Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 25 de enero de 2015

¡Olvidad el pasado!...




¡Olvidad el pasado!... allí sólo queda la experiencia que tenemos a nuestras espaldas…
(ELOTRO)

Esa es la consigna que recibimos por tierra, mar y aire y de manera constante, insistente e incesante a través de los omnipresentes medios de propaganda del Sistema también conocidos como medios de desinformación.

Incluso los orgullosos herederos de los criminales franquistas-nacionalcatólicos, recuerden que el PP aún hoy sigue negándose a condenar la dictadura franquista y, lo que es más delictivo, por el contrario sí aporta fondos públicos para la repatriación e identificación de los voluntarios, o no tanto, fascistas que lucharon junto a los nazis y contra el comunismo ruso enrolados en la  División Azul. Pues bien un tipejo que atiende al nombre de Pablo Casado y que, oh casualidad!, ocupa el puesto de portavoz electoral del PP, rebuzna:  "Los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién".

A setenta y cinco años del final de la Guerra Civil provocada por el golpe militar fascista y a cuarenta años de la muerte del tirano criminal, resulta que aun quedan los restos de más de ciento cincuenta mil españoles “que perdieron la guerra frente al fascismo internacional”, sin identificar que fueron  torturados, asesinados y fusilados y arrojados en cunetas y fosas comunes  de toda España. Y, en la actualidad, los cachorros de los asesinos fascistas instalados con su gomina y su chaqueta “democrática” en el poder, siguen homenajeando por activa y por pasiva  a sus papaítos y abuelitos, los auténticos verdugos y asesinos… que no sólo ganaron la guerra sino también la “Inmaculada Transición”. Es lo que hay.





Ir al bies de lo que ocurre… según se cuenta en los medios de desinformación y propaganda. Todo involuntario, por supuesto. Pues eso, que puestos a olvidar el pasado que los prolongadores del franquismo quieren que olvidemos ando sumido en la lectura del magnífico  ensayo-biografía de Gregorio Morán titulado, “El maestro en el erial”, donde el maestro no es otro que el poliédrico José Ortega y Gasset. Con su habitual seriedad documental y extremada agudeza crítica, Morán nos dibuja un completo panorama del “erial cultural autárquico” que fue el franquismo, y lo hace utilizando de hilo conductor la biografía de Ortega. Un libro que me parece imprescindible como complemento a aquel otro del mismo autor sobre la historia de grandezas y miserias del PCE: la historia político cultural del franquismo y el antifranquismo. Tengo pendiente su última obra titulada “El cura y los mandarines” que completa el cuadro desde el año 1962 hasta el 1996. Todo se andará.

Por lo pronto dejo por aquí algunas citas de Ortega tan curiosas como inquietantes picoteadas del libro:
Ortega en 1949: “Lo primero que hay que hacer con la ilegitimidad es… tragársela. Luego ya veremos.” Como se puede apreciar, el tono de don José suele ser (no olvidemos su pensamiento poliédrico) muy taxativo, muy varonil, muy de certezas… quizás por ello tanto José Antonio Primo de Rivera como, posteriormente, el falangismo campante y dominante, con cartera ministerial hasta la derrota nazi del año 1945, le tuvo como privilegiada fuente nutricia ideológica, con la salvedad claro está de su vertiente agnóstica y laicista. Pero, apunto yo, en la actualidad, por contextualizar y al hilo de la frasecita, ¿PODEMOS pensar en la Deuda actual?

Y ahora dos botones de muestra:
“En la política que ahora viene ‘derechas’ e ‘izquierdas’ son cantidades muy secundarias y, en cierto modo, inexistentes”. “Derechas e izquierdas no son todo el mundo. Derechas e izquierdas son unos cuantos fantasmas mancos del pasado”, (Ortega en 1925). Observen la fecha y juzguen ustedes.




Por cierto, si en 1945, Ortega y Gasset, 2ª categoría de escalafón, se embolsaba 25.000 pts-año, tras más de una década sin asistir a clase, no sé el porqué de lo de la beca de Errejón… en fin.

Sobre el temita de PODEMOS y las coincidencias “ideológicas” con el ideario de la Falange de entonces debo de reconocer que, tras la lectura de este libro, he podido apreciar que muchas de las ideas que endosamos graciosamente a los falangistas proceden, tras ciertos retoques más o menos torticeros, de una de las caras más  “reaccionarias” del filósofo “de las duquesas”.
Madrid 1946, Ortega y Gasset, siempre egregio, acampado de mirón en una terraza de Gran Vía, pregunta a sus devotos compadres: “¿Qué se ha hecho de aquellas duquesas tangibles?”. Para abundar en esta faceta chulesca y machista recomiendo encarecidamente la lectura del interesante y divertidísimo libro de Antonio Orejudo, “Fabulosas narraciones por historias”.



Su concepto de “cultura y civilización” llevaba a Ortega a despreciar a los “negros” y, en la buena dirección, a elogiar y fascinarse con la Sudáfrica del “apartheid”. Puestos a despreciar también lo hacía con los “judiazos”, como calificó a Spinoza y Marx. En 1946 Ortega y Gasset reprocha a Menéndez Pelayo haber descubierto ‘en la madurez la filosofía escocesa del sentido común’ (y para colmo en los prostíbulos), vamos que lo reprobaba por alcohólico y putero. Y yo me pregunto, ¿Existía ya el güisqui “DIC”, filosofía del sentido común franquista en versión original segoviana? Porque lo de los palacios de putas por descontado.

Ortega, que cuando se trata de pelotear aristócratas se arrastra de la manera más lacayuna, prologa un libro –de lujo, de tirada firmada y numerada- sobre el arte de la caza del conde de Yebes: “los aristócratas tenían antaño los trabajos más duros de todos: guerra, responsabilidades de gobierno, cuidado de sus propias riquezas”. Ahí queda eso para la posteridad.
Y, en otro orden de cosas y  aprovechando que Cicerón pasaba por allí, nuestro metafórico autor escribe:
…aplaudimos  (la censura) cuantos no simpatizamos con la ‘libertad de insolencia’ ganzúa que suelen emplear para conseguir sus fines los intelectuales sin talento”.  (José Ortega Y Gasset, 1941)
Y más: “Amigos, no tenemos escape. La misión del escritor, del bípedo con pluma, es la de elevar hacia lo alto todo lo inerte y pesado” (Ortega en 1935)





Y terminemos con otro numerito ilustrativo de la época: Esa greguería-performance de Ramón, año 1949, ya columnista del diario “Arriba”, regresando a España desde Argentina, recibido apoteósicamente, y él, vitoreando a pleno pulmón: ¡Viva Franco y Perón!

ELOTRO

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“El ser nunca es yo solamente, es siempre yo y mis semejantes”
(Bataille)


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jueves, 22 de enero de 2015

Mr. Turner, la peli.



Acaso el ojo sea lo que enciende el universo. ¿Hacia dónde? ¿Hacia dónde?

(William Turner)


Se nos muestra a un J.M.W Turner (1775-1851) de aspecto y maneras porcinas, muy tosco y grosero tanto cuando gruñe, pinta, come o cuando folla. Copia física y gestual casi exacta de su padre, con el que comparte techo, el otrora famoso barbero de Covent Garden.

“Ayer fui a la barbería que está cercana al Ponte delle Tette camino a la iglesia de San Cassiano. El babero es un hombre con una enorme nariz enfermiza (los veintiséis bocetos serán clasificados y rotulados como "estudios sobre una rinofima"). Hubiera querido tratar esa protuberancia de cerca, si fuera posible con lentes de fuerte aumento. En el descanso, sobre el pequeño hueco que antecede a la curva exponente de pulpa carnosa, un extraordinario ramillete de pequeñas venas violáceas sobresalía; un espectáculo que la propia enfermedad brindaba como testimonio de su estrago. La belleza de ese racimo era atroz y conmovedora. Había visto algo semejante en los hongos que proliferan en los maderos del muelle; y así como en aquella oportunidad volví con una espátula a los muelles para llevarme el acontecimiento a mi taller, habría querido esta vez arrancarle al barbero ese tesoro de su nariz para llevármelo y tratarlo, hasta obtener la aprobación de Reynolds.”
(William Turner)




Da gusto ver a padre e hijo zamparse en comandita una lustrosa, previamente afeitada, carrillada. Soplar también sopla lo suyo el mister a lo largo de la peli. Cuando entre escapada viajera y ausencias misteriosas cae por  su casa-estudio siempre anda escoltado por su polivalente ama de llaves portando una copa de licor. Papá Turner se encarga de comprar –y regatear- y preparar los colores al óleo, de montar y preparar los lienzos en los bastidores, de comprar las viandas… por su parte la solícita ama de llaves lava, friega, cocina, recibe o despide a las visitas y, como anda coladita por nuestro pintor –que no la acompaña en lo sentimental-, también se deja frotar o encular cuando viene a cuento… ya digo, polivalente.




“El peso de la luz sobre los objetos contiene al mundo. Se trata de un poderoso faro alejado de todas las costas a las que arribamos.”
(William Turner)

La película está salpicada de postalitas, de imágenes “bonitas” que “pretenden” reproducir algunos de los más famoso cuadros de Turner. Lamentable e infructuoso empeño, es lo que menos me gusta de la cinta. La fotografía, aunque sea en movimiento, es otra cosa, es otra luz que contiene otros mundos. Esto es algo que a estas alturas ya debería saber un tipo que filma una película sobre un pintor. En fin, quizás sin las “postales”, la película perdería “taquilla”. De eso si saben más que nadie. Viene aquí a cuento el episodio del “daguerrotipo”, magnífico, en el que Turner se enfrenta a la milagrosa caja con lente, y cree ver el fin de la pintura… aunque, afortunadamente, el color aún es un asunto no resuelto…




El fuego conversa con las aguas más pobres. Una llama es un desvío.
(William Turner)

No faltan otros “lugares comunes” en las pelis sobre artistas geniales: el niño de papá rico imbécil. Que ya desde su más tierna infancia la criatura sabía, entendía, percibía… y lo explicaba a los corintios y a los obtusos a las mil maravillas. Todo, incluso lo inexplicable; lo inexplicable incluso para el autor de la cosa. Ya de mayorcito, y con el “autor genial” libando y alucinando por lo que tiene que escuchar de boca del estúpido vástago de su mecenas, reclama la complicidad y el aplauso para con sus pamplinas –como el vil ataque a Claudio de Lorena para exaltar al sonrojado Turner-  del propio, y bien estipendiado, autor. El genio de Turner, con la bolsa y el buche lleno, sale por peteneras de la mansión del aristócrata. A la reina tampoco le gusta su pintura, se nos apunta y, claro, también hubo de soportar burlas y ataques de la sociedad  “bienpensante”. Por el contrario al poderoso magnate fabricante de plumines de acero “Gillott” sí, y le ofrece a nuestro Turner una fabulosa cantidad de libras por toda su obra. Entonces el tacaño Turner, mezquino y rácano con su mujer e hijas, con su ama de llaves, con sus colegas y amigos y consigo mismo, da un no rotundo por respuesta al prepotente potentado. Donará su obra, proclama, al Estado,  para que permanezca siempre junta y pueda ser contemplada por el pueblo gratis. Ahí, junto a las postalitas, queda eso.

“Deterioro del cuerpo: perdida progresivas de la vista, dolor en uno de los pies, dificultad para mantener el tronco erguido, inadecuado comportamiento donde haya más de tres personas, baja tolerancia a los condimentos, irritación de la cadena sanguínea, palpitaciones, erupciones exquisitas en la frente, en los talones y en los dedos de los pies, problemas digestivos, insomnio. A cada uno de estos desencantos le he atribuido un color.”
(William Turner)



El evidentemente sobrealimentado Turner era un gran caminante. Se levantaba antes del amanecer y nuestro andarín recorría la ciudad, el campo o el mar –atado al palo mayor, como Ulises, para mejor ver “la tormenta”- armado con su cuaderno de notas y esbozos en busca de luces, colores e inspiración.
Paseante mirón y arramplón, sí señor, y amante de la música de Purcell, y comilón y bebedor, y enamoradizo, y gozador en casa y en los burdeles…
un tal Mr. Turner…

ELOTRO



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lunes, 19 de enero de 2015

¿Todo es de oídas?



“Quien se acerca a Dios se aparta mucho de los hombres”
(Máximo Gorki)



“Calles y rostros de Berlín” es una pequeña exposición que acabo de visitar, “en estas entrañables fechas”, en el museo Thyssen. Ninguna de las escasas obras, digo en número, bien que de altísima calidad, que la componen me puede resultar desconocida, todas pertenecen a las colecciones Thyssen-Bornemisza.
En realidad se trata, a mi inmodesto parecer, de un fraudulento y burdo montaje “propagandístico”, con la complicidad, y supongo que también la financiación, de la Embajada de la República Federal de Alemania- Madrid y la Fundación Goethe, aprovechando el XXV aniversario de la caída del muro de Berlín.




El texto del folletito alterna maneras sutiles y refinadas con formas de lo más tosco para vendernos la moto de un paralelismo “histórico” entre el ascenso al poder de los nazis y la construcción “comunista” del muro: en medio Berlín y los berlineses víctimas inocentes de los dos totalitarismos. Y dos huevos duros.





La enésima repetición del cuento de hadas que, mira tú por donde, sigue siendo hegemónica en las privilegiadas mentes de las “mayoría sociales” de, hoy por hoy, Oriente y Occidente. Que artistas con obra y trayectoria tan inconfundiblemente contrarios y críticos con el capitalismo imperialista, el belicismo, el fascismo y el nazismo como George Grosz u Otto Dix resulten torticeramente utilizados para hacer propaganda de una supuesta “libertad” capitalista que antes de los nazis y después de la caída del muro, y gracias a su pureza equidistante, permite el florecimiento del panorama artístico y vanguardista berlinés… creo que dice mucho sobre la vileza de los voceros “propagandistas” a sueldo y la estulticia de los “enteradillos” culturetas que, “con dos ideas fáciles de poner”, presumen, eso sí con clase, en auditorios selectos, de poder hablar con cierta profundidad de historia y arte. Y, sobre todo, de belleza, de la grande… una… y libre: la capitalista. La belleza incontaminada, la que ni huele ni mancha, la que no se mete en política.








Aquí dejo dos pinceladas, aunque sólo sea por intentar abrir alguna brecha de duda en las conformistas mentes amuralladas, o no tanto:

“La familia Thyssen fue una de las más poderosas de la industria alemana del siglo XX. Su expansión empresarial se debió a August Thyssen (1842-1926), quien se volcó en la producción de acero y derivados (material bélico y otros). Fritz Thyssen se relacionó con Hitler y fue, según algunas fuentes, el único alemán que financió al partido nazi alemán en sus primeros años.” Este párrafo lo copio de la Wiki, de una página que apesta a “lavado de cara” de la saga supuestamente limpia de polvo y nazismo, “Thyssen-Bornemisza”. Ya digo, apesta.





Otro botón, o caquita, de muestra:
“La obra impresionista de Camille Pissarro La calle de Saint Honoré después del mediodía. Efecto de lluvia, valorada en 13 millones de euros, colgaba de las paredes del salón de la casa de Lilly Cassirer, en Múnich, cuando un miembro del partido nazi se lo arrebató en 1939. Otra de las miles de obras de arte expoliadas durante el periodo del Tercer Reich, que siguen apareciendo, lejos de las familias de propietarios originales, en colecciones y museos privados y estatales, 70 años después de que terminara la Segunda Guerra Mundial.” (El Mundo/ 25-09-2014).





Me viene a la cabeza otra recomendación: la película El lector, (The reader (2008), con Kate Winslet, antes de operarse) Una historia sobre crímenes de la SS y sobre juicios posteriores celebrados en territorio alemán y las habituales condenas blandas… Extrañamente los productores de esta peli recibieron subvenciones por valor de 4,1 millones de dólares del Gobierno alemán y de organismos federales alemanes (¿Así se rueda y patrocina la “verdadera” historia?).  De la magnífica y, muy parcial y tramposa, “La vida de los otros” ya tengo escrito de mi propio puño por aquí. Todas ellas, como piezas de un gran collage, muy interesantes… siempre y cuando el gran collage, sea rematado con otras capas y aportaciones y complemente los huecos, vacíos y lagunas, cuando no pistas falsas, que aquellas otras obras aportan y, sobre todo escamotean. ¿Que qué quiero decir? Pues que cuando terminen de leer a mequetrefes con ínfulas de “intelectual documentado”, como el Cercas o el Muñoz Molina lean a Hobsbawn o… en este caso mejor aún el libro de memorias de George Grosz “Un SÍ menor, un NO mayor”. Podrán comprobar que arañando un poco la costra reluciente de la Gran Belleza que nos venden como verdades incontrovertibles: esta la gran cagada.
  





Casualmente estos días estoy terminando la lectura de “Eichmann en Jerusalén” de Hannah Arendt. Un libro este muy instructivo y altamente formativo que recomiendo vivamente. La manipulación de la historia, que la lectura de estas documentadas obras pone al descubierto y nos permite constatar, es de tal envergadura que  ha conseguido “enrolar” entre sus partidarios, digo de las patrañas mil veces repetidas, incluso a aquellos grupos sociales y étnicos que objetivamente han resultado y resultan ser las más sangrantes víctimas de tales falsificaciones interesadas: moros, judíos (no digo los prominentes), gitanos, masas de trabajadores embrutecidos y lumpen-proletarios analfabetos…







¿Se imaginan al imperio del acero y de la fabricación de armas propiedad de la familia Thyssen, entre otras poderosas sagas familiares alemanas, aupando con su dinero a Hitler y su Partido Nazi hasta el poder? ¿Conocen algo sobre los acontecimientos, en plena “guerra fría”, que impidieron la unificación de una Alemania neutral? ¿Siguen creyendo en lo de Cuba-USSMaine, Vietnam-Golfo de Tonkin o atentado de la extrema izquierda comunista- estación de Bolonia? ¿Sigue usted creyendo en las patrañas del estado más criminal y genocida, USA, que ha conocido la historia- Chomsky dixit?




Pues, frente a tal abundancia de ejemplos ominosos, “porque usted lo quiere y nada más”, que decía aquel locutor facha a las solteras que llamaban a la radio…

ELOTRO


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Y esta “lista” de Belén Gopegui, ¿de qué va?:
"Guatemala en 1944 y 1954, Indonesia en 1965, Brasil en 1964, Chile en 1973, Irán en 1953, República Dominicana en 1963, Haití en 1990 y de nuevo en 2004, Nicaragua en 1990, Argelia en 1992, España en 1936 o la red Gladio en Italia y parte de Europa"

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viernes, 16 de enero de 2015

¿No existe tal lugar?



Conviene no olvidar que el que afloja el nudo no lo desanuda.
(ELOTRO)


Viajar alrededor de una habitación propia, o quizás también pueda valer de alquiler o, si esa es la coyuntura, okupada de aquella manera. Se trata de viajar -viaje interior o intergaláctico, para hurgar en los desafiantes agujeros negros-, aunque sea, por qué no, quedándose en casa. El asunto es, física y/o mentalmente, viajar, conocer ciudades, regatos, torrentes, ríos, lagos, mares, océanos y, sobre todo: charcos infranqueables. O coños. Como Ulises, “el héroe que no quería volver, el héroe perpetuamente de viaje, siempre lejos del coño de casa, al que sin embargo dice anhelar”. Claro, toda crónica de viaje encierra un ardid. O más de uno si como es corriente el autor no es dado a la clemencia con respecto al entusiasta lector. Y más si acaso que en el propio viaje, el tal viajero/mercenario acostumbra a poner todo su empeño y habilidad en urdir cuidadosamente el “relato” del mismo, induciendo sutilmente al lector a enrolarse, a soñar con prometedoras y solitarias playas nunca holladas…por la realidad y sus insoslayables consecuencias…

Todo viaje –de placer o por forzado destierro- sucede y culmina dominado por la experiencia frustrante, cuando no traumática, de la expectativa insatisfecha. Fuera esta la que fuese ("Al llegar, el estilo de vida que allí se daba en llamar feliz (...) no me gustó nada en absoluto" Platón). De ahí la importancia de la narración, que en definitiva es lo que quedará y, en ciertos casos, si no es un coñazo insustancial, consolará.

La autoría, como capitán de toda la puesta en escena, del relato-cuaderno de bitácora-diario de a bordo,  se ofrece como una atalaya valiosísima, auténtico “puente de  de mando” que permite “maniobrar y acomodar” a capricho -¡al carajo con las vacilaciones!- un grandísimo cúmulo de casos y cosas,  bien sucedidos o bien inventados, como conveniente contrapeso a la habitual y “excesiva dosis de realidad”.

En definitiva se trata de no defraudar al lector –describir, no juzgar, proclaman sin pestañear los caraduras-, o mejor dicho a su legítima expectativa de escabullirse, de evadirse de su estancada existencia, irremediablemente doméstica y turística sí, pero no suficientemente viajera-arriesgada-aventurera (toda narración que se precie debe de oscilar entre irreconciliables y conflictivos  impulsos opuestos -esa misma diversidad que habita en cada individuo-, siendo el prodigioso pasaje entre ellos, convenientemente sembrado éste de insólitos “algos”, el  “meollo-chicha” de la crónica), y de hacerle “vivir” el viaje, y su revelador “reverso”, aunque éste haya sido materialmente realizado, o no, eso “literariamente” no resulta relevante, por otro (Llámese Homero, Cervantes, Verne, Stevenson “el Tusitala”, Kerouac, Chatwin, Sánchez-Ostiz…) y, en todo caso relatado apasionada y “vivamente”, gracias a la asequible (valor de cambio según su medible carga de fuerza-trabajo) intermediación de ese mismo e interpuesto otro.

Al fin y al cabo resulta palmario que el libro de viaje, como cualquier mercancía, independientemente de que así sea o no percibida, se escinde en valor de uso y valor de cambio (Bueno, Benjamin añadió para ciertos casos lo que denominó “valor de exposición”: que no es valor de uso, decía, porque lo expuesto está sustraído a la esfera del uso). Pero, no nos confundamos de coño: Benjamin estaba hablando de pornografía.


ELOTRO

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Ver de lejos, es una cosa; pero ir allí, esa es otra.
(Constantin Brancusi)



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martes, 13 de enero de 2015

Luciano Canfora “Una profesión peligrosa”




Cita Luciano Canfora a  
“Eduardo Ruffini uno de los doce catedráticos italianos que no juraron fidelidad al fascismo… de 1.213”


Leo un librito de mi admirado Luciano Canfora titulado “Una profesión peligrosa”, que añade el siguiente subtítulo: “La vida cotidiana de los filósofos griegos”.  En la contraportada se puede leer:
“Sócrates fue condenado a muerte por sus conciudadanos: el acontecimiento es tan célebre que eclipsa las otras tragedias que golpearon a los filósofos griegos. Hacer del pensamiento una profesión, cuestionar el orden de la ciudad y del mundo, significa exponerse a peligros extremos. Además de la muerte de Sócrates hay que mencionar el destierro de Jenofonte, Platón vendido como esclavo, las amenazas que se cernieron sobre Aristóteles y las desgracias de Lucrecio… (…) en el Egipto helénico, la neoplatónica Hipatia fue brutalmente asesinada por una multitud de fanáticos guiados por el obispo de Alejandría…”

Antes de entrar en materia ya queda claro que era toda una profesión de riesgo, esta de filosofar cuatrocientos años a. C.
Más parece que acabamos de leer la sinopsis de una novela de serie negra: delaciones, amenazas, juicios, condenas a muerte, asesinatos… y todo ello sólo por pensar, por interrogar, por indagar… sobre la vida, la política o, entre otros innumerables asuntos, la religión. En concreto a Sócrates, según nos cuenta el joven Platón, “ lo hicieron comparecer por ateísmo”. Y por ello fue condenado a muerte.

Nos cuenta Canfora que Sócrates pudo evitar su muerte tanto antes de la sentencia como después de ésta. Antes porque pudo huir de Atenas y exiliarse, pero eso no iba con él, no se veía “viviendo” fuera de su ciudad, de su “lugar”. Como pez fuera del agua. Y añade Luciano esta impagable cita: “A la pregunta de Stalin: “¿Usted habla en serio cuando dice que quiere irse al extranjero?”, Bulgákov respondió después de una pausa: “He pensado mucho, en estos últimos tiempos, acerca de si un escritor ruso puede vivir fuera de su país, y creo que no, que no puede.”





Y después porque algunos de sus perseguidores y acusadores –antiguos amigos, compañeros o discípulos, más o menos arrepentidos o con mala conciencia- habían organizado un plan de huida hacia el exilio que ofrecieron a Sócrates y este rechazó.

Un sujeto coherente este Sócrates, que seguro no ignoraba el riesgo que comportaba la coherencia política, ética y moral (ethos, por entonces). Ya su impertinente costumbre de interrogar él mismo, en lugar de someterse a las preguntas de los “irritados” otros, le había acarreado más de alguna paliza, moratones, tirones de pelo y patadas… “Si me hubiera pateado un asno, ¿acaso lo habría llevado a juicio?” (Sócrates, sobre su puntual violento interlocutor-pateador). En fin.

El caso es que acabó siendo condenado a muerte, 280 votos contra 220 que le absolvían. Aún se sorprendió de la escasa diferencia de votos a pesar de la infame campaña orquestada contra él. Incluso durante el juicio nunca ocultó aquel dejo de superioridad “magistral” que solía adoptar, y por supuesto tampoco intentó edulcorar sus palabras. Sócrates había quedado políticamente marcado desde el mismo momento en que se opuso, y fue el único, a actuar por encima de la ley, como reivindicaba “el pueblo soberano” que se auto-atribuía el derecho de estar “por encima de la ley” (el “demos” sobre la “ley”), exactamente, con un valiente gesto de insubordinación marca de la casa y cuestionando explícitamente lo anterior, dijo: “No haría nada que no estuviera en conformidad con la ley” (Subraya Canfora que estas son las únicas palabras de Sócrates –ya que nada dejó escrito a lo largo de su vida- que quedaron registradas en un libro de historia contemporánea a aquellos acontecimientos).




En aquella Atenas, políticamente denunciada por Sócrates como una “fábrica de consenso”, nuestro filósofo nunca intrigó en busca de cargos públicos relevantes, y siempre fue rigurosamente fiel a su opción a favor del diálogo y de la indagación –que se realizan de viva voz- por encima de la aserción y la certeza. Y se enfrentó, casi en solitario a “…esas ‘minoritarias élites’ organizadas, cuyo éxito radica en convencer a la ‘mayoría’ de que está ejerciendo su propia voluntad soberana como ‘mayoría’ ”. Desde nuestra perspectiva histórica ya sabemos lo que ocurre: “una mayoría que, aunque equivocada, vence por su condición de mayoría”. Y fue precisamente esa mayoría “fabricada” por la hegemónica “élite minoritaria” –el cerebro que en la sombra dirige todo el montaje- la que actuó como implacable verdugo.

ELOTRO

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Y la famosa “cama de dos almohadas” (en los extremos opuestos) de Alcibíades, ¿contaba también –a izquierda y derecha- con dos orinales?
(ELOTRO)


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