre monárquicos y falangistas con un tal Cristóbal Martínez Bordiú  de víctima protagonista “apalizada” que más parece un chiste esperpéntico, de los mejores, del gran Miguel Gila…

En fin, resulta sabido que no es difícil tragarse “un cuento” –aquí cada uno es libre de darse o no por aludido- hasta que alguien, un señorito andaluz ideológicamente desclasado hacia abajo, nos relata su propio, vivencial y documentado “contracuento”. Y añadir que ha resultado una lectura a ratos divertida y a ratos muy dura y siempre muy instructiva lo cual, supongo que compartirán conmigo, no es muy habitual y, por lo tanto, creo que se trata de una obra más que digna de ser recomendada. Yo que ustedes no tardaría en hacerme con este libro –por mi parte ya estoy en busca del segundo tomo: “Casa del Olivo”- que me atrevo a calificar de “imprescindible” por ir completando la “ocultada” memoria histórica de la “chusma enfadosa” (digo por ese cacho que contiene de “historia escamoteada”).

ELOTRO

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“El sistema capitalista ha disuelto la dignidad personal en el valor de cambio…”
(Karl Marx)
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